Vida Religiosa | Sebastián Sansón Ferrari
León XIV: En la vida
religiosa la autoridad es servicio, no dominio
En su discurso
a los participantes en el Capítulo General de los Legionarios de Cristo, el
Papa evidencia la autoridad en la vida religiosa como «servicio espiritual y
fraterno», y no como instrumento de dominio. «Un buen gobierno», afirma, «en
lugar de concentrar todo en sí mismo, promueve la subsidiariedad y la participación
responsable de todos los miembros de la comunidad».
"Como en
la vida de todo instituto religioso, este es un tiempo de gracia, ya que
constituye un momento privilegiado de discernimiento comunitario y de escucha
al Espíritu Santo, que sigue guiando su historia y sosteniendo la misión
confiada a su congregación, en fidelidad al carisma recibido como un don de
Dios para toda la Iglesia". Así describió el Papa León XIV la esencia de
un Capítulo General, como el que viven los Legionarios de Cristo -iniciado el
20 de enero-, a quienes recibió en audiencia este jueves 19 de febrero de 2026
en el Palacio Apostólico del Vaticano.
En su discurso
pronunciado en español, el Pontífice puntualizó que dicha instancia es, además,
"la ocasión para que ustedes se reconozcan herederos de un carisma que, a
través de diversos caminos y expresiones históricas —a veces dolorosas y no
exentas de crisis— ha dado origen a la congregación de los Legionarios de
Cristo, unida por una misma raíz espiritual y por una pasión apostólica
común". "Esta memoria compartida -añadió el Obispo de Roma- no mira
sólo al pasado, sino que impulsa a una renovación constante en el presente,
fieles al Evangelio".
De inmediato,
Su Santidad reflexionó sobre el carisma, que es "un don del Espíritu
Santo", y comentó que cada instituto y cada uno de sus miembros
"están llamados a encarnarlo personalmente y en comunidad, en un continuo
proceso de profundización de la propia identidad que los sitúa y los define
dentro de la Iglesia y de la sociedad". "Este camino constituye, a su
vez, precisó, una aportación valiosa para la Iglesia en su conjunto y, de modo
particular, para la familia espiritual del Regnum Christi".
"No son dueños del carisma, sino sus custodios y
servidores"
Para el Santo
Padre, la diversidad de formas, estilos y acentos en la vivencia del carisma
recibido no debilita la unidad, sino que la enriquece, como en "el
poliedro, que refleja la confluencia de todas las parcialidades que en él
conservan su originalidad", manifestó, citando la exhortación
apostólica Evangelii Gaudium de su predecesor, el Papa
Francisco. Por consiguiente, el Sucesor de Pedro resaltó que no se debe temer
la pluralidad, "sino acogerla y discernirla, y permitir que se
exprese para responder con mayor transparencia y fidelidad a la llamada de
Dios".
“Al igual que
en una familia cada miembro posee su propia identidad y misión, también entre
ustedes la pluralidad de dones manifiesta la fecundidad del Espíritu y
fortalece la misión común.”
Asimismo, el
Pontífice observó que el carisma debe ser recibido con gratitud y consuelo, y
les recordó que "no son dueños" de él, sino "sus custodios y
servidores". Por ende, "están llamados -les dijo- a entregar su
vida para que este don siga siendo fecundo en la Iglesia y en el mundo. Por
ello, este Capítulo los invita a seguir preguntándose cómo vivir hoy, con
fidelidad creativa, la intuición carismática que dio origen a su familia
religiosa".
Ejercer la autoridad con el "arte del
acompañamiento"
Otro aspecto
vinculado al Capítulo General en el que se centró el Papa fue la evaluación del
camino recorrido y el discernir, con la ayuda del Espíritu Santo, el camino por
recorrer. De este modo, los participantes en el encuentro han considerado el
ejercicio del gobierno y de la autoridad en el instituto como uno de los
asuntos fundamentales. En este sentido, León XIV remarcó que la autoridad, en
la vida religiosa, no se entiende como dominio, sino como servicio espiritual y
fraterno a quienes comparten la misma vocación.
“Su ejercicio
debe manifestarse en el «“arte del acompañamiento”, para aprender a quitarse
las sandalias ante la tierra sagrada del otro (cf. Ex 3,5). [...] Con una
mirada respetuosa y llena de compasión pero que al mismo tiempo sane, libere y
aliente a madurar en la vida cristiana» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 169).
La autoridad en la vida religiosa está también al servicio de la animación de
la vida común, centrándola en Cristo y orientándola hacia la plenitud de la
vida en Él, evitando toda forma de control que no respete la dignidad y la
libertad de las personas.”
Las características del “buen gobierno”
Entre las
tareas principales del gobierno religioso, León XIV mencionó también la
promoción de la “fidelidad al carisma”, fortaleciendo un liderazgo
caracterizado por la escucha mutua, la corresponsabilidad, la transparencia, la
cercanía fraterna y el discernimiento comunitario.
“Un buen
gobierno, en lugar de concentrarlo todo en sí mismo, fomenta la subsidiariedad
y la participación responsable de todos los miembros de la comunidad.”
El consagrado, “experto en comunión”
El Pontífice
se detuvo enseguida en la experiencia de la vida consagrada, llamada a ser
“experta en comunión”, abriendo espacios en los que el Evangelio se haga
fraternidad concreta.
“La misión de
ustedes consiste en ofrecer este testimonio visible de escucha mutua y de
búsqueda conjunta de la voluntad de Dios, tanto para sus comunidades como para
aquellos a quienes encuentran en el camino mientras cumplen su misión.”
La unidad no sea uniformidad
El Papa retomó
después su mensaje para la 100ª Jornada Mundial de las
Misiones: la unidad “no debe entenderse como uniformidad”. En efecto, el Santo
Padre destacó la importancia de " tener la capacidad de armonizar la
diversidad en beneficio de todos, aceptando las divergencias como una riqueza y
discerniendo juntos los caminos que el Señor nos propone". Un camino que
requiere "humildad para escuchar, libertad interior para expresarse con
sinceridad y apertura para aceptar el discernimiento conjunto".
Resuena así el
llamado a la sinodalidad, concepto que se refleja en la propia naturaleza del
Capítulo general, en el que cada uno está invitado a "aportar su
experiencia y sensibilidad para construir juntos el futuro del instituto".
Al final de su
mensaje, León XIV los exhortó a "seguir viviendo en actitud de oración,
humildad y libertad interior".
“No sigan
intereses particulares o regionales, ni busquen meras soluciones organizativas,
sino ante todo la voluntad de Dios para su familia religiosa y para la misión
que la Iglesia les ha confiado.”
El Obispo de
Roma auguró que el Capítulo les abra a un tiempo de esperanza, y les agregó que
"el Señor sigue llamando y enviando; sanando y purificando, por ello su
tarea consiste en discernir cómo responder con fidelidad al presente que Dios
pone en sus manos".
Confiando la
nueva etapa de la congregación a la protección maternal de Nuestra Señora de
Guadalupe, Prevost oró con ellos el Padre Nuestro y les impartió complacido la
Bendición Apostólica.


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