Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc
“Mi corazón: entero para el Señor”
(Jueves
12 febrero 2026, lecturas: 1Re 11,4-13; Sal 105; Mc 7,24-30)
Queridos
hermanos y hermanas:
Hoy
la Palabra de Dios nos habla directamente al corazón. No a una parte de él,
sino al corazón entero, porque el Señor no quiere un amor dividido, sino total.
1.
El peligro de un corazón dividido (1Re 11,4-13)
La
primera lectura nos presenta una escena triste: Salomón, el sabio, el hombre
que recibió de Dios sabiduría y bendiciones, termina con el corazón dividido.
La Escritura dice: “Su corazón ya no pertenecía enteramente al Señor.”
No
dejó de creer en Dios, pero empezó a compartir su corazón con otros dioses.
Y
ahí está la clave: No se trata solo de abandonar a Dios, sino de
ponerlo al mismo nivel que otras cosas.
Hoy
también podemos tener el corazón dividido:
- Dios… pero también el
dinero
- Dios… pero también el
orgullo
- Dios… pero también el
poder o el placer
- Dios… pero también el
qué dirán
El
problema no es que Dios esté ausente, sino que ya no es el primero. Un corazón
dividido termina debilitándose espiritualmente.
Por
eso el Salmo nos hace orar: “Acuérdate de mí, Señor, por amor a tu pueblo.” Es
la súplica de quien reconoce que necesita volver a Dios.
2.
El contraste: el corazón de la mujer cananea (Mc 7,24-30)
El
Evangelio nos presenta el contraste perfecto con Salomón. Aparece una mujer
extranjera, pagana, sin privilegios religiosos. Humanamente, parecía la última
persona que merecía un milagro. Pero ella tenía algo que Salomón perdió:
Un corazón totalmente confiado en Jesús. Esta mujer:
-
No se ofende. No se rinde. No se aleja. No deja de creer
Incluso
cuando Jesús parece rechazarla, ella responde con humildad: “Señor, hasta
los perritos comen las migajas.” ¡Qué fe tan grande!
- No pide mucho… pero
confía totalmente.
- Jesús queda admirado y
concede el milagro.
Aquí
está la gran enseñanza:
- Dios no busca
perfección, riqueza ni prestigio.
- Busca un corazón que
confíe totalmente en Él.
3.
Dos corazones, una decisión
Hoy
la Palabra nos pone frente a dos corazones:
- Salomón - Mujer cananea
- Sabio, poderoso - Extranjera,
sencilla
- Corazón dividido - Corazón
confiado
- Se aleja de Dios - Se
acerca con fe
- Pierde bendición - Recibe
milagro
La
pregunta para nosotros es clara: ¿A cuál de estos corazones se parece el
mío?
4.
¿Qué significa dar el corazón entero al Señor? Dar el corazón entero a
Dios significa:
-
Ponerlo en el centro de nuestras decisiones
-
Confiar en Él incluso cuando no entendemos
-
Buscarlo cada día en la oración
-
No negociar nuestra fe
-
Amarlo por encima de todo
Dios
no quiere una parte de nuestra vida: quiere toda nuestra vida.
Porque
solo cuando Dios ocupa el primer lugar, todo lo demás encuentra su lugar.
5.
Invitación final. Hoy Jesús nos repite: “Dame tu corazón.”
-
No una parte. No los domingos solamente. No solo en momentos difíciles. Todo el
corazón.
Pidamos
al Señor la gracia de pasar:
- de la fe tibia a la fe
confiada
- del corazón dividido al
corazón entregado
- de la duda a la
confianza.
Que podamos decir cada
día:
Señor,
mi corazón es enteramente tuyo. Amén.


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