Mensaje | Antonella Palermo
El Papa a los
universitarios: sean artesanos de paz, el rearme enriquece a las élites
León XIV
visita la Universidad La Sapienza, la más antigua de Roma, y en su discurso se
detiene en la “contaminación de la razón que desde el plano geopolítico invade
toda relación social”, generando un mundo “deformado” por las guerras y por las
palabras de guerra. Invita a practicar un sabio ejercicio de la memoria y a
“custodiar la justicia”, así como a vigilar el desarrollo y la aplicación de
las inteligencias artificiales en el ámbito militar y civil.
Signo de una
nueva alianza educativa entre la Iglesia de Roma y la prestigiosa universidad
que precisamente nació en el seno de la Iglesia hace siete siglos. Este es el
sentido de la visita que el Obispo de la ciudad, el Papa León, realiza hoy,
jueves 14 de mayo, a la comunidad educativa de La Sapienza y a sus estudiantes.
Una alianza que ya se consolidó el pasado mes de febrero con la firma -muy
apreciada por el Papa- del acuerdo entre la Diócesis y La Sapienza para la
apertura de un corredor humanitario universitario desde la Franja de Gaza.
En su discurso
pronunciado en el Aula Magna, el Pontífice ofrece una amplia reflexión en la
que confluyen las preocupaciones por un rearme de los Estados revestido de
estrategias de “defensa”; la exhortación a emplear inteligencia y audacia en la
búsqueda de la justicia, la paz y el cuidado de la Tierra, eligiendo siempre el
camino de un uso ético de las tecnologías; y la invitación a escuchar y a no
alimentar el malestar de muchos jóvenes mediante interpretaciones
distorsionadas de lo que significa ser maestros.
Un momento del encuentro del Papa con los estudiantes y profesores de la
Universidad de La Sapienza (@Vatican Media)
Sí a la vida
En una fragua
de conocimiento como es el mundo universitario, que informa y forma cerebros y
conciencias, el Papa siente aún más la urgencia de reafirmar su “no” a la
guerra y a la espiral mortífera de la que esta se alimenta.
“Lo que está
ocurriendo en Ucrania, en Gaza y en los territorios palestinos, en Líbano, en
Irán, describe la evolución inhumana de la relación entre guerra y nuevas
tecnologías en una espiral de aniquilación. El estudio, la investigación, las
inversiones vayan en la dirección opuesta: ¡sean un radical “sí” a la vida! ¡Sí
a la vida inocente, sí a la vida joven, sí a la vida de los pueblos que invocan
paz y justicia!”
Cuidado por la complejidad y sabio ejercicio de la
memoria
Consciente de
que a las nuevas generaciones se les está entregando “un mundo tristemente
deformado por las guerras y por las palabras de guerra”, León interpela a los
adultos y subraya que se trata de una “contaminación de la razón que, desde el
plano geopolítico, invade toda relación social”.
De ahí procede
la invitación a no ceder a reduccionismos fáciles de la historia, a volver a
tomar en las manos la Carta Constitucional y a redescubrir los valores sobre
los que se fundan las democracias y la libertad de los pueblos y de las
personas.
“La
simplificación que construye enemigos debe entonces corregirse, especialmente
en la universidad, mediante el cuidado por la complejidad y el sabio ejercicio
de la memoria. En particular, no debe olvidarse el drama del siglo XX. El grito
“¡nunca más la guerra!” de mis predecesores, tan acorde con el rechazo de la
guerra sancionado en la Constitución Italiana, nos impulsa a una alianza
espiritual con el sentido de justicia que habita en el corazón de los jóvenes,
con su vocación de no encerrarse entre ideologías y fronteras nacionales.”
Sobre el rearme llamado “defensa”
Frente al
aumento del gasto militar, especialmente en Europa, el Pontífice vuelve a
advertir que este es un camino demasiado peligroso y, sobre todo, invita a
depurar el lenguaje de las mistificaciones:
“No se llame
“defensa” a un rearme que aumenta tensiones e inseguridad, empobrece las
inversiones en educación y salud, desmiente la confianza en la diplomacia,
enriquece a élites a las que nada les importa el bien común.”
“Vigilar el
desarrollo y la aplicación de las inteligencias artificiales en el ámbito
militar y civil -es otra de las indicaciones de León XIV- para que no
desresponsabilicen las decisiones humanas ni empeoren la tragedia de los
conflictos”.
Una
advertencia especialmente crucial en una época de aceleraciones sin precedentes
en sectores de investigación que necesitan orientarse hacia destinos vitales,
no mortíferos ni suicidas.
«¡Somos un deseo, no un algoritmo!»
En este
horizonte de atención al bien común y a la paz, se inserta la inyección de
valentía que el Papa ofrece a los jóvenes, mostrando comprender bien las
razones del malestar de muchos de ellos. Un malestar que debe verse,
reconocerse y acogerse, no estigmatizarse, sino ayudarse a superar. Para que
las “terribles injusticias” del mundo no lleguen a inhibir talentos y energías
ni a quebrantar las esperanzas.
Pero nadie
puede robar el futuro a los muchachos y muchachas, recuerda el Papa. Y al decir
esto, probablemente habrá pensado en su propio pasado de estudiante y de
profesor; ciertamente pensó -como el propio León admite- en las inquietudes del
joven Agustín, que cometió “graves errores”, pero de quien “nada se perdió de
su pasión por la belleza y la sabiduría”.
León XIV en la visita pastoral a la Universidad La Sapienza de Roma,
jueves 14 de mayo de 2026 (@VATICAN MEDIA)
Lo importante
es mantener bajo control la ansiedad por tener que agradar, que a menudo está
en la raíz de los malestares y dificultades de esta edad:
“Hoy esto
depende cada vez más del chantaje de las expectativas y de la presión del
rendimiento. Es la mentira invasiva de un sistema distorsionado, que reduce a
las personas a números, exacerba la competitividad y nos abandona a espirales
de ansiedad. Precisamente este malestar espiritual de muchos jóvenes nos
recuerda que no somos la suma de lo que tenemos, ni una materia ensamblada al
azar en un cosmos mudo. ¡Somos un deseo, no un algoritmo! Precisamente esta
dignidad especial nuestra me lleva a compartir con ustedes dos preguntas.”
Cultivar y custodiar la justicia
Transformar la
inquietud en profecía: este es hoy el mandato del Sucesor de Pedro, a quien le
preocupa que la Casa común goce de buena salud. A más de diez años de Laudato
si’, reconoce que el “paradigma posesivo y consumista” ha sofocado buenas
intenciones y buenas prácticas inspiradas por la encíclica de Francisco. Pero
ha llegado el momento de relanzar el compromiso, pasando de la hermenéutica a
la acción:
“¡Estudien,
cultiven, custodien la justicia! Junto conmigo y con tantos hermanos y
hermanas, sean artesanos de la verdadera paz: una paz desarmada y desarmante,
humilde y perseverante, trabajando por la concordia entre los pueblos y por el
cuidado de la Tierra.”
Enseñar es caridad, acogida y decir la verdad
El saber no
sirve solo para alcanzar objetivos laborales, sino para discernir quién se es.
Esta es la reflexión dirigida especialmente al cuerpo docente con la que León
XIV concluye su discurso. Existe una responsabilidad en la profesión de
profesor que no puede reducirse a un pragmatismo meramente basado en nociones.
Recuperar este fundamento es esencial, y León lo expresa con palabras
cristalinas:
“Enseñar es
una forma de caridad, tanto como debe serlo socorrer a un migrante en el mar, a
un pobre en la calle o a una conciencia desesperada. Se trata de amar siempre y
en cualquier circunstancia la vida humana, de valorar sus posibilidades, de
modo que se pueda hablar al corazón de los jóvenes, sin apuntar solo a sus
conocimientos. Enseñar se convierte entonces en testimoniar valores con la
vida: es cuidado por la realidad, es sentido de acogida hacia aquello que
todavía no se comprende, es decir la verdad. ¿Qué sentido tendría, por otra
parte, formar a un investigador o profesional que no cultive su propia
conciencia, el sentido de la justicia y el respeto por aquello que no se puede
ni se debe dominar? El saber, de hecho, no sirve solo para alcanzar fines
laborales, sino para discernir quién se es. A través de las clases, las
prácticas, la interacción con la ciudad, las tesis y los doctorados, cada
estudiante puede siempre encontrar nuevas motivaciones, poniendo orden entre
estudio y vida, entre instrumentos y fines.”


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