Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc
Quiero, queda limpio
(Viernes
26 junio 2026. Duodecima semana tiempo Ordinario, Lecturas: 2 Reyes 25,1-12;
Salmo 136,1-6; Mateo 8,1-4)
Queridos
hermanos y hermanas:
La
Palabra de Dios que hemos escuchado hoy nos presenta una realidad dolorosa,
pero también una gran esperanza. El tema que une estas lecturas podrÃa
resumirse en esta expresión de Jesús: “Quiero, queda limpio”. Allà donde
parece que todo está perdido, Dios sigue actuando con poder para restaurar y
sanar.
1.
Jerusalén destruida: las consecuencias de alejarse de Dios.
En
la primera lectura, tomada del libro de los Reyes, contemplamos uno de los
momentos más tristes de la historia de Israel. Jerusalén es sitiada, el templo
es destruido y el pueblo es llevado al destierro.
Esta
tragedia no ocurrió de un dÃa para otro. Fue el resultado de una larga historia
de infidelidad y alejamiento de Dios. El pueblo habÃa olvidado la alianza y
habÃa puesto su confianza en otras seguridades.
También
nosotros podemos experimentar momentos de ruina espiritual cuando nos alejamos
del Señor: se debilita la oración, disminuye la caridad y perdemos la paz
interior.
Sin
embargo, Dios nunca abandona a sus hijos. Incluso en medio de las ruinas, sigue
preparando un camino de restauración.
2.
El dolor del exilio y la nostalgia de Dios.
El
Salmo 136 nos presenta el llanto de los desterrados junto a los rÃos de
Babilonia: “¿Cómo cantar un canto del Señor en tierra extranjera?”.
El
pueblo recuerda con nostalgia a Jerusalén, la ciudad santa. Han comprendido que
lejos de Dios no hay verdadera alegrÃa.
También
nosotros, cuando nos apartamos del Señor, experimentamos un vacÃo interior.
Ninguna riqueza, éxito o placer puede llenar el corazón humano como lo hace la
presencia de Dios.
El
salmo nos invita a no olvidar nunca al Señor, a mantener viva la memoria de sus
maravillas y a volver constantemente a Él.
3.
Jesús toca al leproso y lo purifica.
En
el Evangelio encontramos una escena conmovedora. Un leproso se acerca a Jesús y
le dice:
“Señor,
si quieres, puedes limpiarme”.
Es
una oración sencilla, llena de fe y humildad. El hombre no exige ni reclama;
simplemente confÃa.
La
respuesta de Jesús es inmediata:
-
“Quiero, queda limpio.”
-
Jesús extiende la mano y lo toca. Esto era algo
extraordinario, porque la lepra hacÃa que las personas fueran excluidas de la
sociedad y consideradas impuras.
-
Cristo no tiene miedo de acercarse al sufrimiento
humano. Él toca nuestras heridas, nuestras tristezas, nuestros pecados y
nuestras fragilidades.
-
La lepra del Evangelio también puede representar
las enfermedades del alma: el resentimiento, el orgullo, la falta de perdón, la
indiferencia, la desesperanza o el pecado.
Hoy
Jesús nos repite a cada uno: “Quiero, queda limpio.”
4.
Algunas enseñanzas para nuestra vida
- Reconozcamos
nuestras heridas y necesidades, como lo hizo el leproso.
- No perdamos
la confianza en Dios, aun cuando estemos pasando por momentos difÃciles.
- Recordemos
que el pecado destruye, como ocurrió con Jerusalén.
- Mantengamos
viva la memoria de Dios, como nos enseña el salmista.
- Acerquémonos
a Jesús con fe, porque Él tiene poder para sanar el cuerpo, el corazón y el
alma.
- Seamos
instrumentos de acogida y misericordia, siguiendo el ejemplo de Cristo que no
rechazó al leproso.
Conclusión
Queridos
hermanos y hermanas, las ruinas de Jerusalén nos recuerdan lo que ocurre cuando
nos alejamos de Dios; el salmo nos invita a mantener vivo el recuerdo de su
presencia; y el Evangelio nos revela que Jesús tiene poder para restaurar lo
que parece perdido.
Acerquémonos
hoy al Señor con la misma confianza del leproso y digámosle: “Señor, si
quieres, puedes limpiarme.” Y escuchemos en lo profundo de nuestro corazón
su respuesta llena de amor: “Quiero, queda limpio.” Amén.


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