Testigos de la Fe | Silvia Guidi
Agustín y los dos sermones
hallados en Polonia
Entrevista con
Christian Tornau y el padre Giuseppe Caruso sobre el hallazgo, en un códice
sajón, de dos textos inéditos atribuidos al obispo de Hipona
«Hace dos
años, en 2024, Paul Nebauer se puso en contacto conmigo», explica el profesor
Christian Tornau a los medios de comunicación del Vaticano. «Nebauer había
encontrado un manuscrito medieval que contenía sermones atribuidos a Agustín en
la biblioteca diocesana de Pelplin, en Polonia. Me pidió que lo ayudara a
identificar y traducir los textos. El códice había sido escrito en Doberan en
el siglo XII. Podría haber sido copiado de un manuscrito perdido de
Amelungsborn, en Baja Sajonia, pero por el momento no es posible reconstruir el
recorrido de su origen, remontándonos más atrás en el tiempo».
El descubrimiento
De los
sermones contenidos en el manuscrito, dos ya eran conocidos: el sermón 37 del
obispo de Hipona y uno pseudo-Agustínico. «Ni mi amigo y colega Clemens
Weidmann ni yo hemos podido identificar los otros dos», continúa Tornau.
«Transcribimos los textos y comenzamos a analizarlos, con miras a una futura
edición. Obviamente, nos fascinaba la idea de haber encontrado nuevos textos de
Agustín, pero pronto nos volvimos escépticos porque algunos pasajes no nos
parecían acordes con su estilo».
El análisis filológico
La convicción
de que son auténticos —continúa el profesor— es el resultado de un análisis
filológico exhaustivo que duró casi dos años. «Parte del trabajo se llevó a
cabo durante una Escuela de Verano organizada por el CSEL (sigla que significa
Corpus Scriptorum Ecclesiasticorum Latinorum) en Viena en 2025 con un grupo de
doctorandos e investigadores posdoctorales». Tras este intenso período de
lectura y análisis, el grupo de estudiosos llegó a la conclusión de que no hay
objeciones importantes a la atribución. El padre Giuseppe Caruso, especialista
en el pensamiento de Hiponate, comenta este hallazgo. «En esta circunstancia
específica, y a la espera de ver los textos —señala el padre Caruso—, creo que
la atribución de los colegas alemanes merece la máxima consideración».
¿Por qué considera confiable el método de trabajo de
sus colegas de Würzburg?
Por lo que he
podido leer en la prensa, se contactó al profesor Tornau, catedrático de
Würzburg, para que analizara un códice conservado en Pelplin, Polonia, que
contiene sermones de Agustín; junto a otros, evidentemente conocidos, encontró
dos que hasta ahora eran desconocidos. La presencia junto a textos
indudablemente agustinianos es un indicio, pero ciertamente no una prueba, de
autenticidad; esta se ha confirmado mediante el análisis del texto, que reveló,
según he leído, un usus scribendi totalmente conforme al de Agustín. Cabría
preguntarse por qué estos dos discursos del de Hipona no se han difundido como
muchos otros; me atrevo a sugerir, aunque solo sea una hipótesis, que su tema
les ha jugado en contra. Agustín, de hecho, aborda el episodio de la nigromante
de Endor, a quien Saúl le pide que evoque el alma de Samuel (1 Samuel 28). Se
trata de un pasaje problemático, porque parece afirmar que la evocación de los
difuntos, aunque prohibida, es posible, y de él se han ocupado grandes exégetas
de la Antigüedad, como Orígenes, Eustacio de Antioquía y Gregorio de Nisa.
Quizás a algunos copistas medievales les pareciera poco interesante un tratado
homilético sobre este tema (que, por cierto, Agustín aborda en el De diversis
quaestionibus ad Simplicianum y en el De octo Dulcitii quaestionibus); pero
habrá que leer los textos, cuya publicación esperamos con ansias, para poder
decir algo más al respecto.
En el mundo
del latín tardío y medieval existía una percepción diferente de la autoría de
un texto, muy alejada de nuestro concepto de derechos de autor; en los centones
exegéticos, por ejemplo, a veces se atribuía deliberadamente un texto a una
«auctoritas» reconocida para garantizar su mayor difusión. ¿Podría ser este también el caso?
Las razones
por las que un texto podía atribuirse a un autor distinto del verdadero eran
varias. Se podía hacer de mala fe, para evitar que un escrito dejara de
copiarse (así ocurrió con los escritos de Apolinar, atribuidos a Atanasio), o
bien para otorgarle autoridad: un fraile agustino de la primera generación,
para afirmar que la Orden era fiel ejecutora de las normas monásticas de
Agustín, compuso los Sermones ad fratres in eremo atribuyéndolos al obispo de
Hipona. Pero también podía suceder que la atribución se hiciera de buena fe: el
copista encontraba una hermosa homilía, tal vez en un códice que contenía
algunas de Agustín, y tendía a atribuirle todas. Se trata de circunstancias muy
diferentes, como se ve, y deben estudiarse caso por caso.
El corpus de
las obras de Agustín es realmente enorme: ¿por qué no es tan improbable que se
trate de sermones auténticos (y que exista la posibilidad de encontrar otros
hallazgos similares en el futuro)?
Agustín
escribió muchísimo y realmente parece que tiene algo que decir sobre cualquier
tema. Sí, existe realmente la esperanza de encontrar escritos nuevos y
desconocidos, sobre todo cartas y discursos inéditos. Divjak encontró
veintisiete cartas inéditas en Marsella en 1975; Dolbeau “descubrió” veintiséis
homilías en Maguncia en 1990; otras seis se descubrieron en Erfurt en 2007, y
ahora estas dos: siempre hay esperanza...
Le gusta
repetir que «los Padres de la Iglesia son como minas de las que extraer
enseñanzas». ¿En qué se enfoca actualmente en su trabajo de «extracción»?
Me ocupo sobre
todo de Agustín, de Jerónimo y de un tema, la controversia pelagiana, que los
unió contra un adversario común. Pelagio defendía con gran vigor la libertad
del hombre, su capacidad para elegir el bien y hacerlo, sin afirmar al mismo
tiempo que la condición humana, marcada por la limitación, necesita ser siempre
sostenida y ayudada por la gracia de Dios. Se trata de un tema fascinante y, al
mismo tiempo, difícil: cuando nos esforzamos por actuar correctamente, nos
parece que todo el esfuerzo es nuestro; sin embargo, sabemos que Dios nos ayuda
a querer y a hacer el bien. En última instancia, se trata de comprender cómo
actúa Dios, de manera misteriosa y a menudo silenciosa, en el interior de cada
uno, y esto hace que el tema sea cautivador pero, al mismo tiempo, complejo.


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