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    miércoles, 15 de julio de 2026

    San Buenaventura y la sencillez del corazón


    Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc

     


    San Buenaventura y la sencillez del corazón

    (Miércoles 15 de julio 2026. Decima quinta semana tiempo ordinario, lecturas: Isaías 10,5-7.13-16; Salmo 93; Mateo 11,25-27)

     

    Queridos hermanos y hermanas:

    Hoy la Iglesia nos invita a contemplar la figura de San Buenaventura, obispo y doctor de la Iglesia, un hombre de extraordinaria inteligencia, pero que comprendió que la verdadera sabiduría nace de un corazón humilde y sencillo. Por eso, las lecturas de hoy armonizan perfectamente con el testimonio de este gran santo.


    Veamos algunos elementos que pueden iluminar nuestra vida.

     

    1. La soberbia nos aleja de Dios (Isaías 10,5-7.13-16). En la primera lectura, el profeta Isaías denuncia la arrogancia del rey de Asiria. Dios lo había permitido como instrumento para corregir a su pueblo, pero el rey terminó creyendo que todo lo había logrado por su propia fuerza. Dice el texto: "Con la fuerza de mi mano lo hice y con mi sabiduría."

    Ese es el lenguaje del orgullo.

    También nosotros podemos caer en esa tentación cuando pensamos que nuestros éxitos, talentos o bienes son únicamente fruto de nuestro esfuerzo, olvidando que todo es gracia de Dios.

    La soberbia tiene varias consecuencias:

    -                     Nos hace sentir superiores a los demás.

    -                     Nos impide reconocer nuestros errores.

    -                     Nos hace olvidar que dependemos de Dios.

    -                     Nos cierra el corazón a la acción del Espíritu Santo.

    San Buenaventura enseñaba que la humildad es la puerta de todas las virtudes. Decía que quien desea conocer a Dios debe primero aprender a inclinar el corazón delante de Él.


    2. Dios sostiene a quienes permanecen fieles (Salmo 93). El salmo nos presenta un hermoso contraste.

    Mientras los soberbios caen, el justo puede decir: "Cuando me parecía que iba a tropezar, tu misericordia, Señor, me sostenía." ¡Qué hermosa experiencia!

    Todos pasamos por momentos difíciles:

    -                     enfermedades,

    -                     problemas familiares,

    -                     dificultades económicas,

    -                     desánimo espiritual.

    Pero el creyente sabe que nunca camina solo. La fuerza del cristiano no nace de su capacidad, sino de la presencia constante de Dios.

    San Buenaventura vivió muchas responsabilidades en la Iglesia, pero nunca dejó de confiar en el Señor. Antes de ser un gran teólogo fue un hombre profundamente unido a Cristo mediante la oración.

     

    3. Dios revela sus misterios a los sencillos (Mateo 11,25-27). Llegamos al Evangelio, donde encontramos una de las oraciones más bellas de Jesús.

    "Te doy gracias, Padre, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla." Jesús no está despreciando la inteligencia.

    De hecho, hoy celebramos a uno de los hombres más inteligentes de la historia de la Iglesia. Lo que Jesús rechaza es la soberbia intelectual, la actitud de quien cree saberlo todo y ya no necesita aprender de Dios.

    La sencillez de la que habla Jesús significa:

    -                     tener un corazón disponible;

    -                     reconocer que necesitamos a Dios;

    -                     dejarnos enseñar por Él;

    -                     confiar como un niño confía en su padre.

    San Buenaventura unió admirablemente la ciencia y la humildad. Él decía que no basta estudiar mucho para conocer a Dios; hay que amar mucho. La verdadera teología nace de la oración, de la adoración y de la contemplación.

     

    4. La sencillez es una fuerza espiritual. Muchas veces confundimos la sencillez con la debilidad.

    Sin embargo, una persona sencilla:

    -                     sabe escuchar;

    -                     sabe pedir perdón;

    -                     sabe agradecer;

    -                     no necesita aparentar;

    -                     reconoce que todo lo recibe de Dios.

    Los santos han sido grandes precisamente porque fueron pequeños delante de Dios. Mientras más humildes fueron, más grandes llegaron a ser en el Reino de los cielos.

     

    5. Algunas aplicaciones para nuestra vida.

    Las lecturas de hoy nos invitan a preguntarnos:

    -                     ¿Estoy viviendo desde la humildad o desde el orgullo?

    -                     ¿Reconozco que todo lo bueno que tengo viene de Dios?

    -                     ¿Escucho con sencillez la Palabra del Señor?

    -                     ¿Me dejo enseñar por Dios cada día?

    -                     ¿Busco conocer más a Cristo solamente con la inteligencia o también con el corazón?

    San Buenaventura nos recuerda que la verdadera sabiduría consiste en conocer, amar e imitar a Jesucristo.

     

    Conclusión

    Queridos hermanos y hermanas, hoy Jesús nos enseña que el corazón sencillo comprende lo que el corazón orgulloso nunca logra descubrir.

    Pidamos la intercesión de San Buenaventura, para que, aun si Dios nos concede inteligencia, conocimientos o responsabilidades, nunca perdamos la humildad; que sepamos reconocer que todo es don de Dios y que la mayor sabiduría consiste en vivir unidos a Cristo.

    Que cada día podamos repetir con un corazón agradecido:

    "Señor, hazme pequeño para que Tú seas grande en mi vida; hazme sencillo para descubrir tu voluntad; hazme humilde para caminar siempre contigo." Amén.







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