Nuestra Fe | Johan Pacheco
León XIV: Confiar en Dios,
no desesperarnos en la oscuridad
En la
meditación del Ángelus de este domingo XIX del Tiempo Ordinario, el Papa
comenta el Evangelio exhortando a confiar en el Señor, quien dice a sus
discípulos: «¡Ánimo, soy yo, no tengan miedo!».
“Hoy el
Evangelio nos habla de Jesús, quien, en el lago de Galilea, caminando sobre las
aguas, se une a los discípulos en medio de una tormenta (cf. Mt 14,22-33)”,
recordó el Papa León XIV en la soleada mañana de Roma de este domingo 9 de
agosto desde el Palacio Apostólico.
La meditación
previa al rezo del Ángelus de este domingo es una invitación del Papa León XIV
a vivir confiadamente nuestra fe en el Señor, como la de los discípulos que lo
reconocieron en la barca ante las amenazas de la marea: “no desesperarnos, ni
siquiera en los momentos de oscuridad”. Y tampoco caer en la tentación de ser
“presuntuosos” ante el éxito, pues siempre será necesario el auxilio del Señor.
Subir a la barca
El Santo Padre
reflexiona con el Evangelio del domingo XIX del Tiempo Ordinario: “El Maestro
insta a sus discípulos a subir a la barca y a hacerse a la mar, mientras Él se
retira al monte a solas para orar. Lejos de la orilla, sin embargo, se
encuentran a merced del viento y les cuesta avanzar. Tras una experiencia
exitosa, en la que habían sido protagonistas de un signo prodigioso, ahora se
encuentran frágiles y asustados ante la amenaza de las olas y el viento en
contra”.
Y en aquel
momento de “aguas agitadas”, los discípulos confundieron a Jesús con un
fantasma. Pero Él les dice: «¡Ánimo, soy yo, no tengan miedo!».
“La presencia
del Señor lo cambia todo: Pedro incluso logra dar unos pasos sobre las olas
hacia Él; luego se asusta, comienza a hundirse y Jesús lo salva”, recuerda el
Papa según el relato evangélico.
“Cuando el
Maestro sube a la barca, la tormenta se calma, y entonces brota espontáneamente
del corazón de los discípulos la profesión de fe: «En verdad tú eres el Hijo de
Dios» (v. 33)”.
La experiencia de la debilidad
El Papa,
comentando este Evangelio, indica que, a los discípulos, para llegar a esta
profesión de fe, “no les bastó haber presenciado un milagro, ni haber tenido
éxito ante la gente: tuvieron que pasar por la experiencia de su debilidad y,
en ella, reconocer la presencia de Dios. Solo de este modo realmente pudieron
abrir los ojos y el corazón a su cercanía, encontrando paz incluso en medio de
la tempestad”.
“Tiempo
después —dijo el Papa—, un día Jesús les dirá: «Si ustedes tienen fe y no dudan
[…], dirán a este monte: “¡Quítate y lánzate al mar!”, y así sucederá» (Mt
21,21). Y eso mismo es lo que experimentaron en el lago: la paz de Cristo, que
había estado en la montaña orando, los alcanzó en medio de la furia de las
aguas”.
La tentación de ser presuntuosos
León XIV en su
meditación refiere una enseñanza que deja este milagro: “Ante todo, a no
dejarnos llevar por el éxito y a no ser nunca presuntuosos; y, al mismo tiempo,
a no desesperarnos, ni siquiera en los momentos de oscuridad, cuando nos
sentimos impotentes ante los problemas y, a pesar de nuestros esfuerzos, nos
parece que vamos más hacia atrás que hacia adelante”.
“En cualquier
circunstancia —reitera León XIV—, Jesús no nos abandona y, si lo acogemos con
humildad en la barca de nuestra vida —con la oración, con los sacramentos, con
la escucha de su Palabra—, en Él encontraremos la paz, encontraremos luz y
fuerza para nuestro camino”.
Concluye
encomendando a la Virgen María para que nos ayude a vivir “abandonados
confiadamente en Dios, ella, que fue llamada dichosa por su fe (cf. Lc 1,45)”.


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