La Escuela Económica | Esteban Delgado (@estebandelgadoq)
Salir del hogar materno para crear una nueva familia
En
algunas ocasiones procuro recurrir a los textos bÃblicos, sobre aspectos
relacionados con la fe que tienen una relación muy directa con las finanzas
personales y la forma de manejarlas en el aspecto familiar.
Entre
los textos que deseo citar en esta ocasión está lo que dice el libro de Génesis
2, 24, cuando cita: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se
unirá a su mujer, y serán una sola carne”.
Algo
similar es lo que aparece en el evangelio de San Mateo 19, 5-6. El versÃculo 5
del capÃtulo 19 dice: “Y dijo: por esto, el hombre dejará padre y madre y se
unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne”. A seguidas, el versÃculo 6
reza: “Asà que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó,
no lo separe el hombre”. Sobre esta última parte no entraré en detalle, debido
a que se trata de una escritura de otros tiempos, donde no se permitÃa el
divorcio. Hoy, ante la dificultad de convivir en pareja, si hay que separarse,
pues uno se separa. Claro está, llevando esa parte a la actualidad, lo que
queda es decir que, en efecto, se supone que cuando una pareja se casa, no es
con la intención de separarse, aunque eso puede suceder.
Pero
me quiero concentrar en la parte relativa al mandato o alusión de que el hombre
(y la mujer, si lo llevamos a la actualidad) dejará su hogar, es decir, el de
su padre y su madre, para formar uno propio junto a su pareja. Esto es, para
formar su propia familia.
Y a
eso me quiero referir. Hay ocasiones en que un par de jóvenes decide formar un
hogar y cualquiera de ellos arrastra consigo compromisos de la casa materna que
nunca definió previo a su decisión de crear su propio lar. No es que se despoje
de todas las responsabilidades, en caso de que ciertamente les toquen, sino que
las delimiten y definan de forma adecuada y justa.
Esto
asÃ, porque, al formar un hogar, las prioridades cambian. Siempre he dicho, y
asà lo mantengo, que el amor y la protección deben ir en las siguientes
escalas: primero, usted debe amarse a sà mismo más que a todos los demás, pues
de eso dependerá que usted tenga capacidad para amar a otros. No es posible
amar a otros si uno no se ama a sà mismo.
Lo
segundo es que sus seres más amados en la tierra son sus padres “hasta que
llega la ocasión de tener hijos”. En ese momento usted pasa a amar a sus hijos
más que a sus padres.
Tercero,
tus padres te aman tanto como tú amas a tus hijos. Por eso, vas a amar a tus
hijos más de lo que amas a tus padres. Ellos (tus padres) son los seres que más
amas, pero no más que a tu propia familia.
Es
lo mismo que hacen nuestros padres: aman a sus hijos, que somos nosotros, más
de lo que aman a sus propios padres, que serÃan nuestros abuelos. Eso no deja
de lado el cumplimiento del deber de proteger y cuidar a nuestros padres, pero
sà nos indica que nuestra prioridad ha de ser la nueva familia, la que estamos
creando. Ellos, nuestros padres, ya crearon la suya, que somos nosotros, sus
hijos.
Entonces,
en el aspecto financiero, debemos hacer conciencia de que la prioridad es el
hogar propio, el que se ha creado nuevo con los hijos por venir. Pero ahÃ
también hay otra realidad, la de que no deberÃa ser aceptable lo que hacen
muchos, casarse o unirse con una pareja y “mudarla” a casa de sus padres, lo
cual implica ponerle a papá y mamá una carga adicional.
La
decisión de vivir en pareja o de vivir solo, implica dejar el hogar paterno,
independizarse y mantenerse con recursos propios, no pretender un subsidio
permanente de parte de nuestros padres para poder sobrevivir, pues, se supone,
que ya tenemos la capacidad para mantenernos por nosotros mismos.
AsÃ
también, al dejar tu casa materna para crear una nueva familia o para vivir
solo, debes dar prioridad a esa nueva forma de vivir y despojarte de todos o
casi todos los gastos que tenÃas ahÃ; también debe ser lo inverso, es decir,
que esa decisión no implique seguir recibiendo dinero de ellos para mantenerle.


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