Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc
San Lorenzo, diácono y mártir
(Lunes
10 de agosto 2026. Decima novena semana tiempo ordinario, lecturas: 2corintios
9,6-10. Salmo 111,1-9. San Juan 12,24-26)
Queridos
hermanos y hermanas:
Hoy
la Iglesia celebra con alegría la fiesta de San Lorenzo, diácono y mártir, uno
de los grandes testigos de la fe de los primeros siglos. Fue un servidor de los
pobres, un hombre fiel a Cristo y a la Iglesia, que prefirió entregar su vida
antes que renunciar a su fe. Su ejemplo nos enseña que el verdadero discípulo
no vive para sí mismo, sino para Dios y para el servicio de los demás.
Las
lecturas de hoy nos presentan un camino muy claro para vivir nuestra vocación
cristiana.
1.
"El que siembra generosamente, generosamente cosechará" (2 Corintios
9,6-10). San
Pablo nos recuerda una ley espiritual: Dios bendice al que sabe compartir. La
generosidad nunca empobrece el corazón; al contrario, lo hace más semejante al
de Cristo.
San
Lorenzo comprendió perfectamente este mensaje. Cuando el emperador le
pidió los tesoros de la Iglesia, él reunió a los pobres, a los enfermos, a las
viudas y a los huérfanos y dijo: "Estos son los verdaderos tesoros de
la Iglesia."
¿Qué
nos enseña esta lectura?
-
La verdadera riqueza no consiste en acumular, sino
en compartir.
-
Dios ama al que da con alegría y sin esperar
recompensa.
-
La caridad nunca debe hacerse por obligación, sino
por amor.
-
Lo que damos por Cristo jamás se pierde; Dios lo
multiplica en bendiciones.
Cada
uno puede preguntarse hoy: ¿Soy generoso con mi tiempo, con mis talentos y
con mis bienes?
2.
"Dichoso el hombre que teme al Señor" (Salmo 111). El salmista
describe cómo vive una persona que pone toda su confianza en Dios.
Dice
el salmo:
-
Es compasivo y misericordioso.
-
Comparte con los pobres.
-
Su justicia permanece para siempre.
-
No teme las malas noticias porque su corazón está
firme en el Señor. Este retrato parece describir la vida de San Lorenzo. No
tuvo miedo a las amenazas ni a la muerte porque sabía que su vida estaba en las
manos de Dios. También nosotros vivimos tiempos de incertidumbre, dificultades
económicas, enfermedades y preocupaciones. El salmo nos invita a no perder la
esperanza. Quien confía en Dios permanece firme aun en medio de las pruebas.
3.
"Si el grano de trigo no cae en tierra y muere..." (Juan 12,24-26). En el
Evangelio Jesús nos presenta una de las imágenes más profundas del
cristianismo.
El
grano de trigo parece perderse cuando cae en la tierra, pero
precisamente allí comienza una vida nueva. Así ocurrió con Jesús en la cruz.
Así ocurrió con San Lorenzo en el martirio. Y así debe suceder también con
nosotros.
Morir
significa muchas cosas:
-
Morir al orgullo.
-
Morir al egoísmo.
-
Morir al rencor.
-
Morir al pecado.
-
Morir a todo aquello que nos aleja de Dios. Sólo
quien aprende a morir a sí mismo puede dar frutos abundantes.
Jesús
añade una promesa maravillosa: "El que quiera servirme, que me siga;
y donde yo esté, allí estará también mi servidor." El seguimiento de
Cristo pasa por la cruz, pero termina en la gloria.
4. San Lorenzo: ejemplo para nuestro tiempo. San Lorenzo fue diácono, es decir, servidor. Nos recuerda que la Iglesia no existe para ser servida, sino para servir.
Hoy
necesitamos cristianos que:
-
Sirvan con alegría.
-
Defiendan a los pobres.
-
Sean honestos en medio de un mundo marcado por la
corrupción.
-
Den testimonio de su fe sin avergonzarse del
Evangelio.
-
Sean generosos con quienes más sufren.
El
martirio de San Lorenzo no fue sólo derramar su sangre; comenzó mucho antes,
cuando cada día entregaba su tiempo, su corazón y su vida al servicio de los
demás.
Conclusión
Queridos
hermanos y hermanas, las tres lecturas nos dejan un mismo mensaje:
-
San Pablo nos invita a sembrar con generosidad.
-
El salmo nos enseña a confiar plenamente en Dios y
a vivir la justicia y la caridad.
-
El Evangelio nos recuerda que sólo quien entrega
su vida por Cristo produce frutos que permanecen para siempre.
Pidamos
hoy la intercesión de San Lorenzo, diácono y mártir, para que
aprendamos a servir con humildad, a compartir con alegría y a permanecer fieles
a Jesucristo, incluso cuando el Evangelio nos exija sacrificio. Que, como San
Lorenzo, podamos reconocer que el mayor tesoro de la Iglesia sigue siendo
Cristo presente en la Eucaristía y en los pobres, y que nuestra vida, sembrada
con amor y entregada al servicio del prójimo, produzca abundantes frutos para
el Reino de Dios. Amén.


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