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    jueves, 27 de agosto de 2026

    La gratitud es la Armonía del Corazón


    Meditaciones | Sandy Yanilda Fermín

     


    La gratitud es la Armonía del Corazón

    ¡Dios comenzó la obra de mi hogar y Él mismo la terminó!

     

    Hay momentos en la vida en los que Dios nos dice que esperemos, y no entendemos lo que está pasando. Todo parece caos, desorden, y es normal que nos preguntemos: ¿por qué Dios permite que todo esto suceda? Con el tiempo he aprendido que, muchas veces, mientras nosotros vemos desorden, Dios ya está haciendo su obra.

     

    Recuerdo mi casa en medio de su proceso de reconstrucción. Antes de verla terminada, hubo polvo, cambios, espacios desordenados y momentos, en los que era difícil imaginar como quedaría al final.

     

    Imaginemos el sol que aún no abraza el día y entra suavemente por las ventanas de un hogar que todavía está en reconstrucción. Afuera el cielo comienza a aclarar, unas nubes blancas se visualizan junto a la mañana, una lluvia ligera cae sobre las ventanas. El rocío que refresca el ambiente nos avisa que ya viene el amanecer, y en un momento entendemos que, asimismo puede suceder con nuestras vidas.

     

    Cuando miro hacia atrás, hay algo que me conmueve, cuando era niña yo había dibujado mi casa. Sin saber cómo ni cuándo, ni la manera en que llegaría, guardaba en mi corazón la imagen de ese hogar que algún día soñaba tener.

     

    Lo más hermoso es que, años después, volví a dibujarla, esta vez en mi corazón con una imagen de Jesús y de María. Sin imaginar que, en aquel sueño y aquel dibujo, yo no podía ver el camino, pero Dios sí. Yo había dibujado una casa, él estaba dibujando mi historia, la que, yo todavía no podía ver.

     

    Cuando pienso en todo lo que ha sucedido, puedo reconocer que Dios inició la obra mucho antes de que yo pudiera comprenderla, y fue Él quien, a su tiempo, la llevó a término y así poder entender esta bella historia de la remodelación de mi hogar.

     

    Cuando una casa entra en remodelación, se rompen pisos, se derriban paredes y se mueve todo de lugar. Hay polvo, ruido, tierra, escombros, incertidumbre, decepciones, tal como hace Dios cuando remueve lo viejo, limpia lo que ya no sirve y derriba aquello que necesita ser reconstruido.

     

    A veces necesitamos sacar muebles, botar cosas viejas, cambiar espacios y sobre todo soñar con lo hermoso que Dios nos tiene preparado, tal como yo lo soñaba y poco a poco entendí como el ingenio inspira. Por eso hoy, puedo ver como Dios cumplió a su tiempo y reconstruyó todo para hacer algo nuevo.

     

    Y como me decía mi familia, que yo había sacado todo aquello que no estaba funcionando, porque estaba segura de que ahí realmente era donde iniciaría el proceso de restauración. Hubo mucho sacrificio, hubo que hacer ajustes y asumir esfuerzos que no fueron fáciles. Hubo momentos en los que tuve que confiar más allá de lo que podía ver para seguir adelante, aun cuando el camino parecía estar muy largo. Hubo momentos en los que tuve que abandonarme a los pies de Jesús y poner todo en las manos de Dios.

     

    Muchas veces, iba a la casa y escuchaba el ruido de los martillos, veía las paredes rotas, era ver como Dios estaba actuando. Fue sentir que había enviado ángeles a acampar alrededor de nuestro hogar para proveer. De repente llegaron ayudas inesperadas y sin darnos cuenta, llegó la mañana, llegó la claridad, un aire nuevo, un olor a limpio, volvió la paz. Lo que parecía destruido comenzó a reconstruirse. Todo aquello que durante tanto tiempo había sido un sueño, comenzó a convertirse en una realidad.

     

    Hoy, al contemplar mi hogar, mirar los diferentes lugares reconstruidos por completo, veo mucho más que una estructura física, veo mi sonrisa, veo un milagro, puertas abiertas, la providencia, la misericordia y la bendición de Dios presentes, porque cuando Dios decide hacer una obra en nuestra vida, finalmente entendemos que todo era parte de su propósito.

     

    Por eso hoy solo puedo decir ¡Gracias, Señor! porque en medio de los momentos difíciles, nunca dejaste de obrar, permaneciste fiel, y me mostraste que cuando tu comienzas una obra, te encargas de llevarla a término.

     

    Hoy agradecemos a Dios, porque no solamente remodeló una casa, fortaleció nuestra fe y nos recordó que nunca abandona la obra de sus manos. Dios me enseñó a esperar cuando no veía la respuesta, a confiar cuando no entendía el proceso y a reconocer que muchas veces está trabajando cuando menos lo estamos esperando.

     

    Hay una amiga que me dijo: “Espera la señal de Dios, que todo lo que vendrá será mucho mejor”. La casa quedó mucho más hermosa de lo que yo imaginaba, pero lo más hermoso fue descubrir que, mientras Dios remodelaba mi hogar, también trajo grandes bendiciones a todos.

     

    Tal vez hoy tu vida también parezca una casa en remodelación. Tal vez sientas que todo está removido, que hay cosas que se rompieron, pero Dios sigue trabajando, aun en medio del caos.

     

    Hoy mi hogar es un testimonio vivo de que, si Dios pudo hacerlo conmigo, también puede hacerlo contigo, por eso confía, espera y, sobre todo, no abandones el propósito. Quizás todavía estés viendo los escombros, pero Dios ya está preparando la casa.







     

     

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