Meditaciones | Sandy Yanilda Fermín
La
gratitud es la Armonía del Corazón
¡Dios
comenzó la obra de mi hogar y Él mismo la terminó!
Hay momentos en
la vida en los que Dios nos dice que esperemos, y no entendemos lo que está
pasando. Todo parece caos, desorden, y es normal que nos preguntemos: ¿por qué
Dios permite que todo esto suceda? Con el tiempo he aprendido que, muchas
veces, mientras nosotros vemos desorden, Dios ya está haciendo su obra.
Recuerdo mi
casa en medio de su proceso de reconstrucción. Antes de verla terminada, hubo
polvo, cambios, espacios desordenados y momentos, en los que era difícil imaginar
como quedaría al final.
Imaginemos el
sol que aún no abraza el día y entra suavemente por las ventanas de un hogar
que todavía está en reconstrucción. Afuera el cielo comienza a aclarar, unas
nubes blancas se visualizan junto a la mañana, una lluvia ligera cae sobre las ventanas.
El rocío que refresca el ambiente nos avisa que ya viene el amanecer, y en un
momento entendemos que, asimismo puede suceder con nuestras vidas.
Cuando miro
hacia atrás, hay algo que me conmueve, cuando era niña yo había dibujado mi
casa. Sin saber cómo ni cuándo, ni la manera en que llegaría, guardaba en mi
corazón la imagen de ese hogar que algún día soñaba tener.
Lo más hermoso
es que, años después, volví a dibujarla, esta vez en mi corazón con una imagen
de Jesús y de María. Sin imaginar que, en aquel sueño y aquel dibujo, yo no
podía ver el camino, pero Dios sí. Yo había dibujado una casa, él estaba
dibujando mi historia, la que, yo todavía no podía ver.
Cuando pienso en todo lo que ha sucedido, puedo reconocer que Dios inició la obra mucho antes de que yo pudiera comprenderla, y fue Él quien, a su tiempo, la llevó a término y así poder entender esta bella historia de la remodelación de mi hogar.
Cuando una casa
entra en remodelación, se rompen pisos, se derriban paredes y se mueve todo de
lugar. Hay polvo, ruido, tierra, escombros, incertidumbre, decepciones, tal
como hace Dios cuando remueve lo viejo, limpia lo que ya no sirve y derriba
aquello que necesita ser reconstruido.
A veces
necesitamos sacar muebles, botar cosas viejas, cambiar espacios y sobre todo soñar
con lo hermoso que Dios nos tiene preparado, tal como yo lo soñaba y poco a
poco entendí como el ingenio inspira. Por eso hoy, puedo ver como Dios cumplió a
su tiempo y reconstruyó todo para hacer algo nuevo.
Y como me decía
mi familia, que yo había sacado todo aquello que no estaba funcionando, porque
estaba segura de que ahí realmente era donde iniciaría el proceso de
restauración. Hubo mucho sacrificio, hubo que hacer ajustes y asumir esfuerzos
que no fueron fáciles. Hubo momentos en los que tuve que confiar más allá de lo
que podía ver para seguir adelante, aun cuando el camino parecía estar muy
largo. Hubo momentos en los que tuve que abandonarme a los pies de Jesús y poner
todo en las manos de Dios.
Muchas veces, iba
a la casa y escuchaba el ruido de los martillos, veía las paredes rotas, era
ver como Dios estaba actuando. Fue sentir que había enviado ángeles a acampar
alrededor de nuestro hogar para proveer. De repente llegaron ayudas inesperadas
y sin darnos cuenta, llegó la mañana, llegó la claridad, un aire nuevo, un olor
a limpio, volvió la paz. Lo que parecía destruido comenzó a reconstruirse. Todo
aquello que durante tanto tiempo había sido un sueño, comenzó a convertirse en
una realidad.
Hoy, al
contemplar mi hogar, mirar los diferentes lugares reconstruidos por completo,
veo mucho más que una estructura física, veo mi sonrisa, veo un milagro,
puertas abiertas, la providencia, la misericordia y la bendición de Dios
presentes, porque cuando Dios decide hacer una obra en nuestra vida, finalmente
entendemos que todo era parte de su propósito.
Por eso hoy
solo puedo decir ¡Gracias, Señor! porque en medio de los momentos difíciles,
nunca dejaste de obrar, permaneciste fiel, y me mostraste que cuando tu
comienzas una obra, te encargas de llevarla a término.
Hoy agradecemos
a Dios, porque no solamente remodeló una casa, fortaleció nuestra fe y nos
recordó que nunca abandona la obra de sus manos. Dios me enseñó a esperar
cuando no veía la respuesta, a confiar cuando no entendía el proceso y a
reconocer que muchas veces está trabajando cuando menos lo estamos esperando.
Hay una amiga
que me dijo: “Espera la señal de Dios, que todo lo que vendrá será mucho
mejor”. La casa quedó mucho más hermosa de lo que yo imaginaba, pero lo más
hermoso fue descubrir que, mientras Dios remodelaba mi hogar, también trajo
grandes bendiciones a todos.
Tal vez hoy tu
vida también parezca una casa en remodelación. Tal vez sientas que todo está
removido, que hay cosas que se rompieron, pero Dios sigue trabajando, aun en
medio del caos.
Hoy mi hogar es
un testimonio vivo de que, si Dios pudo hacerlo conmigo, también puede hacerlo
contigo, por eso confía, espera y, sobre todo, no abandones el propósito. Quizás
todavía estés viendo los escombros, pero Dios ya está preparando la casa.


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