Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc
Los últimos serán los primeros y los primeros los últimos
(Miércoles
19 de agosto 2026. Vigésima semana tiempo ordinario, lecturas: Ezequiel
34,1-11. Salmo 22,1-6. San Mateo 20,1-16)
Queridos
hermanos y hermanas:
La
Palabra de Dios de hoy nos invita a reflexionar sobre el corazón de Dios, que
es un corazón de Pastor bueno, justo y misericordioso. Las tres lecturas nos
enseñan que Dios no actúa como los hombres. Mientras nosotros muchas veces
juzgamos por apariencias, por méritos o por antigüedad, Dios mira el corazón y
ofrece su amor y su salvación a todos.
1.
"¡Ay de los pastores que se apacientan a sí mismos!" (Ezequiel
34,1-11). El profeta Ezequiel dirige una fuerte denuncia contra los
malos pastores de Israel. Eran dirigentes que buscaban su propio bienestar,
pero abandonaban al pueblo. No fortalecían al débil, no curaban al enfermo, no
buscaban a la oveja perdida.
De
esta lectura aprendemos:
-
Dios condena toda forma de autoridad que se sirve
de los demás en lugar de servir.
-
Un verdadero pastor, un padre de familia, un
educador o un líder cristiano debe preocuparse por los más necesitados.
-
Dios nunca abandona a su pueblo. Por eso dice:
"Yo mismo buscaré mis ovejas y cuidaré de ellas."
Esta
promesa se cumple plenamente en Jesucristo, el Buen Pastor, que sale al
encuentro de cada uno de nosotros.
Preguntémonos
hoy: ¿Me
preocupo por quienes están alejados de Dios? ¿Soy capaz de servir sin buscar
reconocimiento?
2.
"El Señor es mi pastor, nada me falta." (Salmo 22). El salmo es
una hermosa respuesta a la primera lectura. Si existen malos pastores humanos,
Dios jamás deja de ser el Pastor perfecto.
Él:
-
nos conduce por buenos caminos;
-
nos fortalece en las dificultades;
-
nos acompaña en los momentos oscuros;
-
prepara una mesa para nosotros;
-
llena nuestra vida de bondad y misericordia.
Este
salmo nos invita a renovar nuestra confianza.
Aunque
pasemos por enfermedades, problemas económicos, sufrimientos familiares o
incertidumbres, podemos repetir con fe: "El Señor es mi pastor; nada me
falta." No significa que no tendremos problemas, sino que nunca
estaremos solos.
3.
"Los últimos serán los primeros." (Mateo 20,1-16). En el
Evangelio encontramos la conocida parábola de los trabajadores de la viña.
Algunos
trabajaron desde la mañana; otros llegaron al mediodía; otros casi al finalizar
la jornada. Sin embargo, todos recibieron el mismo salario.
A
primera vista parece injusto. Pero Jesús no está hablando de salarios humanos;
está hablando del Reino de Dios.
El dueño representa a
Dios.
La viña representa su
Iglesia.
El salario representa la
salvación.
Dios
llama a unos desde pequeños, a otros en la juventud y a otros
cuando ya han recorrido casi toda la vida.
Lo
importante no es la hora en que fuimos llamados, sino responder
generosamente cuando Dios nos llama.
Los
trabajadores de la primera hora olvidaron algo muy importante: el dueño no
les quitó nada; simplemente fue generoso con los demás.
Aquí
Jesús nos enseña varias lecciones:
-
No debemos compararnos con los demás.
-
La envidia roba la alegría.
-
Dios es infinitamente generoso.
-
Nadie llega demasiado tarde para convertirse.
-
Mientras haya vida, siempre hay oportunidad de
comenzar de nuevo.
Por
eso Jesús concluye: "Los últimos serán los primeros y los
primeros serán los últimos." No significa que Dios cambie el orden
arbitrariamente, sino que en el Reino cuentan la humildad, la fe y la
misericordia más que los privilegios o la antigüedad.
Aplicaciones
para nuestra vida.
-
Evitemos actuar como los malos pastores que sólo
buscan su propio interés.
-
Confiemos plenamente en Cristo, el Buen Pastor,
que nunca abandona a sus ovejas.
-
Alegrémonos cuando otros reciben las bendiciones
de Dios, en lugar de sentir envidia.
-
Nunca pensemos que es demasiado tarde para
acercarnos al Señor.
-
Sirvamos a Dios con amor y gratitud, no esperando
recompensas humanas.
Recordemos
que, en el Reino de Dios, la verdadera grandeza consiste en la humildad y en la
disponibilidad para responder a su llamada.
Conclusión
Queridos
hermanos y hermanas, hoy el Señor nos recuerda que Él conoce a cada una de sus
ovejas y sale en busca de quienes están perdidos. Él nos alimenta como el Buen
Pastor y nos invita a trabajar en su viña con alegría. No nos comparemos con
los demás; más bien demos gracias porque Dios es bueno y misericordioso con
todos.
Pidámosle
al Señor la gracia de ser servidores fieles, de confiar siempre en su
providencia y de alegrarnos por la salvación de nuestros hermanos, para que un
día podamos participar todos del salario eterno, que es la vida eterna junto a
Él. Amén.


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