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    martes, 18 de agosto de 2026

    Los últimos serán los primeros y los primeros los últimos


    Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc


     

    Los últimos serán los primeros y los primeros los últimos

    (Miércoles 19 de agosto 2026. Vigésima semana tiempo ordinario, lecturas: Ezequiel 34,1-11. Salmo 22,1-6. San Mateo 20,1-16)

     

    Queridos hermanos y hermanas:

    La Palabra de Dios de hoy nos invita a reflexionar sobre el corazón de Dios, que es un corazón de Pastor bueno, justo y misericordioso. Las tres lecturas nos enseñan que Dios no actúa como los hombres. Mientras nosotros muchas veces juzgamos por apariencias, por méritos o por antigüedad, Dios mira el corazón y ofrece su amor y su salvación a todos.

     

    1. "¡Ay de los pastores que se apacientan a sí mismos!" (Ezequiel 34,1-11). El profeta Ezequiel dirige una fuerte denuncia contra los malos pastores de Israel. Eran dirigentes que buscaban su propio bienestar, pero abandonaban al pueblo. No fortalecían al débil, no curaban al enfermo, no buscaban a la oveja perdida.

    De esta lectura aprendemos:

    -                     Dios condena toda forma de autoridad que se sirve de los demás en lugar de servir.

    -                     Un verdadero pastor, un padre de familia, un educador o un líder cristiano debe preocuparse por los más necesitados.

    -                     Dios nunca abandona a su pueblo. Por eso dice: "Yo mismo buscaré mis ovejas y cuidaré de ellas."

    Esta promesa se cumple plenamente en Jesucristo, el Buen Pastor, que sale al encuentro de cada uno de nosotros.

    Preguntémonos hoy: ¿Me preocupo por quienes están alejados de Dios? ¿Soy capaz de servir sin buscar reconocimiento?

     

    2. "El Señor es mi pastor, nada me falta." (Salmo 22). El salmo es una hermosa respuesta a la primera lectura. Si existen malos pastores humanos, Dios jamás deja de ser el Pastor perfecto.

    Él:

    -                     nos conduce por buenos caminos;

    -                     nos fortalece en las dificultades;

    -                     nos acompaña en los momentos oscuros;

    -                     prepara una mesa para nosotros;

    -                     llena nuestra vida de bondad y misericordia.

    Este salmo nos invita a renovar nuestra confianza.

    Aunque pasemos por enfermedades, problemas económicos, sufrimientos familiares o incertidumbres, podemos repetir con fe: "El Señor es mi pastor; nada me falta." No significa que no tendremos problemas, sino que nunca estaremos solos.

     

    3. "Los últimos serán los primeros." (Mateo 20,1-16). En el Evangelio encontramos la conocida parábola de los trabajadores de la viña.

    Algunos trabajaron desde la mañana; otros llegaron al mediodía; otros casi al finalizar la jornada. Sin embargo, todos recibieron el mismo salario.

    A primera vista parece injusto. Pero Jesús no está hablando de salarios humanos; está hablando del Reino de Dios.

    El dueño representa a Dios.

    La viña representa su Iglesia.

    El salario representa la salvación.

    Dios llama a unos desde pequeños, a otros en la juventud y a otros cuando ya han recorrido casi toda la vida.

    Lo importante no es la hora en que fuimos llamados, sino responder generosamente cuando Dios nos llama.

    Los trabajadores de la primera hora olvidaron algo muy importante: el dueño no les quitó nada; simplemente fue generoso con los demás.

    Aquí Jesús nos enseña varias lecciones:

    -                     No debemos compararnos con los demás.

    -                     La envidia roba la alegría.

    -                     Dios es infinitamente generoso.

    -                     Nadie llega demasiado tarde para convertirse.

    -                     Mientras haya vida, siempre hay oportunidad de comenzar de nuevo.

    Por eso Jesús concluye: "Los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos." No significa que Dios cambie el orden arbitrariamente, sino que en el Reino cuentan la humildad, la fe y la misericordia más que los privilegios o la antigüedad.

    Aplicaciones para nuestra vida.

    -                     Evitemos actuar como los malos pastores que sólo buscan su propio interés.

    -                     Confiemos plenamente en Cristo, el Buen Pastor, que nunca abandona a sus ovejas.

    -                     Alegrémonos cuando otros reciben las bendiciones de Dios, en lugar de sentir envidia.

    -                     Nunca pensemos que es demasiado tarde para acercarnos al Señor.

    -                     Sirvamos a Dios con amor y gratitud, no esperando recompensas humanas.

    Recordemos que, en el Reino de Dios, la verdadera grandeza consiste en la humildad y en la disponibilidad para responder a su llamada.

     

    Conclusión

    Queridos hermanos y hermanas, hoy el Señor nos recuerda que Él conoce a cada una de sus ovejas y sale en busca de quienes están perdidos. Él nos alimenta como el Buen Pastor y nos invita a trabajar en su viña con alegría. No nos comparemos con los demás; más bien demos gracias porque Dios es bueno y misericordioso con todos.

    Pidámosle al Señor la gracia de ser servidores fieles, de confiar siempre en su providencia y de alegrarnos por la salvación de nuestros hermanos, para que un día podamos participar todos del salario eterno, que es la vida eterna junto a Él. Amén.







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