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    viernes, 14 de agosto de 2026

    Señor, socórreme


    Nuestra Fe | P. Ciprián Hilario, msc

     


    Señor, socórreme

    (Domingo 16 de agosto 2026. Vigésima Semana Tiempo Ordinario, lecturas: Isaías 56,1.6-7. Salmo 66,2-8. Romanos 11,13-15.29-32 San Mateo 15,21-28)

     

    Queridos hermanos y hermanas:

    La Palabra de Dios de este domingo nos invita a contemplar un tema lleno de esperanza: "Señor, socórreme". Es el grito de una mujer que no se resigna, que confía en Jesús y que nos enseña el camino de la fe perseverante. También nosotros, en medio de nuestras luchas, enfermedades, problemas familiares y dificultades económicas, podemos repetir con confianza: "Señor, socórreme."

     

    Veamos algunos elementos que nos ayudan para nuestra vida cristiana, siguiendo el orden de las lecturas.

     

    1. Primera lectura: Isaías 56,1.6-7. Dios abre las puertas de su salvación para todos.

    El profeta Isaías anuncia que la salvación de Dios no será exclusiva para un solo pueblo. También los extranjeros que buscan al Señor serán acogidos, porque Dios dice: "Mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos."

    Esto nos enseña:

    -                     Dios no hace distinción de personas; todos somos invitados a su Reino.

    -                     La Iglesia está llamada a ser una casa donde todos encuentren acogida, misericordia y esperanza.

    -                     Nadie debe sentirse excluido del amor de Dios por su pasado, condición social o nacionalidad.

    - Debemos aprender a abrir nuestro corazón y nuestras comunidades a quienes buscan sinceramente al Señor.

     

    2. Salmo 66. Que todos los pueblos alaben al Señor.

    El salmista desea que todas las naciones conozcan la bondad y la justicia de Dios.

    Este salmo nos invita a:

    -                     Dar gracias por las bendiciones recibidas.

    -                     Reconocer que Dios quiere la felicidad de todos.

    -                     Ser testigos de la alegría del Evangelio.

    -                     Recordar que nuestra fe no puede quedarse encerrada; debe anunciarse con la vida.

    Un cristiano agradecido siempre se convierte en un misionero.

     

    3. Segunda lectura: Romanos 11,13-15.29-32. La misericordia de Dios nunca se cansa.

    San Pablo explica que Dios nunca retira sus dones ni su llamada. Aunque muchas personas se alejan, Dios continúa esperándolas con paciencia.

    Aquí encontramos varias enseñanzas:

    -                     Dios nunca deja de amarnos.

    -                     Siempre existe la posibilidad de volver a Él.

    -                     Nadie está definitivamente perdido mientras tenga deseo de arrepentirse.

    -                     La misericordia es más grande que nuestros pecados.

    También nosotros debemos aprender a no cerrar las puertas del perdón a quienes desean cambiar de vida.

     

    4. Evangelio: Mateo 15,21-28. "Señor, socórreme."

    La protagonista del Evangelio es una mujer cananea. Era extranjera y, además, mujer en una sociedad donde muchas veces era marginada. Sin embargo, posee algo que muchos no tenían: una fe inmensa.

    Ella grita: "Señor, Hijo de David, ten compasión de mí."

    Jesús parece guardar silencio. Luego responde de manera que pone a prueba su fe. Pero ella no se desanima.

    Cuando Jesús le dice que no está bien quitar el pan a los hijos para echárselo a los perritos, ella responde con una humildad admirable: "También los perritos comen las migajas que caen de la mesa de sus amos."

    Entonces Jesús exclama: "¡Qué grande es tu fe! Que se cumpla lo que deseas."

    ¿Qué aprendemos de esta mujer?

    -                     La fe auténtica no se rinde fácilmente.

    -                     Hay momentos en que Dios parece guardar silencio, pero nunca deja de escuchar.

    -                     La perseverancia en la oración abre el corazón de Dios.

    -                     La humildad vale más que el orgullo.

    -                     Una madre que ora por sus hijos posee una fuerza extraordinaria.

    -                     Jesús siempre responde a quien confía plenamente en Él.

    ¿Qué significa hoy decir: "¿Señor, socórreme”? Es reconocer que solos no podemos.

    Decimos:

    -                     Señor, socórreme cuando la familia está dividida.

    -                     Señor, socórreme cuando la enfermedad golpea nuestra casa.

    -                     Señor, socórreme cuando el pecado quiere dominarnos.

    -                     Señor, socórreme cuando sentimos miedo, tristeza o desesperanza.

    -                     Señor, socórreme cuando creemos que ya no hay salida.

    Ese grito, hecho con fe, nunca queda sin respuesta.

     

    Compromisos para esta semana

    -                     Orar con perseverancia, aunque parezca que Dios guarda silencio.

    -                     Acoger a todos sin discriminación.

    -                     Confiar siempre en la misericordia de Dios.

    -                     Ayudar a quienes atraviesan momentos difíciles.

    -                     Repetir cada día, con fe y humildad: "Señor, socórreme."

     

    Conclusión

    Queridos hermanos y hermanas, la mujer cananea nos enseña que la fe verdadera no se cansa de llamar a la puerta del corazón de Dios. Cuando todo parece perdido, ella sigue creyendo; cuando parece rechazada, continúa esperando; cuando recibe una prueba, responde con humildad.

    Que nosotros también aprendamos a acercarnos a Jesús con esa misma confianza y a repetir, especialmente en los momentos difíciles de nuestra vida: "Señor, socórreme."

    Y tengamos la certeza de que el Señor nunca abandona a quien lo busca con un corazón humilde y perseverante. Amén.







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