Nuestra Fe | P. Ciprián Hilario, msc
Señor, socórreme
(Domingo
16 de agosto 2026. Vigésima Semana Tiempo Ordinario, lecturas: Isaías 56,1.6-7.
Salmo 66,2-8. Romanos 11,13-15.29-32 San Mateo 15,21-28)
Queridos
hermanos y hermanas:
La
Palabra de Dios de este domingo nos invita a contemplar un tema lleno de
esperanza: "Señor, socórreme". Es el grito de una mujer que no se
resigna, que confía en Jesús y que nos enseña el camino de la fe perseverante.
También nosotros, en medio de nuestras luchas, enfermedades, problemas
familiares y dificultades económicas, podemos repetir con confianza:
"Señor, socórreme."
Veamos
algunos elementos que nos ayudan para nuestra vida cristiana, siguiendo el
orden de las lecturas.
1.
Primera lectura: Isaías 56,1.6-7. Dios abre las puertas de
su salvación para todos.
El
profeta Isaías anuncia que la salvación de Dios no será exclusiva para un solo
pueblo. También los extranjeros que buscan al Señor serán acogidos, porque Dios
dice: "Mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos."
Esto
nos enseña:
-
Dios no hace distinción de personas; todos somos
invitados a su Reino.
-
La Iglesia está llamada a ser una casa donde todos
encuentren acogida, misericordia y esperanza.
-
Nadie debe sentirse excluido del amor de Dios por
su pasado, condición social o nacionalidad.
- Debemos
aprender a abrir nuestro corazón y nuestras comunidades a quienes buscan
sinceramente al Señor.
2.
Salmo 66. Que todos los pueblos alaben al Señor.
El
salmista desea que todas las naciones conozcan la bondad y la justicia de Dios.
Este
salmo nos invita a:
-
Dar gracias por las bendiciones recibidas.
-
Reconocer que Dios quiere la felicidad de todos.
-
Ser testigos de la alegría del Evangelio.
-
Recordar que nuestra fe no puede quedarse
encerrada; debe anunciarse con la vida.
Un
cristiano agradecido siempre se convierte en un misionero.
3.
Segunda lectura: Romanos 11,13-15.29-32. La misericordia de Dios
nunca se cansa.
San
Pablo explica que Dios nunca retira sus dones ni su llamada. Aunque muchas
personas se alejan, Dios continúa esperándolas con paciencia.
Aquí
encontramos varias enseñanzas:
-
Dios nunca deja de amarnos.
-
Siempre existe la posibilidad de volver a Él.
-
Nadie está definitivamente perdido mientras tenga
deseo de arrepentirse.
-
La misericordia es más grande que nuestros
pecados.
También
nosotros debemos aprender a no cerrar las puertas del perdón a quienes desean
cambiar de vida.
4.
Evangelio: Mateo 15,21-28. "Señor, socórreme."
La
protagonista del Evangelio es una mujer cananea. Era extranjera y, además,
mujer en una sociedad donde muchas veces era marginada. Sin embargo, posee algo
que muchos no tenían: una fe inmensa.
Ella
grita: "Señor,
Hijo de David, ten compasión de mí."
Jesús
parece guardar silencio. Luego responde de manera que pone a prueba su fe. Pero
ella no se desanima.
Cuando
Jesús le dice que no está bien quitar el pan a los hijos para echárselo a los
perritos, ella responde con una humildad admirable: "También los
perritos comen las migajas que caen de la mesa de sus amos."
Entonces
Jesús exclama: "¡Qué grande es tu fe! Que se cumpla lo que deseas."
¿Qué
aprendemos de esta mujer?
-
La fe auténtica no se rinde fácilmente.
-
Hay momentos en que Dios parece guardar silencio,
pero nunca deja de escuchar.
-
La perseverancia en la oración abre el corazón de
Dios.
-
La humildad vale más que el orgullo.
-
Una madre que ora por sus hijos posee una fuerza
extraordinaria.
-
Jesús siempre responde a quien confía plenamente
en Él.
¿Qué
significa hoy decir: "¿Señor, socórreme”? Es reconocer que solos no
podemos.
Decimos:
-
Señor, socórreme cuando la familia está dividida.
-
Señor, socórreme cuando la enfermedad golpea
nuestra casa.
-
Señor, socórreme cuando el pecado quiere
dominarnos.
-
Señor, socórreme cuando sentimos miedo, tristeza o
desesperanza.
-
Señor, socórreme cuando creemos que ya no hay
salida.
Ese grito,
hecho con fe, nunca queda sin respuesta.
Compromisos
para esta semana
-
Orar con perseverancia, aunque parezca que Dios
guarda silencio.
-
Acoger a todos sin discriminación.
-
Confiar siempre en la misericordia de Dios.
-
Ayudar a quienes atraviesan momentos difíciles.
-
Repetir cada día, con fe y humildad: "Señor,
socórreme."
Conclusión
Queridos
hermanos y hermanas, la mujer cananea nos enseña que la fe verdadera no se
cansa de llamar a la puerta del corazón de Dios. Cuando todo parece perdido,
ella sigue creyendo; cuando parece rechazada, continúa esperando; cuando recibe
una prueba, responde con humildad.
Que
nosotros también aprendamos a acercarnos a Jesús con esa misma confianza y a
repetir, especialmente en los momentos difíciles de nuestra vida: "Señor,
socórreme."
Y
tengamos la certeza de que el Señor nunca abandona a quien lo busca con un
corazón humilde y perseverante. Amén.


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