Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc
Unión hombre y mujer
(Viernes
14 de agosto 2026. Decima novena semana tiempo ordinario, lecturas: Ezequiel
16,1-15.60.63. Salmo Is. 12,2-3.4.5-6. San Mateo 19,3-12)
Queridos
hermanos y hermanas:
La
Palabra de Dios de hoy nos invita a contemplar el amor fiel de Dios y, desde
ese amor, comprender la grandeza de la unión entre el hombre y la mujer.
Vivimos en una sociedad donde muchos compromisos son frágiles y pasajeros; sin
embargo, Dios nos recuerda que el verdadero amor es una alianza que se
construye con fidelidad, entrega y perdón.
1.
Dios nos ama primero y nos reviste de dignidad (Ezequiel 16,1-15.60.63). En la
primera lectura, el profeta Ezequiel presenta una hermosa imagen: Jerusalén
aparece como una niña abandonada, sin esperanza, pero Dios pasa junto a
ella, la levanta, la cuida, la hace crecer y la llena de belleza. Todo lo que
ella tiene es fruto del amor gratuito del Señor.
Sin
embargo, cuando se sintió hermosa y fuerte, olvidó de dónde venía y se apartó
de Dios.
Esta
lectura nos deja varias enseñanzas:
-
Nunca olvidemos que todo lo bueno que tenemos
viene de Dios.
-
La soberbia nos hace olvidar al Señor; la humildad
nos mantiene cerca de Él.
-
Dios nunca deja de ser fiel, aun cuando nosotros
le fallamos.
-
La memoria agradecida fortalece nuestra fe y nos
ayuda a vivir con fidelidad.
El
Señor termina diciendo que recordará su alianza y perdonará a su pueblo. Ese es
el corazón de Dios: un corazón que nunca se cansa de ofrecer misericordia.
2.
"Sacarán agua con alegría de las fuentes de la salvación" (Isaías
12). El
salmo es un canto de confianza.
Quien
experimenta el amor de Dios descubre que no necesita vivir con miedo, porque el
Señor es su fuerza y su salvación.
Para
nuestra vida:
-
Dios sigue siendo la fuente que calma nuestra sed
de amor y de felicidad.
-
Las familias que oran juntas encuentran en Dios la
fuerza para superar las dificultades. - El cristiano agradecido transmite
esperanza a los demás.
3.
Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre (Mateo 19,3-12).
En
el Evangelio, los fariseos preguntan a Jesús sobre el divorcio. Ellos buscan
una discusión jurídica, pero Jesús responde llevándolos al proyecto original de
Dios.
Desde
el principio, Dios creó al hombre y a la mujer para vivir una comunión de amor.
El matrimonio no nace simplemente de un contrato humano; nace del designio de
Dios.
Jesús
afirma: "Lo
que Dios ha unido, que no lo separe el hombre."
Con
estas palabras Jesús nos enseña:
-
El matrimonio es una vocación y una misión.
-
El amor verdadero exige fidelidad, paciencia y
sacrificio.
-
No existe familia perfecta; existen familias que
aprenden a perdonarse cada día.
-
El diálogo, la oración y el respeto fortalecen la
vida matrimonial.
-
Los hijos necesitan crecer viendo el amor y la
reconciliación de sus padres.
Cuando
Jesús habla de la indisolubilidad del matrimonio, no quiere imponer una carga,
sino proteger el amor verdadero para que no dependa únicamente de los
sentimientos del momento.
También
menciona a quienes renuncian al matrimonio por el Reino de los cielos. Así nos
recuerda que tanto el matrimonio como la vida consagrada son caminos santos
cuando se viven con amor y fidelidad.
Algunas
aplicaciones para nuestra vida.
-
Agradezcamos el amor con que Dios nos ha tratado
desde el comienzo de nuestra vida.
-
Cuidemos nuestras familias como un regalo de Dios.
-
Aprendamos a pedir perdón y a perdonar antes de
que las heridas se hagan más profundas.
-
Los esposos renueven diariamente su compromiso de
amarse y respetarse.
-
Los jóvenes preparen el matrimonio con
responsabilidad, fe y madurez, comprendiendo que no es una decisión pasajera
sino una alianza para toda la vida.
Oremos
por los matrimonios que atraviesan dificultades, para que encuentren en Cristo
la fuerza para reconciliarse y seguir adelante.
Conclusión
Queridos
hermanos y hermanas, la Palabra de Dios nos recuerda que Él siempre permanece
fiel a su alianza. Si Dios es fiel con nosotros, también nosotros estamos
llamados a ser fieles en nuestras relaciones, especialmente en el matrimonio y
en la familia. Que Cristo, que bendijo las bodas de Caná y elevó el matrimonio
a la dignidad de sacramento, fortalezca a todos los esposos para que su amor
sea reflejo del amor fiel de Dios. Y que la Santísima Virgen María acompañe a
nuestras familias para que vivan unidas en el amor, la fe y la esperanza. Amén.


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