Mensajes | Patricia Ynestroza
León XIV: "reconocer en
cada menor migrante la presencia de Cristo"
El Papa, en su
mensaje para la 112ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, que se
celebrará el 27 de septiembre, reclama una respuesta internacional centrada en
la dignidad y los derechos de los niños y adolescentes migrantes y refugiados,
víctimas de guerras, violencia, trata, explotación y separación familiar.
El próximo 27
de septiembre se celebra la 112ª Jornada Mundial del Migrante y del
Refugiado, el Papa León XIV, en su mensaje llama a proteger a los menores
migrantes y refugiados: «Incluso uno solo de estos pequeños». Este es el lema,
tomado del Evangelio. El Papa recuerda que cada menor desplazado tiene un
rostro, una historia y una dignidad que no pueden quedar ocultos detrás de las
estadísticas, hace un llamado a poner en el centro la dignidad y los
derechos de los niños y adolescentes que sufren desplazamiento, violencia,
separación familiar, trata y explotación. Pide no reducir a los menores
migrantes a cifras y reclama una respuesta coordinada que garantice protección,
acogida, educación e integración.
Chicos migrantes (@Vatican Media)
León XIV
invita a las comunidades a acompañar a los menores desplazados y a convertirse
en «signos vivos y creíbles del Evangelio». Invita a no mirar hacia otro
lado. Para León XIV, la defensa de los menores migrantes no puede esperar:
cuando está en juego la dignidad de un niño, basta incluso uno solo para
reclamar la responsabilidad de todos.
Los menores, los más vulnerables de los flujos
migratorios
En su mensaje
para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, León XIV pone el foco en
una de las dimensiones más dolorosas de las migraciones contemporáneas: la
situación de los niños y adolescentes obligados a abandonar sus hogares.
Millones de niños y adolescentes se ven obligados cada año a dejar sus lugares
de origen debido a guerras, pobreza, violencia, desastres medioambientales y
otras tragedias. Para León XIV, esta realidad exige una respuesta que no sea
únicamente política o administrativa, sino también profundamente humana.
“El
sufrimiento no se limita al desplazamiento, hay niños muy pequeños que han
perdido a sus padres, hermanos, hermanas y amigos, y que son testigos de una
violencia indescriptible. Otros, separados durante largos períodos de sus
familiares, intentan reunirse con ellos, viviendo entre tanto, la angustia de
la distancia. Hay también menores que afrontan el viaje junto a sus padres,
pero expuestos a condiciones extremas y traumáticas. Por último, no podemos
olvidar la trágica situación de quienes son separados de sus padres a causa de
la repatriación.”
Violencia, separación y explotación
El Pontífice
alerta de que muchos menores migrantes sufren pérdidas, violencia y largas
separaciones familiares durante sus desplazamientos. También denuncia la dureza
de las rutas migratorias y la separación de niños de sus progenitores durante
procesos de repatriación. A estas situaciones se añaden peligros como las
muertes durante las rutas migratorias, la trata de personas, la explotación, el
reclutamiento de menores para conflictos armados, la violencia sexual y los
matrimonios forzados.
«Su dignidad
se ve pisoteada en demasiadas formas», denuncia León XIV.
«Incluso uno solo de estos pequeños»
Con su
mensaje, el Pontífice llama a mirar a cada uno de estos pequeños, a cada
rostro, el lema es tomado de las palabras de Jesús: «El que acoge a un
niño como este en mi nombre me acoge a mí». Para el Papa, la cuestión no puede
abordarse únicamente desde las cifras de desplazados o las estadísticas
migratorias. El Evangelio, sostiene, invita a cambiar la mirada: «incluso uno
solo».
Cada niño y
cada ser humano poseen una dignidad que no depende de su nacionalidad,
situación administrativa o condición migratoria. Por ello, ante cada menor
migrante, la sociedad está llamada a realizar un acto de humanidad y de fe.
León XIV vincula esta responsabilidad con otra afirmación evangélica: «fui
forastero y me hospedaron». Y recuerda al Papa Francisco:
“El papa
Francisco, en el mensaje con motivo de la Jornada Mundial del Migrante y del
Refugiado de 2017, dedicada al tema «Emigrantes menores de edad, vulnerables y
sin voz», recordaba que estos «se encuentran desprotegidos por tres motivos:
porque son menores, extranjeros e indefensos; por diversas razones, son
forzados a vivir lejos de su tierra natal y separados del afecto de su
familia».”
Una responsabilidad que comienza en los países de
origen
En su mensaje,
el Papa, además de reclamar protección a los migrantes en los países de
tránsito y destino, considera necesario actuar también en los lugares de
origen para eliminar las causas que obligan a los menores a abandonar sus
hogares.
“Lamentablemente,
los menores emigrantes se ven más fácilmente relegados a la invisibilidad, al
carecer de adultos que los protejan y los apoyen. Es necesario intervenir en
los países de origen para eliminar las posibles causas que les obligan a huir,
además de ofrecer protección y acogida en los países de tránsito y de llegada.”
La protección
de la infancia migrante, por tanto, requiere abordar las condiciones que
generan el desplazamiento forzado y, al mismo tiempo, garantizar seguridad y
acogida durante todo el proceso migratorio. León XIV advierte que no es posible
acostumbrarse al sufrimiento de los menores desplazados. Evoca el relato del
Éxodo, en el que Dios escucha el clamor de un pueblo sometido a la opresión,
para subrayar que el sufrimiento de los niños interpela directamente la
conciencia y la acción de las personas.
Una tarea para cada persona
El Papa dirige
también un llamamiento a la responsabilidad individual. Invita a abrir los ojos
y el corazón para conocer las historias, los miedos y los sueños de los menores
migrantes. La prioridad, afirma, debe ser reconocer al niño en su dignidad antes
que en su condición de «migrante».
“Incluso uno
solo de estos pequeños nos llama, en nuestra vida personal, a abrir los ojos y
el corazón para escuchar en profundidad su historia, sus miedos y sus sueños,
superando esa indiferencia que reduce al ser humano a un dato estadístico que
no nos afecta directamente. Es una invitación a reconocer al niño en su
dignidad, aún antes que en su condición de “migrante”, y a proteger sus
derechos fundamentales: a la vida, a la educación y a un nivel de vida que le
permita crecer y desarrollarse plenamente desde el punto de vista físico,
mental, espiritual, moral y social.”
La Iglesia, llamada a convertir la hospitalidad en
práctica
En el ámbito
eclesial, León XIV reclama que la hospitalidad deje de ser únicamente un
concepto y se convierta en una práctica pastoral permanente. La
responsabilidad, señala, no puede recaer exclusivamente en organizaciones
especializadas. Toda comunidad cristiana está llamada a considerar a los
menores migrantes y refugiados como parte de su propia familia.
“No podemos
limitarnos a delegar esta tarea a instituciones o asociaciones dotadas de un
carisma específico: ante los rostros concretos que nos interpelan en el día a
día, toda la comunidad cristiana está llamada a sentirlos como a sus propios
hijos y a acercarse a la historia concreta de cada uno. Es necesario animar a
las comunidades cristianas a integrar y valorar a los refugiados e inmigrantes
como miembros de pleno derecho de la familia eclesial, promoviendo nuevos
itinerarios educativos y espirituales, incluso personalizados, que superen la
lógica del puro asistencialismo.”
Una de las preocupaciones destacadas es la soledad, el aislamiento y el rechazo que pueden experimentar tanto los menores recién llegados como los hijos de familias migrantes. Frente a ello, plantea crear espacios de encuentro entre jóvenes del territorio y jóvenes inmigrantes, basados en el respeto, la solidaridad y la amistad.
Un desafío compartido entre las religiones
León XIV
extiende al ámbito interreligioso su llamado a proteger a los menores, cuya
vulnerabilidad no conoce fronteras confesionales. Y señaló que
las comunidades religiosas pueden colaborar para crear redes de protección
y espacios donde se respete la identidad cultural de cada niño y niña. Esta
cooperación, dijo, también puede ayudar a prevenir la exclusión y el riesgo de
radicalización por parte de grupos extremistas. Para el Papa, proteger a un
menor significa además custodiar la huella de Dios presente en él.
Migrantes en Gran Canaria (@Vatican Media)
Las instituciones deben poner al menor en el centro
“Las
instituciones públicas y privadas están obligadas a situar en el centro la
protección y la dignidad de cada niño y adolescente. Esto implica la adopción
de instrumentos jurídicos eficaces de protección, promoviendo la reunificación
familiar y evitando los traumas de la separación.”
León XIV
propone, en este contexto, modificar el enfoque del debate migratorio: pasar de
una preocupación centrada exclusivamente en la gestión de los flujos a una
perspectiva que priorice la protección inmediata de los derechos humanos. El
Pontífice reclama así una respuesta coordinada, solidaria y eficaz, capaz de
garantizar protección, acogida y oportunidades reales de integración.
El Papa en España (@Vatican Media)


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