Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc
Joven, ¡llega hasta el final!
(Lunes
17 de agosto 2026, lecturas: Ezequiel 24,15-24. Salmo Dt. 32,18-19.20.21. San
Mateo 19,16-22)
Queridos
hermanos y hermanas:
La
Palabra de Dios de este día nos presenta un mensaje muy importante: no basta
comenzar bien; es necesario llegar hasta el final. En la vida cristiana no se
trata solamente de conocer a Jesús, de cumplir algunas cosas o de hacer buenas
obras; se trata de seguirlo con todo el corazón, hasta entregar nuestra vida
por Él.
1.
Primera lectura: Ezequiel 24,15-24. En esta lectura
encontramos al profeta Ezequiel viviendo una experiencia muy dolorosa. Dios le
anuncia la pérdida de su esposa y le pide que convierta ese sufrimiento en un
signo para el pueblo.
Aquí
encontramos un primer elemento para nuestra vida: hay momentos en que Dios
permite que atravesemos situaciones difíciles que no comprendemos. Hay
pérdidas, enfermedades, decepciones, separaciones y problemas que nos hacen
preguntarnos: «¿Por qué, Señor?».
Ezequiel
nos enseña a permanecer fieles aun cuando no entendamos todo. La fe no
significa que nunca sufriremos; significa que, aun en medio del sufrimiento,
seguimos confiando en Dios.
No abandones el camino cuando lleguen las
dificultades. ¡Llega hasta el final!
2.
Salmo: Deuteronomio 32,18-21. El salmo nos recuerda que el pueblo se
olvidó de Dios, que es su roca y su creador. Este es un peligro que también
nosotros podemos experimentar: recibir mucho de Dios y después olvidarnos de
Él.
Dios
nos ha dado la vida, la familia, personas que nos quieren, oportunidades, dones
y talentos. Pero muchas veces, cuando las cosas van bien, dejamos de buscar a
Dios. Y cuando llegan los problemas, entonces volvemos a llamarlo.
La
Palabra nos invita hoy a preguntarnos:
-
¿Me acuerdo de Dios solamente cuando tengo
problemas?
-
¿Estoy agradecido por lo que he recibido?
-
¿Sigo confiando en Él cuando las cosas no salen
como quiero?
No
olvidemos nunca nuestra Roca, que es Dios.
3.
Evangelio: Mateo 19,16-22. Aquí encontramos a un joven que se acerca a Jesús
y le pregunta: «Maestro, ¿qué tengo que hacer de bueno para obtener la vida
eterna?» Es una buena pregunta. El joven tiene deseos de hacer el bien.
Jesús le recuerda los mandamientos y él responde: «Todo eso lo he cumplido. ¿Qué
me falta?»
Entonces
Jesús le dice: «Si quieres llegar hasta el final, vende lo que tienes, da el
dinero a los pobres y después ven y sígueme».
Aquí
está el centro de nuestra reflexión. Aquel joven había
comenzado bien, conocía los mandamientos y procuraba cumplirlos. Pero cuando
Jesús le pidió algo más, se marchó triste porque tenía muchos bienes.
No
era malo tener riquezas. El problema era que sus riquezas ocupaban el lugar que
debía ocupar Dios en su corazón.
Por
eso, Jesús nos enseña que ser cristiano no consiste solamente en decir: «Yo
no hago esto», «yo cumplo aquello». Hay un momento en que Jesús nos dice: «Ahora
déjalo todo y sígueme».
4.
¿Qué nos falta para llegar hasta el final? Este Evangelio nos invita
a preguntarnos personalmente: ¿Qué es eso que todavía no quiero entregar a
Jesús?
Puede
ser el dinero, el orgullo, la comodidad, una relación, el resentimiento, el
deseo de poder, una costumbre, un vicio, la vanidad o simplemente nuestra
propia voluntad.
Quizás
decimos:
«Señor, yo voy a Misa, rezo, cumplo los mandamientos». Y Jesús nos responde:
«Está bien, pero ¿quieres llegar hasta el final? ¿Quieres entregarme también
aquello que más te cuesta?»
5.
Joven, no te quedes a mitad del camino. El mensaje de hoy es
especialmente fuerte para los jóvenes:
Joven, Jesús te está
llamando. No tengas miedo de seguirlo. No te conformes con una vida mediocre.
¡Llega hasta el final! No basta comenzar un retiro y después abandonar. No
basta emocionarse en un encuentro con Cristo y luego volver a la vida de
siempre. No basta decir «Señor, te quiero» si después no estamos dispuestos a
cambiar.
Jesús
quiere jóvenes capaces de decir: «Señor, aquí estoy. Lo que tengo y lo que
soy te pertenece. Quiero seguirte hasta el final».
6.
Para nuestra vida. Podemos llevarnos hoy tres enseñanzas:
Primera: Cuando
lleguen las dificultades, no abandones a Dios. Permanece fiel como Ezequiel.
Segunda: Nunca
olvides a Dios cuando las cosas te vayan bien. Él es nuestra Roca y nuestro
Creador.
Tercera: No te
conformes con cumplir solamente lo mínimo. Pregúntale a Jesús: «Señor, ¿qué me
falta?» Y cuando Él te muestre el camino, ten el valor de seguirlo.
Conclusión
Queridos
hermanos y hermanas, aquel joven del Evangelio se marchó triste porque tenía
muchas cosas. Que nosotros no terminemos nuestra vida con la tristeza de
haber tenido muchas oportunidades de seguir a Jesús y no haberlo hecho. Hoy
Cristo nos dice a cada uno: «Ven y sígueme». Que podamos responderle con
generosidad: «Señor, quiero seguirte. Aunque el camino sea difícil, aunque
tenga que renunciar a muchas cosas, quiero llegar hasta el final». Amén.


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