Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc
Santa Clara: El más importante en el Reino de los
Cielos
(Martes 11 de agosto 2026. Decima novena
semana tiempo ordinario, lecturas: Ezequiel 2,8-3,4. Salmo 118. San Mateo
18,1-5.10.12-14)
Queridos hermanos y hermanas:
La Palabra de Dios que hoy la Iglesia nos ofrece,
unida a la memoria de Santa Clara de Asís, nos invita a descubrir quién es el
más importante en el Reino de los Cielos. Jesús nos enseña que la verdadera
grandeza no está en el poder, en los honores o en el prestigio, sino en la
humildad, la sencillez y la confianza en Dios. Santa Clara hizo de esta
enseñanza el programa de toda su vida.
Veamos algunos elementos que nos ayudan para
nuestra vida, siguiendo el orden de las lecturas.
1. Ezequiel 2,8–3,4: "Come este libro". Dios le pide
al profeta Ezequiel que coma el rollo de la Palabra antes de anunciarla al
pueblo. Esto significa que primero hay que dejar que la Palabra transforme el
corazón antes de transmitirla a los demás.
Algunos elementos para nuestra vida:
-
No basta con escuchar la Palabra; hay que hacerla
parte de nuestra vida.
-
Quien anuncia el Evangelio debe vivir primero lo
que predica.
-
Muchas veces la misión será difícil, pero Dios
nunca abandona a quien Él envía.
-
El cristiano no puede hablar desde sus propias
opiniones, sino desde la voluntad de Dios.
Santa Clara alimentó toda su vida con la Palabra
de Dios.
Su fortaleza no provenía de las riquezas, sino de una profunda vida de oración
y contemplación.
2. Salmo 118: "¡Qué dulce es al paladar tu promesa!". El salmista expresa un inmenso amor por la Ley del Señor.
Este salmo nos enseña que:
-
La Palabra de Dios ilumina nuestras decisiones.
-
Quien ama los mandamientos encuentra verdadera
libertad.
-
La fidelidad a Dios produce alegría incluso en
medio de las pruebas.
-
Debemos leer diariamente la Sagrada Escritura para
fortalecer nuestra fe.
Santa Clara encontraba en la Palabra el alimento
cotidiano
para perseverar durante las dificultades de su vida religiosa.
3. San Mateo 18,1-5.10.12-14: "El más
importante en el Reino". Los discípulos preguntan quién es el mayor
en el Reino de los Cielos. Jesús responde colocando a un niño en medio de
ellos.
¿Qué nos enseña el Señor?
Primero: La verdadera grandeza
nace de la humildad.
-
El niño representa la sencillez, la confianza y la
dependencia de Dios.
-
El orgullo nos aleja del Reino.
-
La humildad abre el corazón a la gracia.
-
Quien sirve con amor es grande ante Dios.
Segundo: Acoger al pequeño es
acoger al mismo Cristo. Jesús identifica su presencia con los más sencillos.
Esto nos invita a:
-
Respetar a los niños.
-
Valorar a los ancianos.
-
Defender a los pobres.
-
Acoger a quienes son ignorados por la sociedad.
Tercero: No despreciar a ninguno
de los pequeños.
Jesús recuerda que los ángeles de los pequeños
contemplan siempre el rostro del Padre. Cada persona posee una dignidad
inmensa.
No podemos:
-
Humillar.
-
Excluir.
-
Maltratar.
-
Juzgar con desprecio.
-
Todos somos hijos de Dios.
Cuarto: La parábola de la oveja
perdida. El Buen Pastor deja las noventa y nueve para buscar la que se perdió.
Este gesto revela el corazón misericordioso de Dios.
Nos enseña que:
- Nadie está definitivamente perdido.
- Dios
nunca se cansa de buscarnos.
- Debemos
preocuparnos por quienes se han alejado de la fe.
- La Iglesia está llamada a salir al encuentro de
todos.
4. Santa Clara de Asís. Hoy
contemplamos el hermoso ejemplo de Santa Clara de Asís.
- Ella comprendió perfectamente el
Evangelio de hoy.
- Escogió ser pequeña ante el mundo para
ser grande ante Dios.
- Renunció a las riquezas para abrazar
la pobreza evangélica.
- Vivió en profunda oración y adoración
al Santísimo Sacramento.
- Enseñó
que la verdadera fuerza nace de la confianza absoluta en Cristo.
Su vida demuestra que la santidad no consiste en
hacer cosas extraordinarias, sino en vivir con un corazón humilde, obediente y
lleno de amor.
Conclusión
Queridos hermanos y hermanas, la liturgia de hoy
nos deja un camino muy claro:
-
Alimentarnos cada día de la Palabra de Dios.
-
Amar y obedecer los mandamientos del Señor.
-
Vivir con la sencillez y la humildad de los niños.
-
Valorar y proteger a los pequeños y más
vulnerables.
-
Buscar con amor a quienes se han alejado de Dios.
Imitar a Santa Clara, haciendo de la humildad, la
oración y la confianza en Cristo el fundamento de nuestra vida.
Pidamos al Señor, por intercesión de Santa Clara,
que nos conceda un corazón sencillo, humilde y disponible para escuchar su
Palabra, para servir a nuestros hermanos y para caminar cada día hacia la
verdadera grandeza, que consiste en vivir como hijos de Dios y discípulos
fieles de Jesucristo. Amén.


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