Vocacionales | Daniele Piccini
León XIV a seminaristas:
"no se subestime el seminario, su tiempo es necesario"
El Papa recibe
esta mañana, 3 de septiembre, a unos 150 seminaristas en la Sala Clementina.
León XIV subraya que el tiempo del seminario sigue siendo necesario, hoy no
menos que ayer, como espacio para aprender a estar, discernir y dejarse formar.
«El seminario no es un aplazamiento de la misión, sino su condición».
La formación
al sacerdocio consiste en «subir al monte» junto a Cristo, aprendiendo a estar
a solas con él, lejos de «nuestro tiempo rápido y ruidoso». Se es llamado no
porque se sea el mejor, «no hay un concurso, no hay una clasificación», sino
solo por una libre y misteriosa elección de Dios. Hasta que llega el momento en
que «se baja del monte» —porque no es en absoluto un «refugio»— y se es enviado
«a la gente de vuestras tierras». León XIV describe así la experiencia
formativa del seminario, en su discurso durante la audiencia de esta mañana, 3
de septiembre, en la Sala Clementina, ante unos 150 futuros presbíteros del
Seminario Regional Pontificio Pugliese Pío XI de Molfetta y del Seminario
Episcopal de Aversa. Los primeros se encuentran en Roma para celebrar el
centenario de la nueva sede impulsada por el Papa Ratti, de quien lleva el
nombre; los otros, con motivo del tricentenario de la apertura de su colegio
eclesiástico.
El seminario, una pausa necesaria
Cada una de
las etapas que componen la experiencia del seminario puede parecer, «en un
mundo que tiene prisa», una «pausa prolongada», un «lujo», «una institución
superada». «Pero no es así», precisa el Papa.
"Precisamente
porque nuestro tiempo es rápido y ruidoso, hace falta un lugar y una etapa de
la vida en la que se aprenda a estar, a discernir, a dejarse formar sin atajos.
El seminario no es un aplazamiento de la misión, sino que es su condición. No
se lo subestime".
Ningún concurso o clasificación, sino una llamada
Al comienzo de
este «camino formativo» está la relación con Dios, que León XIV recomienda
cuidar. Es lo que experimentan los apóstoles que, en el Evangelio de Marcos,
son llamados por Jesús a subir a la cima del monte junto a Él.
"Está el
monte que hay que subir, donde alcanzar a Cristo y, sobre todo, donde estar
junto a Él. El corazón de la experiencia del seminario está todo aquí: aprender
a estar con el Maestro, el Señor Jesús".
No se trata de
una «llamada» que siga y premie algún mérito personal. «No hay un concurso, no
hay una clasificación»: «Ninguno de nosotros está aquí porque se lo haya
merecido, sino solamente por una libre elección por parte de Dios Padre, signo
y garantía de un amor gratuito que siempre nos precede y que nunca decepciona».
Esta vocación nace de «un diálogo íntimo con Dios», que debe llevarse adelante
en el «silencio» y en la «oración»: una voz que se hace oír a pesar del «ruido
ensordecedor del mundo».
"Tenéis
muchos ejemplos, pero creo que para todos vosotros el venerable obispo don
Tonino Bello muestra con particular claridad qué significa ser Sacerdote y ser
Obispo: no en las palabras, sino en cada gesto y en cada decisión, y dando
testimonio de ello hasta el final".
La fraternidad que alivia el cansancio espiritual
Pero alcanzar
a Dios en el monte, argumenta también León XIV, después de haber escuchado su
llamada, «puede ser fatigoso», porque se sube a pie, se experimentan momentos
en los que la respiración se hace «corta» y otros en los que uno se desanima
porque no ve la cima. En estos momentos, en los que se siente todo el
«cansancio de la espiritualidad», sugiere el Obispo de Roma, se cuenta con el
apoyo de la «fraternidad» y de la «compartición de la misión».
"Ningún
seminarista puede concebir un camino privado con el Señor: debe siempre sentir
y experimentar la belleza de la mediación eclesial. El seminario, por tanto,
antes incluso que un lugar donde adquirir información, «debería ser una escuela
de los afectos»".
En esta etapa
son los formadores quienes tienen un papel importante. A ellos el Papa les pide
«ciencia, paciencia y amor» —cualidades y actitudes que no se improvisan—, ya
que deben «ser los primeros maestros de ese cuidado y de esa fraternidad que se
manifiestan en relaciones auténticas, personales y comunitarias».
Llamados a actuar en la fragilidad
Y finalmente
llega lo que León XIV define como «el último paso»: bajar del monte. La
finalidad de este camino era, de hecho, desde el principio, regresar al valle,
para ser «enviados a comunicar al mundo esta novedad de vida» a todo aquel que
haya perdido el gusto o la dirección de la existencia.
"Seréis,
pues, llamados a bajar del monte, para ser enviados a la gente de vuestras
tierras: a esas familias que salen adelante con dificultad, a los jóvenes que a
los veinte años hacen las maletas para buscar trabajo, a los ancianos solos, a
los marginados, a quienes han perdido el sentido de la existencia".
Precisamente
aquí abajo, en esta dimensión de la vida social cotidiana, está el lugar del
sacerdote, la dimensión en función de la cual todo el camino formativo ha sido
pensado, para anunciar a todos la «belleza de la fe en Jesucristo».
Una vocación necesita un hogar, unos padres que rezan
y saben dejar ir
Ya la sola
presencia de los seminaristas en los seminarios subrayó finalmente el Papa, es
un «signo de esperanza para toda la Iglesia». Una presencia que no debe darse
por descontada y que se debe, sobre todo, a un contexto familiar favorable. Por
ello, el Pontífice, al final de su discurso, agradece a las familias de los
futuros sacerdotes.
"Una
vocación nunca nace sin un contexto adecuado y, a menudo, necesita un hogar,
unos padres que rezan y que saben dejar ir. A vosotros, queridas familias, mi
agradecimiento y el de toda la Iglesia".


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