Nuestra Fe | P. Ciprián Hilario, msc
¿Qué hijo somos nosotros de los dos?
(Domingo
27 de septiembre 2026. Vigésima sexta semana tiempo ordinario, lecturas:
Ezequiel 18,25-28. Salmo 24. Filipenses 2,1-11. San Mateo 21,28-32)
Queridos
hermanos y hermanas:
La
Palabra de Dios que escuchamos hoy nos presenta una pregunta muy sencilla, pero
al mismo tiempo muy profunda: ¿Qué hijo somos nosotros de los dos? Jesús
nos habla de dos hijos: uno dice que sí a su padre, pero no va; el otro dice
que no, pero después se arrepiente y va. Con esto, Jesús quiere enseñarnos que
Dios no mira solamente nuestras palabras, sino también nuestras obras y nuestra
capacidad de cambiar de corazón.
No
basta con decir: “Señor, Señor”. La verdadera respuesta a Dios se manifiesta
en una vida que escucha, se convierte y actúa.
1.
Ezequiel: Dios nos invita a cambiar de camino.
El
profeta Ezequiel nos presenta una verdad importante: cada persona
es responsable de sus decisiones. El que abandona el mal y practica el derecho
y la justicia, encontrará la vida.
Esto
significa que nadie está condenado a permanecer para siempre en sus errores.
Podemos cambiar. Podemos comenzar nuevamente.
A
veces una persona ha vivido lejos de Dios, ha cometido errores, ha herido a
otros o ha tomado caminos equivocados. Pero mientras haya vida, existe la
posibilidad de volver al Señor.
Elemento
para nuestra vida:
No
debemos decir: “Yo soy así y nunca voy a cambiar”. El Evangelio nos
enseña que podemos convertirnos. Dios no solamente mira nuestro pasado; también
mira la decisión que estamos tomando hoy.
2.
Salmo 24: “Señor, enséñame tus caminos”. El salmista hace una
oración preciosa: “Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas”.
Aquí
encontramos una actitud fundamental del cristiano: reconocer que
necesitamos que Dios nos enseñe a caminar.
Muchas
veces queremos que Dios haga lo que nosotros pensamos. Queremos que Dios siga
nuestros caminos, nuestros proyectos y nuestros criterios. Pero la oración del
salmista es diferente: “Señor, enséñame tus caminos”.
Elemento
para nuestra vida:
Preguntémonos
cada día: ¿Estoy caminando por el camino que Dios quiere o solamente por el
camino que yo quiero?
Una
familia, un matrimonio, un sacerdote, un joven, una persona mayor: todos
necesitamos pedirle al Señor que nos muestre el camino correcto.
3.
Filipenses: Tener los mismos sentimientos de Cristo.
San
Pablo nos presenta el gran ejemplo de Jesús. Nos invita a vivir en humildad,
unidad, servicio y amor.
Cristo,
siendo Dios, se hizo servidor. No buscó imponerse, sino entregarse. No vivió
para sí mismo, sino para los demás.
Aquí
encontramos una clave para comprender qué clase de hijos somos. El verdadero
hijo de Dios procura parecerse a su Padre y seguir el ejemplo de Jesús.
Por
eso San Pablo nos dice: “Tengan entre ustedes los sentimientos propios de
Cristo Jesús”.
Elemento
para nuestra vida:
Preguntémonos:
-
¿Soy una persona humilde?
-
¿Sé pedir perdón?
-
¿Sé servir?
-
¿Busco siempre tener la razón?
-
¿Me alegro cuando al otro le va bien?
-
¿Pienso solamente en mis intereses?
-
¿Estoy dispuesto a ayudar a quien me necesita?
Ser
cristiano no consiste solamente en venir a misa. Es aprender a tener los
sentimientos de Cristo en la vida cotidiana.
4.
San Mateo: Los dos hijos. Y llegamos al Evangelio. Jesús cuenta la parábola
de un padre que tiene dos hijos.
Al
primero le dice: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña”. Él responde: “No
quiero”, pero después se arrepiente y va. Al segundo le dice lo mismo.
Este responde: “Voy, señor”, pero no va.
Entonces
Jesús hace una pregunta que nos alcanza directamente: ¿Cuál de los dos hizo
lo que quería el padre? La respuesta es clara: el primero. ¿Por
qué? Porque al final hizo la voluntad de su padre.
Aquí
está la enseñanza central de este Evangelio: no basta hablar; hay que
actuar. No basta prometer; hay que cumplir. No basta decir que creemos; nuestra
vida tiene que demostrarlo.
5.
Podemos comenzar diciendo “no”. El primer hijo dijo: “No quiero”. Su
respuesta inicial fue equivocada. Sin embargo, después reflexionó, se
arrepintió y fue. Esto nos enseña algo muy esperanzador: Dios puede
transformar un “no” en un “sí”.
Quizás
nosotros hemos dicho “no” muchas veces al Señor:
-
“No quiero perdonar”.
-
“No quiero cambiar”.
-
“No quiero dejar ese pecado”.
-
“No quiero acercarme a Dios”.
-
“No quiero colaborar”.
-
“No quiero servir”.
Pero
podemos cambiar de decisión.
Elemento
para nuestra vida: Nunca pensemos que nuestro “no” de ayer tiene que
ser nuestro “no” para siempre. La conversión consiste precisamente en cambiar
de camino.
6.
También podemos decir “sí” y no cumplir. El segundo hijo dijo algo
muy bonito: “Sí, señor”. Pero después no hizo lo que había prometido.
Esto
puede sucedernos a nosotros.
Decimos:
-
“Sí, Señor, voy a cambiar”.
-
“Sí, Señor, voy a perdonar”.
-
“Sí, Señor, voy a orar”.
-
“Sí, Señor, voy a acercarme más a la Iglesia”.
-
“Sí, Señor, voy a ayudar”.
Pero
después todo queda en palabras.
Por
eso Jesús nos pregunta hoy: ¿Somos cristianos solamente de palabras o
también de obras?
7.
La fe verdadera se demuestra con la vida
Podemos
venir a misa, rezar el Rosario, llevar una cruz, participar en grupos y hablar
mucho de Dios. Todo eso es bueno. Pero Jesús nos pide algo más: que nuestra fe
se vea en nuestra manera de vivir.
-
Si digo que amo a Dios, debo aprender a amar al
hermano.
-
Si digo que soy cristiano, debo saber perdonar.
-
Si digo que sigo a Jesús, debo aprender a servir.
-
Si digo que creo en la misericordia, debo ser
misericordioso.
-
La fe que no transforma la vida se queda solamente
en palabras.
8.
¿Qué hijo somos nosotros?
Esta
es la pregunta que debemos llevarnos hoy a casa.
-
¿Qué hijo soy yo?
-
¿Soy el hijo que habla mucho, pero hace poco?
-
¿Soy el hijo que promete, pero no cumple?
-
¿Soy el hijo que inicialmente se equivoca, pero
sabe arrepentirse y volver?
-
¿Soy capaz de reconocer mis errores?
-
¿Estoy dispuesto a cambiar?
-
¿Estoy haciendo la voluntad del Padre?
No
se trata de mirar al vecino, al esposo, a la esposa, al hijo, al compañero o al
hermano. Hoy Jesús me invita a mirarme a mí mismo.
9.
Dios espera nuestra respuesta concreta.
El
padre de la parábola manda a sus hijos a trabajar en la viña. La viña
representa también nuestra vida, nuestra familia, nuestra comunidad y la misión
que Dios nos ha confiado.
Dios
nos dice hoy: “Hijo, ve a trabajar en mi viña”. La respuesta no debe
quedarse solamente en nuestros labios. Tenemos una tarea concreta:
-
construir la paz en nuestra familia;
-
perdonar al que nos ha ofendido;
-
ayudar al necesitado;
-
visitar al enfermo;
-
educar cristianamente a nuestros hijos;
-
participar en la comunidad;
-
abandonar aquello que nos aleja de Dios;
-
vivir con honestidad; - servir con humildad.
10.
Siempre podemos decirle “sí” al Señor
Finalmente,
hermanos y hermanas, el Evangelio nos deja una palabra de esperanza: si hoy
descubrimos que hemos sido como el segundo hijo, todavía podemos cambiar. La
puerta está abierta.
Podemos
decirle al Señor: “Señor, ayer dije que sí y no cumplí. O quizás
dije que no. Pero hoy quiero volver a ti. Quiero entrar en tu viña. Quiero
hacer tu voluntad.”
Dios
no busca hijos perfectos. Busca hijos con un corazón dispuesto a convertirse. Por
eso, al terminar esta reflexión, quedémonos con tres preguntas:
-
¿Qué hijo soy?
-
¿Mis palabras corresponden con mis obras?
-
¿Qué cambio concreto me está pidiendo Dios hoy?
Que
María Santísima nos ayude a responder al Señor no solamente con los labios,
sino con toda nuestra vida. Y que podamos decir cada día, con sinceridad: “Aquí
estoy, Señor. Quiero hacer tu voluntad. “Amén.


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