Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc
San Gregorio Magno
(Jueves
3 de septiembre 2026. Vigésima segunda semana tiempo ordinario, lecturas: 1
Corintios 3,18-23; Salmo 23,1-6; Lucas 5,1-11)
Queridos
hermanos y hermanas:
Hoy
la Iglesia nos presenta la figura de San Gregorio Magno, un hombre de Dios,
un gran pastor, un hombre de oración, de sabidurÃa y de servicio. Fue Papa,
pero antes de ser un gran servidor de la Iglesia aprendió que todo lo que somos
y tenemos pertenece al Señor.
Las
lecturas de hoy nos ayudan a comprender cuál debe ser nuestra actitud como
cristianos.
1.
Primera lectura: “Que nadie se engañe”. San Pablo nos dice: “Que
nadie se engañe. Si alguno de ustedes se cree sabio según este mundo, que se
haga necio para llegar a ser sabio.”
AquÃ
encontramos una primera enseñanza para nuestra vida: no podemos
confundir la sabidurÃa humana con la sabidurÃa de Dios.
El
mundo nos dice: “Sé importante, busca poder, acumula riquezas, busca
reconocimiento”. Pero Dios nos dice: “Sé humilde, sirve, ama y pon tu vida en
mis manos.”
San
Gregorio Magno tenÃa muchas posibilidades humanas. HabÃa sido un hombre de
gran preparación y ocupó importantes responsabilidades. Sin embargo, comprendió
que todo eso tenÃa sentido solamente si estaba al servicio de Dios y de los
demás.
Por
eso San Pablo termina diciendo: “Todo es de ustedes, ustedes son de Cristo y
Cristo es de Dios.”
¡Qué
hermosa enseñanza!
-
No somos dueños absolutos de nuestra vida. Somos
de Cristo.
-
Nuestros talentos son de Cristo.
-
Nuestra familia es de Cristo.
-
Nuestro trabajo es de Cristo.
-
Nuestra comunidad es de Cristo.
-
Nuestra Iglesia es de Cristo.
Por
eso, hermanos, preguntémonos: ¿Estoy utilizando lo que Dios me ha dado
para servir o solamente para mà mismo?
2.
Salmo: “Del Señor es la tierra y cuanto la llena”. El Salmo nos
recuerda una verdad fundamental: “Del Señor es la tierra y cuanto la llena, el
mundo y todos sus habitantes.” Todo pertenece al Señor.
A
veces vivimos como si todo dependiera de nosotros. Nos preocupamos
demasiado por las cosas materiales, por el dinero, por el reconocimiento, por
tener más que los demás. Pero el salmista nos recuerda que el verdadero dueño
de todo es Dios.
Y
entonces pregunta: “¿Quién puede subir al monte del Señor?”. La
respuesta es: el hombre de manos inocentes y puro corazón.
AquÃ
tenemos otro elemento para nuestra vida: Dios no mira solamente
lo que tenemos; mira nuestro corazón.
Podemos
tener mucho dinero y tener un corazón vacÃo. Podemos tener una
posición importante y estar lejos de Dios. Podemos tener muchos conocimientos y
carecer de amor.
San
Gregorio Magno nos enseña precisamente esto: la grandeza verdadera no
está en ocupar un lugar importante, sino en tener un corazón dispuesto a
servir.
3.
Evangelio: “No tengas miedo; desde ahora serás pescador de hombres”. Llegamos al
Evangelio. Pedro y sus compañeros habÃan trabajado toda la noche y no habÃan
pescado nada.
¡Cuántas
veces también nosotros podemos sentirnos como Pedro!
-
Trabajamos y no vemos resultados.
-
Luchamos por nuestra familia y parece que nada
cambia.
-
Rezamos y pensamos que Dios no nos escucha.
-
Intentamos corregir una situación y volvemos a
caer.
Pedro
podrÃa haber dicho: “Ya no vale la pena”. Pero Jesús entra en su vida y
le dice: “Rema mar adentro y echen las redes para pescar.”
Pedro
confÃa en la palabra de Jesús. Y sucede el milagro. Las redes se llenan de
peces.
AquÃ
encontramos una enseñanza muy importante: cuando confiamos en la
palabra de Cristo, nuestra vida puede comenzar de nuevo.
Pedro
reconoce su pequeñez y dice: “Señor, apártate de mÃ, que soy un pecador.”
Pero Jesús no lo rechaza. Al contrario, le dice: “No tengas miedo.”
Y
después le entrega una misión: “Desde ahora serás pescador de hombres.”
4.
San Gregorio Magno: un hombre que dejó que Cristo lo enviara
AquÃ
podemos relacionar el Evangelio con San Gregorio Magno.
-
Gregorio pudo haberse quedado viviendo
cómodamente, pero Dios lo llamó a algo más grande. Dejó sus seguridades y se
entregó al servicio de la Iglesia.
-
Fue un verdadero pastor. Se preocupó por los
pobres, por la evangelización, por la formación de los sacerdotes y por la vida
espiritual del pueblo de Dios.
-
Su vida nos recuerda que Dios no llama solamente a las personas perfectas; Dios llama a personas disponibles.
Pedro
era pescador. Gregorio era un hombre de gran preparación. Cada uno recibió
una llamada diferente.
Y
nosotros también tenemos una llamada.
Quizás
Jesús te está diciendo hoy: “Rema mar adentro.”
-
No tengas miedo de comenzar nuevamente.
-
No tengas miedo de perdonar.
-
No tengas miedo de servir.
-
No tengas miedo de anunciar el Evangelio.
-
No tengas miedo de acercarte a una persona que
necesita de Dios.
5.
¿Qué elementos nos llevamos para nuestra vida?
Primero: no confiemos
solamente en nuestra propia sabidurÃa. Necesitamos la sabidurÃa de Dios. Como
San Gregorio, debemos pedir al Señor un corazón humilde.
Segundo: recordemos
que todo pertenece a Dios. Somos administradores, no propietarios absolutos. Lo
que tenemos debemos ponerlo al servicio de los demás.
Tercero: no tengamos
miedo de remar mar adentro. Cuando Jesús nos pide algo, aunque parezca difÃcil,
debemos confiar.
Cuarto: nuestras
frustraciones no son el final. Pedro habÃa pasado una noche sin pescar nada,
pero con Jesús llegó la abundancia. También nuestras noches difÃciles pueden
convertirse en mañanas de esperanza.
Quinto: Dios
transforma nuestra vida en misión. Pedro comenzó como pescador y terminó siendo
apóstol. San Gregorio comenzó con sus propias responsabilidades y terminó
entregando su vida al servicio de la Iglesia.
Conclusión
Queridos
hermanos y hermanas, hoy San Gregorio Magno nos invita a mirar nuestra vida
desde Dios. No importa tanto lo que tenemos, sino para qué lo estamos
utilizando.
No
importa solamente cuánto sabemos, sino si nuestra sabidurÃa nos acerca a Dios y
nos hace servir a los demás. Y cuando sintamos que hemos trabajado toda la
noche y no hemos conseguido nada, recordemos las palabras de Jesús:
“Rema
mar adentro.” Confiemos en Él.
Porque
cuando Cristo está en nuestra barca, podemos enfrentar las tormentas. Cuando
Cristo está en nuestra vida, nuestras redes vacÃas pueden volver a llenarse. Y
cuando Cristo nos llama, nuestra vida puede convertirse en una misión.
Pidamos
hoy por intercesión de San Gregorio Magno que el Señor nos conceda un corazón
humilde, sabio, generoso y dispuesto a servir.
Que
podamos decir cada dÃa: “Señor, aquà estoy. Tú eres el dueño de mi vida.
EnvÃame donde quieras y ayúdame a servirte con amor.” Amén.


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