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    viernes, 25 de septiembre de 2026

    Santos Cosme y Damián, mártires: vivir para Dios y servir a los demás


    Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc

     


    Santos Cosme y Damián, mártires: vivir para Dios y servir a los demás

    (Sábado 26 de septiembre 2026. Vigésima quinta semana tiempo ordinario, lecturas: Eclesiastés 11,9-12,8. Salmo 89. San Lucas 9,43-45)

     

    Queridos hermanos y hermanas:

     

    Hoy la Iglesia celebra con alegría la memoria de los Santos Cosme y Damián, mártires, dos hermanos que pusieron sus conocimientos y sus dones al servicio de los demás, especialmente de los enfermos y necesitados. La tradición cristiana los recuerda como médicos que ejercían su profesión gratuitamente y que, sobre todo, buscaban llevar a las personas hacia Dios. Por su fidelidad a Cristo, entregaron también su propia vida.

     

    Las lecturas de hoy nos ayudan a comprender que la vida es un regalo de Dios, tiene un tiempo determinado y debe ser vivida con sabiduría, generosidad y fe.

     

    1. Eclesiastés 11,9-12,8: Aprovechemos nuestra juventud y nuestras capacidades

    El libro del Eclesiastés nos habla de la juventud, de la alegría y del paso del tiempo. Nos invita a disfrutar de los dones de Dios, pero sin olvidar que nuestra vida tiene una responsabilidad delante de Él.

    El autor nos recuerda una verdad sencilla: la vida pasa rápidamente. La juventud pasa, las fuerzas disminuyen, los años avanzan y llega el momento en que tenemos que presentarnos ante Dios.

    Para nuestra vida:

    -                     No debemos desperdiciar el tiempo que Dios nos concede.

    -                     Aprovechemos nuestras capacidades para hacer el bien.

    -                     No dejemos para mañana el amor, el perdón y el servicio.

    -                     Lo que tenemos hoy puede convertirse en una oportunidad para ayudar a alguien.

    -                     Vivamos cada etapa de la vida con gratitud.

    Los Santos Cosme y Damián comprendieron esto. No utilizaron sus conocimientos solamente para beneficio personal. Pusieron sus capacidades al servicio de los enfermos y de los pobres.

     

    2. “Acuérdate de tu Creador”. El Eclesiastés repite una invitación fundamental: “Acuérdate de tu Creador”.

    Este es uno de los grandes problemas de nuestro tiempo: podemos tener muchas cosas y, sin embargo, olvidarnos de Dios. Podemos estar ocupados trabajando, estudiando, buscando dinero, preocupados por la familia o por los problemas diarios, pero debemos preguntarnos:

    ¿Dónde está Dios en mi vida?

    Los Santos Cosme y Damián no olvidaron a su Creador. Su profesión, su servicio y su testimonio estaban iluminados por la fe.

    Por eso, hermanos, no esperemos estar enfermos, ancianos o en dificultades para acordarnos de Dios. Acordémonos de Él hoy, cuando tenemos salud, fuerzas y oportunidades.

     

    3. Salmo 89: “Enséñanos a calcular nuestros años”. El salmista nos presenta una oración muy profunda: “Enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato.” No se trata simplemente de contar cuántos años tenemos. Se trata de preguntarnos: ¿Qué estoy haciendo con los años que Dios me ha regalado?

    Podemos vivir muchos años y no dejar una huella de amor. También podemos vivir menos años y hacer mucho bien.

    Los Santos Cosme y Damián nos enseñan que la grandeza de una vida no se mide solamente por su duración, sino por el amor con que se vive.

    Por eso podemos pedir hoy: “Señor, enséñame a valorar mi tiempo, a no desperdiciarlo y a utilizarlo para amar, servir y hacer el bien.”

     

    4. La vida es frágil y necesitamos sabiduría. El Salmo también nos recuerda que somos criaturas frágiles. Nuestra vida es como una flor que nace y pronto se marchita.

    Esto no debe producirnos miedo, sino sabiduría.

    La fragilidad de la vida nos enseña a:

    -                     valorar a la familia;

    -                     cuidar a los enfermos;

    -                     reconciliarnos con quien estamos enemistados;

    -                     pedir perdón;

    -                     perdonar;

    -                     agradecer;

    -                     acercarnos más a Dios.

    Los Santos Cosme y Damián dedicaron su vida precisamente a cuidar la vida de los demás. Y cuando llegó la persecución, no abandonaron a Cristo para salvar su propia vida.

     

    5. Lucas 9,43-45: Jesús anuncia su pasión. En el Evangelio, mientras todos están admirados por las obras que Jesús realiza, Él dice a sus discípulos: “El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres.”

    Los discípulos no comprenden estas palabras. Jesús les está anunciando su pasión y su muerte.

    Aquí encontramos una enseñanza importante: seguir a Jesús no significa solamente recibir bendiciones; significa también estar dispuesto a permanecer fiel en los momentos difíciles.

    Los Santos Cosme y Damián entendieron este mensaje. Fueron discípulos de Cristo no solamente cuando las cosas eran fáciles, sino también cuando tuvieron que enfrentar la persecución y el martirio.

     

    6. La fe verdadera permanece en las pruebas. Una fe que solamente busca beneficios puede desaparecer cuando llegan los problemas.

    Pero una fe madura dice: “Señor, estoy contigo cuando todo va bien y también cuando llegan las dificultades.”

    Cosme y Damián pudieron haber renunciado a su fe para salvarse, pero prefirieron permanecer fieles a Cristo.

    Esto nos pregunta hoy:

    -                     ¿Qué tan firme es nuestra fe?

    -                     ¿Seguimos creyendo cuando tenemos problemas económicos?

    -                     ¿Seguimos confiando cuando llega una enfermedad?

    -                     ¿Seguimos orando cuando no obtenemos inmediatamente lo que pedimos?

    -                     ¿Seguimos haciendo el bien, aunque nadie nos agradezca?

     

    7. Servir gratuitamente es una manera de evangelizar

    Una característica tradicionalmente asociada a los Santos Cosme y Damián es su servicio gratuito a los enfermos.

    Esto tiene un mensaje muy actual: no todo en la vida puede reducirse al dinero.

    Hay cosas que hacemos por amor:

    -                     visitar un enfermo;

    -                     acompañar a un anciano;

    -                     escuchar a una persona triste;

    -                     ayudar a una familia necesitada;

    -                     enseñar al que no sabe;

    -                     llevar una palabra de esperanza.

    Cuando servimos gratuitamente, estamos diciendo con nuestras obras que el amor de Dios no tiene precio.

     

    8. El sufrimiento de Cristo ilumina nuestros sufrimientos.

    Jesús anuncia su pasión antes de llegar a Jerusalén. Él sabe que va hacia la cruz, pero no abandona su misión.

    También nosotros encontramos cruces en nuestra vida. Hay enfermedades, problemas familiares, soledad, dificultades económicas, incomprensiones y pérdidas.

    La cruz cristiana no significa buscar el sufrimiento. Significa permanecer unidos a Cristo cuando el sufrimiento aparece. Los mártires Cosme y Damián nos recuerdan que una vida entregada a Cristo nunca es una vida perdida.

     

    9. No tengamos miedo de poner nuestros dones al servicio de Dios.

    Cada persona ha recibido capacidades diferentes.

    -                     Unos saben enseñar.

    -                     Otros saben cuidar.

    -                     Otros saben escuchar.

    -                     Otros saben organizar.

    -                     Otros saben consolar.

    -                     Otros saben trabajar con sus manos.

    La pregunta no es solamente: “¿Qué tengo?” Sino: “¿Para qué puedo utilizar lo que tengo?”

    Los dones que Dios nos da alcanzan su verdadero sentido cuando se convierten en servicio.

     

    10. Una vida entregada a Dios produce frutos.

    Queridos hermanos y hermanas, los Santos Cosme y Damián nos dejan una enseñanza hermosa: podemos convertir nuestra profesión, nuestro trabajo, nuestra familia y nuestras capacidades en un camino de santidad.

    No todos estamos llamados al martirio de sangre, pero todos estamos llamados a dar testimonio de Cristo.

    Que ellos intercedan especialmente por los médicos, enfermeros, profesionales de la salud, cuidadores y por todos los enfermos.

    Pidamos también que aprendamos a valorar el tiempo que Dios nos concede, como dice el Eclesiastés; que tengamos un corazón sensato, como pide el Salmo; y que sepamos aceptar a Cristo incluso cuando el camino pasa por la cruz.

    Que los Santos Cosme y Damián nos enseñen a vivir con fe, servir con amor y permanecer fieles a Cristo hasta el final. Amén.








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