Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc
Santos Cosme y Damián,
mártires: vivir para Dios y servir a los demás
(Sábado 26 de septiembre 2026. Vigésima
quinta semana tiempo ordinario, lecturas: Eclesiastés 11,9-12,8. Salmo 89. San
Lucas 9,43-45)
Queridos hermanos y hermanas:
Hoy la Iglesia celebra con alegría la
memoria de los Santos Cosme y Damián, mártires, dos hermanos que
pusieron sus conocimientos y sus dones al servicio de los demás, especialmente
de los enfermos y necesitados. La tradición cristiana los recuerda como médicos
que ejercían su profesión gratuitamente y que, sobre todo, buscaban llevar a
las personas hacia Dios. Por su fidelidad a Cristo, entregaron también su
propia vida.
Las lecturas de hoy nos ayudan a
comprender que la vida es un regalo de Dios, tiene un tiempo determinado y debe
ser vivida con sabiduría, generosidad y fe.
1. Eclesiastés 11,9-12,8: Aprovechemos nuestra juventud y nuestras capacidades
El libro del Eclesiastés nos habla de
la juventud, de la alegría y del paso del tiempo. Nos invita a disfrutar de los
dones de Dios, pero sin olvidar que nuestra vida tiene una responsabilidad
delante de Él.
El autor nos recuerda una verdad
sencilla: la vida pasa rápidamente. La juventud
pasa, las fuerzas disminuyen, los años avanzan y llega el momento en que
tenemos que presentarnos ante Dios.
Para nuestra vida:
-
No debemos
desperdiciar el tiempo que Dios nos concede.
-
Aprovechemos
nuestras capacidades para hacer el bien.
-
No dejemos
para mañana el amor, el perdón y el servicio.
-
Lo que
tenemos hoy puede convertirse en una oportunidad para ayudar a alguien.
-
Vivamos
cada etapa de la vida con gratitud.
Los Santos Cosme y Damián comprendieron
esto. No utilizaron sus conocimientos
solamente para beneficio personal. Pusieron sus capacidades al servicio de los
enfermos y de los pobres.
2. “Acuérdate de tu Creador”. El Eclesiastés repite una invitación fundamental:
“Acuérdate de tu Creador”.
Este es uno de los grandes problemas de
nuestro tiempo: podemos tener muchas
cosas y, sin embargo, olvidarnos de Dios. Podemos estar ocupados trabajando,
estudiando, buscando dinero, preocupados por la familia o por los problemas
diarios, pero debemos preguntarnos:
¿Dónde está Dios en mi vida?
Los Santos Cosme y Damián no olvidaron
a su Creador. Su profesión, su
servicio y su testimonio estaban iluminados por la fe.
Por eso, hermanos, no esperemos estar
enfermos, ancianos o en dificultades para acordarnos de Dios. Acordémonos de Él
hoy, cuando tenemos salud, fuerzas y oportunidades.
3. Salmo 89: “Enséñanos a calcular
nuestros años”. El salmista
nos presenta una oración muy profunda: “Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.” No se trata simplemente de contar
cuántos años tenemos. Se trata de preguntarnos: ¿Qué estoy haciendo con los
años que Dios me ha regalado?
Podemos vivir muchos años y no dejar
una huella de amor. También podemos vivir menos años y hacer mucho bien.
Los Santos Cosme y Damián nos enseñan que la grandeza de una vida no se mide solamente por su
duración, sino por el amor con que se vive.
Por eso podemos pedir hoy: “Señor,
enséñame a valorar mi tiempo, a no desperdiciarlo y a utilizarlo para amar,
servir y hacer el bien.”
4. La vida es frágil y necesitamos
sabiduría. El Salmo también nos
recuerda que somos criaturas frágiles. Nuestra vida es como una flor que nace y
pronto se marchita.
Esto no debe producirnos miedo, sino
sabiduría.
La fragilidad de la vida nos enseña a:
-
valorar a
la familia;
-
cuidar a
los enfermos;
-
reconciliarnos
con quien estamos enemistados;
-
pedir
perdón;
-
perdonar;
-
agradecer;
-
acercarnos
más a Dios.
Los Santos Cosme y Damián dedicaron su vida precisamente a cuidar la vida de los demás. Y
cuando llegó la persecución, no abandonaron a Cristo para salvar su propia
vida.
5. Lucas 9,43-45: Jesús anuncia su pasión. En el Evangelio, mientras
todos están admirados por las obras que Jesús realiza, Él dice a sus
discípulos: “El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres.”
Los discípulos no comprenden estas
palabras. Jesús les está anunciando su pasión y su muerte.
Aquí encontramos una enseñanza importante: seguir a Jesús no significa solamente recibir
bendiciones; significa también estar dispuesto a permanecer fiel en los
momentos difíciles.
Los Santos Cosme y Damián entendieron
este mensaje. Fueron discípulos de
Cristo no solamente cuando las cosas eran fáciles, sino también cuando tuvieron
que enfrentar la persecución y el martirio.
6. La fe verdadera permanece en las pruebas. Una fe que solamente busca beneficios puede desaparecer cuando llegan los problemas.
Pero una fe madura dice: “Señor, estoy contigo cuando todo va bien y también cuando
llegan las dificultades.”
Cosme y Damián pudieron haber
renunciado a su fe para salvarse, pero prefirieron permanecer fieles a Cristo.
Esto nos pregunta hoy:
-
¿Qué tan
firme es nuestra fe?
-
¿Seguimos
creyendo cuando tenemos problemas económicos?
-
¿Seguimos
confiando cuando llega una enfermedad?
-
¿Seguimos
orando cuando no obtenemos inmediatamente lo que pedimos?
-
¿Seguimos
haciendo el bien, aunque nadie nos agradezca?
7. Servir gratuitamente es una manera
de evangelizar
Una característica tradicionalmente
asociada a los Santos Cosme y Damián es su servicio gratuito a los enfermos.
Esto tiene un mensaje muy actual: no
todo en la vida puede reducirse al dinero.
Hay cosas que hacemos por amor:
-
visitar un
enfermo;
-
acompañar a
un anciano;
-
escuchar a
una persona triste;
-
ayudar a
una familia necesitada;
-
enseñar al
que no sabe;
-
llevar una
palabra de esperanza.
Cuando servimos gratuitamente, estamos
diciendo con nuestras obras que el amor de Dios no tiene precio.
8. El sufrimiento de Cristo ilumina
nuestros sufrimientos.
Jesús anuncia su pasión antes de llegar
a Jerusalén. Él sabe que va hacia la cruz, pero no abandona su misión.
También nosotros encontramos cruces en
nuestra vida. Hay enfermedades,
problemas familiares, soledad, dificultades económicas, incomprensiones y
pérdidas.
La cruz cristiana no significa buscar
el sufrimiento. Significa permanecer unidos a Cristo cuando el sufrimiento
aparece. Los mártires Cosme y Damián nos recuerdan que una vida entregada a
Cristo nunca es una vida perdida.
9. No tengamos miedo de poner nuestros
dones al servicio de Dios.
Cada persona ha recibido capacidades
diferentes.
-
Unos saben
enseñar.
-
Otros saben
cuidar.
-
Otros saben
escuchar.
-
Otros saben
organizar.
-
Otros saben
consolar.
-
Otros saben
trabajar con sus manos.
La pregunta no es solamente: “¿Qué
tengo?” Sino: “¿Para qué puedo utilizar lo que tengo?”
Los dones que Dios nos da alcanzan su
verdadero sentido cuando se convierten en servicio.
10. Una vida entregada a Dios produce
frutos.
Queridos hermanos y hermanas, los
Santos Cosme y Damián nos dejan una enseñanza hermosa: podemos convertir
nuestra profesión, nuestro trabajo, nuestra familia y nuestras capacidades en
un camino de santidad.
No todos estamos llamados al martirio
de sangre, pero todos estamos llamados a dar testimonio de Cristo.
Que ellos intercedan especialmente por
los médicos, enfermeros, profesionales de la salud, cuidadores y por todos los
enfermos.
Pidamos también que aprendamos a
valorar el tiempo que Dios nos concede, como dice el Eclesiastés; que tengamos
un corazón sensato, como pide el Salmo; y que sepamos aceptar a Cristo incluso
cuando el camino pasa por la cruz.
Que los Santos Cosme y Damián nos
enseñen a vivir con fe, servir con amor y permanecer fieles a Cristo hasta el
final. Amén.


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