Un Momento | Mons. Ramón Benito de la Rosa y Carpio apmprensa@gmail.com
La fe también es acompañar
Nadie debería
atravesar sus días difíciles sin encontrar una mano cercana. También quienes
creemos en Dios sentimos cansancio, miedo y soledad. Necesitamos hermanos que
nos escuchen, que recen con nosotros y nos ayuden a mantener encendida la
esperanza.
La fe
compartida aligera el peso del camino porque nos recuerda que pertenecemos a
una familia. ¡Cuánto bien hace escuchar: “Estoy contigo, voy a orar por ti”!
Pero esas palabras deben estar acompañadas de presencia, tiempo y gestos.
Busquemos hoy
a quien sufre en silencio. Preguntemos cómo está, sin prisa por terminar la
conversación. Oremos por él y con él. Muchas veces, la ternura del Señor llega
así: mediante alguien que se acerca, escucha y ayuda a otro a recuperar las
fuerzas para seguir. Hasta mañana, si Dios, usted y yo lo
queremos.



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