Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc
El matrimonio, amor, respeto y entrega
(Martes
27 de octubre 2026. Trigésima semana tiempo ordinario. lecturas: Efesios
5,21-33; Salmo 127; San Lucas 13,18-21)
1.-Primera
lectura: Efesios 5,21-33 — Amar como Cristo ama
Queridos
hermanos y hermanas:
La
Palabra de Dios nos invita hoy a reflexionar sobre el matrimonio, una vocación
que necesita amor, respeto, comprensión y entrega. San Pablo nos presenta el
amor de Cristo por la Iglesia como modelo del amor matrimonial. Cristo ama,
se entrega, cuida y permanece fiel.
El
matrimonio no consiste solamente en vivir bajo el mismo techo, sino en aprender
a caminar juntos, compartir las alegrÃas, afrontar las dificultades y ayudarse
mutuamente a crecer.
Elementos
concretos para nuestra vida:
1.
El respeto debe ser mutuo. El esposo y la esposa tienen la misma dignidad
ante Dios. Ninguno debe humillar, despreciar ni tratar al otro como si fuera
inferior.
2.
Amar significa entregarse. El verdadero amor no busca solamente recibir;
también sabe dar, ayudar, sacrificarse y procurar el bienestar del otro.
3.
El diálogo evita muchas heridas. Antes de discutir, aprendamos a escuchar.
Muchas dificultades matrimoniales pueden resolverse cuando ambos hablan con
sinceridad y sin ofenderse.
4.
La fidelidad se demuestra cada dÃa. Ser fiel no significa
únicamente evitar una infidelidad; significa también cumplir la palabra dada,
ser transparente y cuidar la confianza del cónyuge.
5.
No debemos utilizar las palabras para destruir. Las ofensas, los
insultos y las humillaciones dejan heridas profundas. Una palabra amable puede
devolver la alegrÃa y la esperanza al hogar.
6.
El amor necesita perdón. En toda convivencia aparecen errores y
diferencias. Reconocer las propias faltas, pedir perdón y procurar cambiar son
señales de madurez cristiana.
7.
El matrimonio es responsabilidad de los dos. Las tareas del hogar, la
educación de los hijos, las preocupaciones económicas y las decisiones
familiares deben compartirse con justicia y generosidad.
8.
Cristo debe ser el modelo del amor matrimonial. Asà como Jesús no
abandona a su Iglesia, los esposos están llamados a cuidarse y acompañarse. La
entrega cristiana nunca justifica la violencia, el control ni el maltrato.
La
pregunta que debemos hacernos es esta: ¿Estoy amando a mi
esposo o a mi esposa como Cristo nos enseña a amar?
2.
Salmo 127 — La bendición de Dios sobre la familia
El
salmo nos presenta la familia como un espacio de bendición, fruto del trabajo y
del amor. La imagen de la esposa como vid fecunda y de los hijos como brotes de
olivo expresa la alegrÃa de una familia que crece bajo la bendición del Señor.
La
familia no es perfecta, pero puede convertirse en un lugar donde cada persona
encuentre acogida, seguridad, respeto y esperanza.
Elementos
concretos para nuestra vida:
9.
Poner a Dios en el centro del hogar. La oración en familia,
la participación en la EucaristÃa y la lectura de la Palabra ayudan a
fortalecer la unión matrimonial.
10.
Valorar el trabajo y el esfuerzo del otro. No debemos dar por
sentado lo que hace nuestro cónyuge. Agradecer la comida preparada, el trabajo
realizado o la preocupación por los hijos fortalece el amor.
11.
Educar a los hijos con el ejemplo. Los hijos aprenden del trato que observan
entre sus padres. Si ven respeto, honestidad, responsabilidad y perdón, tendrán
un modelo concreto para su propia vida.
12.
No medir la felicidad familiar por el dinero. Los recursos económicos
son necesarios, pero no sustituyen el cariño, la presencia, la comunicación ni
la paz del hogar.
13.
Dedicar tiempo a la familia. No basta con trabajar para mantener la casa;
también hay que estar presentes. Una conversación, una comida compartida o un
momento de oración pueden fortalecer los vÃnculos familiares.
14.
Acompañarse en los momentos difÃciles. La enfermedad, el
desempleo, las preocupaciones económicas y los problemas de los hijos ponen a
prueba el matrimonio. En esas circunstancias, los esposos están llamados a ser
compañeros y no adversarios.
Recordemos,
hermanos y hermanas, que una familia bendecida no es aquella que
nunca tiene problemas, sino aquella que aprende a afrontarlos con fe, diálogo,
responsabilidad y amor.
3.
Evangelio: San Lucas 13,18-21 — El Reino de Dios crece como el grano de mostaza
y la levadura
Jesús
compara el Reino de Dios con un grano de mostaza que crece hasta convertirse en
un árbol y con la levadura que hace fermentar toda la masa.
Estas
imágenes nos enseñan que las cosas grandes comienzan muchas veces con algo
pequeño. También el amor matrimonial crece mediante detalles sencillos que,
repetidos cada dÃa, transforman la convivencia.
Elementos
concretos para nuestra vida:
15.
Comenzar con pequeños gestos de amor. Un saludo cariñoso, un
abrazo, una palabra de agradecimiento o preguntar cómo estuvo el dÃa pueden
renovar la relación.
16.
No esperar grandes acontecimientos para demostrar amor. El amor se
demuestra en la vida cotidiana: cuando uno está cansado, cuando el otro
necesita ayuda o cuando surgen dificultades.
17.
Ser levadura de paz dentro del hogar. En lugar de alimentar
los conflictos, procuremos reconciliar, comprender y buscar soluciones. Que
nuestra presencia ayude a crear un ambiente de paz.
18.
Tener paciencia con el crecimiento del otro. Nadie cambia de un dÃa
para otro. Los esposos necesitan darse tiempo, corregirse con respeto y
reconocer los esfuerzos que cada uno realiza.
19.
No permitir que los pequeños problemas se conviertan en grandes heridas. Una molestia
no expresada, un resentimiento guardado o una falta de atención pueden crecer
si no se hablan a tiempo. Es mejor conversar con serenidad.
20.
Renovar diariamente el compromiso matrimonial. Casarse no es solamente
pronunciar un sà en el altar. Es volver a decir sà con las decisiones de cada
jornada: sà al respeto, sà a la fidelidad, sà al diálogo y sà a la entrega.
21.
Dejar que Dios transforme nuestro hogar. Asà como la levadura
transforma la masa, la Palabra de Dios debe transformar nuestras actitudes,
ayudándonos a ser más pacientes, humildes, comprensivos y generosos.
La
pregunta que nos deja el Evangelio es: ¿Qué pequeño gesto puedo
comenzar hoy para que crezca el amor en mi matrimonio y en mi familia?
Conclusión:
Tres compromisos para fortalecer el matrimonio
Queridos
hermanos y hermanas, las lecturas de hoy nos dejan tres enseñanzas
fundamentales:
-
Amor: aprender a entregarnos sinceramente, buscando también el bien del
otro.
-
Respeto:
reconocer la dignidad del esposo o de la esposa, escuchar sus opiniones y
tratarle con consideración.
-
Entrega:
demostrar el amor con acciones concretas, especialmente cuando llegan las
dificultades.
No
olvidemos que el matrimonio se parece al grano de mostaza y a la levadura del
Evangelio: crece poco a poco, mediante los pequeños gestos de cada dÃa.
Por
eso, invito a cada esposo y a cada esposa a preguntarse: ¿Qué puedo mejorar en
mi manera de amar? ¿Qué herida debo ayudar a sanar? ¿Qué gesto de cariño he
dejado de expresar? ¿Cómo puedo contribuir a que mi hogar sea un lugar de paz?
Que
el Señor bendiga a los matrimonios, fortalezca a las familias que atraviesan
dificultades, conceda sabidurÃa a los padres para educar a sus hijos y enseñe a
todos a vivir un amor que no humille, no abandone y no destruya, sino que
acompañe, respete y ayude a crecer.
Que
nuestro matrimonio sea una escuela de amor, una casa de respeto y una comunidad
de entrega, donde Cristo esté presente y donde cada miembro de la familia pueda
experimentar la alegrÃa de saberse amado. Amén.



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