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    martes, 27 de octubre de 2026

    La sotana y el uniforme: el reto ético de monseñor Morel


    Actualidad Nacional | Melvin Matthews

     


    La sotana y el uniforme: el reto ético de monseñor Morel

     

    La asunción de monseñor Carlos Tomás Morel Diplán como el 51.º arzobispo metropolitano de Santo Domingo y primado de América trasciende la simple renovación eclesiástica en la República Dominicana.

     

    La asunción de monseñor Carlos Tomás Morel Diplán como el 51.º arzobispo metropolitano de Santo Domingo y primado de América trasciende la simple renovación eclesiástica en la República Dominicana. El acontecimiento implica una transformación profunda en la conducción ética y pastoral de los cuerpos armados y de seguridad del Estado.

     

    Al asumir simultáneamente la jefatura del Ordinariato Castrense, Morel Diplán recibe simbólicamente las insignias correspondientes al rango de mayor general, posicionándose en la cúspide de la dirección espiritual de las Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional. No obstante, el impacto fundamental de este nombramiento no reside en las prerrogativas o los honores del escalafón militar, sino en el rigor conceptual y en el compromiso moral que estructuran su trayectoria doctrinal.

     

    Históricamente, la Iglesia Católica ha mantenido una relación de cooperación institucional con los estamentos castrenses mediante el Concordato de 1954, proveyendo asistencia religiosa en recintos y bases. Sin embargo, las posturas previas del nuevo arzobispo sugieren que su gestión no se limitará a la mera observancia litúrgica ni a la complacencia institucional. Morel Diplán se caracteriza por un discurso analítico y ajeno a los pragmatismos de la retórica oficialista. En un contexto social propenso a demandar medidas represivas inmediatas o a aplaudir estrategias basadas en el populismo punitivo, su llegada a la principal sede episcopal del país introduce un contrapeso de coherencia axiológica frente al uso de la fuerza pública.

     

    El elemento más definitorio de su pensamiento radica en su oposición categórica a los denominados “intercambios de disparos”. Mientras diversos sectores justifican el deceso de presuntos infractores bajo premisas de legítima defensa o pacificación urbana, el prelado sostiene que la violencia institucional no constituye un mecanismo válido para restablecer el orden. Su argumentación es inequívoca: el respeto a la dignidad y a la vida humana tiene carácter absoluto. En consecuencia, un organismo estatal encargado de hacer cumplir la ley incurre en una contradicción insostenible si recurre a métodos que vulneran los principios constitucionales y los derechos fundamentales de los ciudadanos.

     

    Asimismo, Morel Diplán ha cuestionado con severidad el enfoque paliativo con el que las autoridades abordan la seguridad ciudadana. Sostiene que la política criminal no puede operar de manera reactiva, focalizando esfuerzos estatales únicamente cuando una tragedia captura la atención de la opinión pública. La célebre máxima del arzobispo, "un caso tumba a otro", ilustra con precisión el carácter efímero de las intervenciones gubernamentales y el ciclo de olvido que perpetúa la delincuencia.

     

    Para el religioso, la militarización temporal o el incremento del hacinamiento carcelario resultan ineficaces si no se interviene de forma prioritaria en los determinantes estructurales subyacentes, tales como el microtráfico, la exclusión social y la ausencia de formación técnico-profesional en los entornos marginados.

     

    El principal desafío metodológico que enfrenta Morel Diplán en el Ordinariato Castrense será la transformación de la red de capellanías en verdaderos mecanismos de auditoría ética interna. Los capellanes desplegados en los destacamentos policiales y cuarteles deben evolucionar de una función estrictamente ritual a una de supervisión conductual, promoviendo la transparencia e instruyendo a los agentes en el respeto a los convenios internacionales.

     

    La desconfianza civil hacia la autoridad policial solo se revierte mediante la integridad operativa. La gestión que inicia presenta la oportunidad histórica de demostrar que la doctrina ética de la sotana y la disciplina del uniforme pueden converger, no para ejercer la coerción, sino para edificar una convivencia pacífica fundamentada en la justicia estructural y el amparo de los derechos ciudadanos.

     

    Hoy.com.do







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