Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc
«Quien comenzó la obra, la llevará a su término»
(Viernes
30 de octubre 2026. Trigésima semana tiempo ordinario, lecturas: Primera
lectura: Filipenses 1,1-11. - Salmo 110 (111). - Evangelio: San Lucas 14,1-6)
Introducción
Queridos
hermanos y hermanas:
La
Palabra de Dios de este día nos invita a confiar en el Señor y a no
desanimarnos en el camino de nuestra vida cristiana. Muchas veces comenzamos
algo con entusiasmo, pero después aparecen las dificultades, los problemas, los
cansancios y las decepciones. A veces queremos abandonar aquello que hemos
comenzado porque no vemos los resultados que esperábamos.
Sin
embargo, san Pablo nos recuerda una verdad muy hermosa: Dios no comienza una
obra para dejarla inconclusa. Él es fiel y quiere llevar a término lo que ha
comenzado en nosotros.
Dios
comenzó su obra en nosotros el día de nuestro bautismo. Nos llamó a la fe, nos
hizo sus hijos, nos regaló su Espíritu y nos invitó a vivir en el amor. Ahora
nos corresponde colaborar con esa obra, dejándonos transformar por su gracia.
Veamos
algunos elementos concretos que nos ofrecen las lecturas.
1.
Primera lectura: Filipenses 1,1-11. Dios no abandona la obra que ha comenzado
en nosotros.
San
Pablo escribe a los cristianos de Filipos y les manifiesta su alegría, su
cariño y su agradecimiento a Dios por la fe que han recibido.
Elementos
para nuestra vida:
1.
Agradecer a Dios por las personas que forman parte de nuestra vida. San Pablo
recuerda a los filipenses con cariño. Nosotros también debemos agradecer por
nuestra familia, nuestros amigos, nuestra comunidad y todas aquellas personas
que nos ayudan a crecer.
2.
Reconocer que nuestra vida es una obra de Dios. No somos producto de la
casualidad. Dios nos ha llamado, nos ha amado y ha sembrado en nuestro corazón
la semilla de la fe. No debemos vivir como si Dios no tuviera nada que ver con
nuestra historia.
3.
No abandonar el camino cuando aparecen las dificultades. Hay personas
que comienzan a orar, pero dejan de hacerlo; comienzan a participar en la
Iglesia, pero se alejan; comienzan a cambiar su comportamiento, pero regresan a
sus antiguos errores. La perseverancia es fundamental.
4.
Dejar que Dios complete nuestra transformación. No basta con comenzar
bien. Necesitamos continuar creciendo en humildad, paciencia, generosidad,
perdón y amor. La conversión no es solamente un momento, es un camino de toda
la vida.
5.
Crecer en un amor que se traduzca en obras. San Pablo pide que el
amor de los filipenses siga creciendo en conocimiento y sensibilidad. No basta
decir que amamos a Dios; tenemos que demostrarlo tratando bien a los demás,
ayudando al necesitado y evitando hacer daño.
6.
Prepararnos cada día para encontrarnos con el Señor. San Pablo
desea que los cristianos lleguen limpios e irreprochables al día de Cristo.
Esto significa vivir con responsabilidad, cuidar nuestras acciones y no dejar
para mañana nuestra conversión.
Una
enseñanza para destacar: No importa cuántas veces hayamos fallado; lo
importante es no cerrar el corazón a Dios. Él sigue trabajando en nosotros.
2.
Salmo 110. Las obras del Señor son grandes y permanece su fidelidad.
El
salmo nos invita a reconocer las maravillas que Dios realiza. Sus obras son
grandes, su misericordia es permanente y su fidelidad no tiene fin.
Elementos
para nuestra vida:
1.
Aprender a reconocer las obras de Dios. Muchas veces nos
concentramos tanto en los problemas que olvidamos las bendiciones recibidas: la
vida, la salud, la familia, el alimento y las oportunidades de comenzar
nuevamente.
2.
No olvidar los beneficios del Señor. Cuando llegan las
dificultades, recordemos las veces que Dios nos ha sostenido. La memoria de sus
bendiciones fortalece nuestra confianza.
3.
Confiar en la fidelidad de Dios. Las personas pueden fallarnos, las
circunstancias pueden cambiar, pero Dios permanece fiel. Su amor no depende de
nuestros éxitos ni desaparece por nuestras debilidades.
4.
Practicar la justicia y la misericordia. Si Dios es bueno con
nosotros, también nosotros debemos ser buenos con los demás. No podemos pedir
misericordia y vivir condenando a nuestros hermanos.
Una
enseñanza para destacar: Quien reconoce las obras de Dios aprende a vivir
agradecido, confiado y dispuesto a hacer el bien.
3.
Evangelio: San Lucas 14,1-6. Hacer
el bien siempre, sin poner excusas.
Jesús
entra en casa de uno de los principales fariseos para comer, y allí se
encuentra con un hombre enfermo de hidropesía. Los presentes lo observan para
ver qué hace Jesús, porque era sábado.
Jesús
les plantea una pregunta muy importante: «¿Es lícito curar los sábados o no?».
Como nadie responde, Jesús toma al enfermo, lo cura y lo despide.
Elementos
concretos para nuestra vida:
1.
No vivir pendientes de las críticas de los demás. Jesús sabía que lo
estaban observando, pero no permitió que las críticas le impidieran hacer el
bien. Nosotros tampoco debemos dejar de ayudar por miedo a lo que otros puedan
decir.
2.
La persona debe estar por encima de los formalismos. Los fariseos
estaban más preocupados por la norma del sábado que por el sufrimiento de aquel
hombre. No podemos cumplir nuestras obligaciones religiosas y olvidarnos de las
necesidades humanas.
3.
No poner excusas para hacer el bien. Si podemos ayudar a
alguien, hagámoslo. Si podemos visitar a un enfermo, visitar al enfermo. Si
podemos reconciliarnos, demos el primer paso. No esperemos siempre el momento
perfecto.
4.
Jesús no es indiferente al sufrimiento humano. Aquel hombre necesitaba
ser curado y Jesús se acercó a él. Nosotros debemos tener ojos para descubrir a
quienes sufren: los enfermos, los ancianos, los pobres, las personas solas y
las familias que atraviesan dificultades.
5.
La verdadera fe se demuestra con misericordia. No basta asistir a misa,
rezar el rosario o conocer la Biblia. Nuestra fe debe manifestarse en la manera
como tratamos a las personas, especialmente a las más necesitadas.
6.
Hacer el bien es una responsabilidad de todos los días. Jesús no
aplazó la curación. Nosotros tampoco debemos aplazar el perdón, la
reconciliación, la solidaridad y las buenas acciones.
Una
enseñanza para destacar: Una religión que no nos lleva a amar, ayudar y
servir a los demás necesita ser revisada.
4.
¿Qué nos pide hoy la Palabra de Dios?
A
partir de estas tres lecturas, podemos llevarnos cinco compromisos concretos:
1-
No abandonar la fe cuando aparezcan los problemas.
2.
Confiar en que Dios sigue trabajando en nuestra vida.
3.
No cansarnos de luchar por nuestra conversión personal.
4.
No poner excusas cuando tengamos la oportunidad de hacer el bien.
5.
Demostrar nuestra fe mediante el amor, la misericordia y el servicio.
Conclusión
Queridos
hermanos y hermanas:
Dios
comenzó una obra maravillosa en cada uno de nosotros. La comenzó cuando nos
llamó a la vida, la fortaleció cuando recibimos el bautismo y continúa
desarrollándola cada día mediante su Palabra, los sacramentos y la acción del
Espíritu Santo.
Pero
necesitamos colaborar con esa obra. Dios no quiere que nos quedemos estancados,
que vivamos siempre con los mismos defectos, que mantengamos los mismos
rencores o que nos acostumbremos a hacer el mal.
El
Evangelio nos presenta a Jesús curando a un hombre enfermo, enseñándonos
que siempre hay que hacer el bien. Y san Pablo nos recuerda que Dios no
abandona lo que ha comenzado.
Por
eso, aunque todavía tengamos debilidades, aunque nos falte mucho por cambiar y
aunque encontremos dificultades en el camino, no perdamos la esperanza.
Que
nunca abandonemos la obra que Dios está realizando en nosotros.
Pidámosle
al Señor que nos conceda perseverancia para continuar, humildad para corregir
nuestros errores, fortaleza para superar las dificultades y amor para servir a
nuestros hermanos.
Frase
final para destacar: «No importa que todavía no seamos lo que Dios
quiere que seamos; lo importante es que no dejemos de permitirle a Dios
trabajar en nosotros, porque quien comenzó la obra es fiel y la llevará a su
término». Amén.



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