Nuestra Fe | Alina Tufani DÃaz
El Papa: Que las manos de
Dios custodien las almas de nuestros difuntos
Desde el
cementerio romano, “que es como un umbral entre este mundo y el más allá”, León
XIV recuerda que, animados por la fe en Cristo, la muerte no rompe el vÃnculo
con nuestros difuntos, lo transforma. Una oración también por quienes han
perdido un ser querido a causa de la violencia de la guerra, para que sus
lágrimas conmuevan las conciencias de quienes tienen el poder de hacer callar
las armas.
En una tarde,
nublada y frÃa, reunidos en un “lugar de oración y recuerdo, de afecto y
esperanza”, como describió el Papa la celebración de la Santa Misa por los
fieles difuntos, en el cementerio romano del Verano, la invitación inicial es
la de rezar en sufragio de quienes allà descansan y por quienes “cada uno de
nosotros lleva en el corazón”.
Nos dirigimos
al Padre del cielo para que la vida de santidad y bienaventuranza, de la que ya
disfrutan tantos de sus hijos e hijas, envuelva el alma de quienes duermen el
sueño de la paz.
Las manos paternas y seguras de Dios
En su homilÃa,
ante centenares de fieles y religiosos, León XIV recordó que la fe se alimenta
con la Palabra y con la “confianza en las manos de Dios”, “manos capaces de
custodiar el alma de los justos” y promesa de salvación para que, a los fieles
difuntos, como dice el Libro de la SabidurÃa, “ningún tormento les tocará”.
“Que sus manos
paternas y seguras los custodien por toda la eternidad, para que puedan
disfrutar plenamente de esa unión recÃproca y vital que el Señor promete a su
pueblo en el Libro del Apocalipsis: «Ellos serán su pueblo y él será Dios con
ellos, su Dios» (Ap 21,3).

León XIV llega al cementerio del Verano con un ramo de flores que
depositó ante las tumbas de algunos difuntos (VATICAN MEDIA)
Que las lágrimas hagan callar las armas
Al centrarse
en el Evangelio de este lunes, que propone las Bienaventuranzas “camino hacia
la vida plena, ahora y por toda la eternidad”, el Santo Padre subraya que ellas
son como un “autorretrato” que Jesús pone en manos de sus discÃpulos, es el
“Señor Resucitado quien nos habla”. Un anuncio de salvación que, para el
PontÃfice resuena con mayor fuerza en un cementerio, “que es como un umbral
entre este mundo y el más allá, entre la existencia terrenal y el más allá que
nos espera”.
En particular,
el Papa destaca de entre las ocho Bienaventuranzas del Evangelio de Mateo la
que reza: "Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán
consolados". Y con ella su exhortación a la paz:
En este
momento queremos rezar por todos aquellos que han perdido recientemente a un
ser querido; en particular, por aquellos a quienes la absurda violencia de la
guerra se lo ha arrebatado. ¡Que las lágrimas de tantas madres, de tantos
niños, de tantos ancianos conmuevan las conciencias de quienes tienen el poder
de hacer callar las armas!

Santa Misa presidida por León XIV en la Conmemoración de los fieles
difuntos (VATICAN MEDIA)
El vÃnculo que no se rompe, se transforma
Al concluir su
homilÃa, León XIV destacó que “la fe en Cristo nos dice que nuestro vÃnculo con
los fieles difuntos no se rompe, sino que se transforma”. Una transformación
que se acompaña con la oración de sufragio por nuestros seres queridos hacia la
plena comunión con el Señor, la misma comunión anticipamos en la EucaristÃa.
“Animados por
esta fe llena de esperanza, continuamos nuestro camino terrenal, a la espera
del dÃa en que Él enjugará toda lágrima, cuando «ya no habrá muerte, ni llanto,
ni lamento, ni dolor, porque las primeras cosas han pasado» (Ap 21,4).

Mäs de 150 fieles y religiosos asistieron a la misa presidida por León
XIV en el cementerio romano del Verano. (VATICAN MEDIA)



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