Testigos de la Fe | Dorota Abdelmoula-Viet
Santos y
beatos: cada vez hay más candidatos jóvenes a los honores de los altares
El
subsecretario del Dicasterio para las Causas de los Santos, el padre Bogusław
Turek, destaca la mayor presencia de laicos en los procesos de beatificación y
canonización: no solo jóvenes, sino también parejas y familias enteras. En
África y América Latina hay un interés creciente por estas causas: «Descubren
cada vez más a sus testigos de la fe». «Entramos en contacto con la santidad de
la Iglesia a través de la santidad de sus miembros. Una santidad accesible para
todos».
Cada vez son
más los laicos, los jóvenes y las parejas casadas que figuran entre los
candidatos a los honores de los altares. Así lo afirma en una entrevista con
los medios vaticanos el padre Bogusław Turek, subsecretario del Dicasterio para
las Causas de los Santos, subrayando que esto es señal de una conciencia cada
vez más profunda de la vocación universal a la santidad. El sacerdote destaca
también el creciente interés por los procesos de beatificación en África, en
América Latina y, en el caso de Europa, en Polonia, donde hay más de un
centenar de causas en curso.
Cada vez más santos y beatos «jóvenes»
Uno de los
fenómenos más interesantes observados desde el punto de vista del Dicasterio
para las Causas de los Santos es el creciente número de solicitudes para
iniciar procesos de beatificación de jóvenes. «Ya no se trata de casos
aislados. Es cierto que no se puede decir que sean muy numerosos, pero son sin
duda más numerosos que hace unos años», afirma el padre Turek.
Estas
peticiones exigen, al mismo tiempo, una especial prudencia. La muerte prematura
de un joven, sobre todo por enfermedad, y su actitud pueden suscitar una
profunda emoción y admiración, pero no pueden constituir una valoración seria
de la vida y las virtudes del candidato. Uno de los ejemplos contemporáneos más
significativos de santidad entre los jóvenes sigue siendo el de san Carlos
Acutis. Según Turek, su historia demuestra que la santidad no es solo un ideal
que perseguir en un futuro lejano, sino que puede ser una realidad vivida ya en
la juventud.
«La mejor
catequesis es mostrar las figuras de los santos», señala el subsecretario del
Dicasterio, añadiendo que la vida auténtica de los santos permite a los demás
descubrir su propio camino hacia la felicidad y la fidelidad al Evangelio.
La santidad es posible también en el mundo de la
política y la ciencia
Entre los
candidatos a los honores de los altares hay cada vez más laicos, incluidos
aquellos que han desempeñado un papel importante en la vida pública, en la
ciencia o en la cultura. El padre Turek cita, entre otros, a Robert Schuman,
Alcide De Gasperi, Jérôme Lejeune y Antoni Gaudí. Además, cada vez son más los
grupos de profesionales que descubren cómo, en su propio ámbito, es posible
aspirar a la santidad, siendo al mismo tiempo «los mejores entre los mejores»
en su profesión.
«Por supuesto,
seguir el Evangelio a veces exige negarse a transigir, pero eso no contrasta
con la profesionalidad ni con la consecución de grandes logros», afirma el
religioso.
La familia como cuna de la santidad
Se presta
además mayor atención a los procesos de beatificación y canonización de
cónyuges y familias enteras. El ejemplo más conocido es el de la familia polaca
Ulma o el de los santos Luis y Zelia Martin, padres de santa Teresa del Niño
Jesús. «El hombre conoce la santidad, la toca, se impregna de ella en la
familia», explica el sacerdote. La familia no es solo el entorno en el que se
transmite la fe, sino también el lugar donde madura la vocación personal a la
santidad.
En su opinión,
el testimonio de los cónyuges y de las familias santas es especialmente
importante ante las dificultades a las que se enfrenta la vida familiar
moderna: «Allí donde el mundo de hoy se enfrenta a pruebas particulares, allí
la Providencia de Dios deja una especie de indicación concreta».
Los mártires de nuestro tiempo
Al ser
preguntado sobre la concepción moderna del martirio, Turek recuerda que, aunque
las circunstancias de la persecución cambian a lo largo de la historia, la
esencia del martirio cristiano permanece inalterable: «El mártir da la vida por
la fe en Cristo o por una virtud indisolublemente ligada a esa fe. Esto no
significa buscar la muerte, sino estar dispuesto a permanecer fiel al Evangelio
incluso a costa de la propia vida».
Un testimonio
en este sentido es el beato Rosario Livatino, juez italiano asesinado por la
mafia. Su fidelidad a la justicia derivaba no solo de sus deberes
profesionales, sino sobre todo de la convicción cristiana de la necesidad de
actuar según la conciencia: «Un cristiano debe ser justo». Según Turek, además,
los regímenes y los perseguidores contemporáneos suelen intentar ocultar los
motivos religiosos de la violencia, presentando a los mártires como opositores
políticos y no como testigos de Cristo. Pero eso no cambia la esencia de su
testimonio.
África descubre cada vez más a sus santos
Desde el punto
de vista del Dicasterio, se observa, por último, un creciente interés por los
procesos de beatificación y canonización por parte de las Iglesias africanas.
De hecho, las comunidades locales son cada vez más conscientes de que entre
ellas hubo personas que vivieron el Evangelio de manera heroica y de que sus
testimonios merecen ser difundidos como la mejor «catequesis sobre la
santidad». Se registra un interés similar en América Latina, en particular en
Brasil y Argentina, donde hay más procesos en curso que en otros países de la
región.
Más de cien casos procedentes de Polonia
Polonia es
también uno de los países especialmente activos en la tramitación de las causas
de beatificación y canonización. El padre Turek señala que actualmente hay más
de cien procedimientos de este tipo en curso relativos a candidatos procedentes
de Polonia, aunque no es posible prever de antemano su conclusión. «Polonia es
una de esas Iglesias que tienen muchas causas en curso. Diría que es uno de los
países líderes. Junto a España e Italia, probablemente se encuentra Polonia».
Estos casos se refieren a personas que siguieron su vocación cuidando de los
enfermos. Entre ellas se encuentran la beata Hanna Chrzanowska y las candidatas
a los altares Stanisława Leszczyńska y la doctora Wanda Błeńska.
La santidad está al alcance de todos
En cuanto al
hecho de que hoy en día parezca que se eleva a demasiadas personas a los
honores de los altares, el padre Bogusław Turek explica que el creciente número
de beatificaciones y canonizaciones no es «excesivo», sino que da testimonio de
una conciencia cada vez más profunda de la vocación universal a la santidad,
recordada por el Concilio Vaticano II. «Cuando en el Credo decimos que creemos
en la Iglesia, que es santa, no se trata de un concepto teórico. Entramos en
contacto con la santidad de la Iglesia a través de la santidad de sus miembros,
a la que han aspirado en sus decisiones concretas del día a día. Cada uno de
nosotros está llamado a participar en la santidad de la Iglesia a través de la
santidad de su propia vida».



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