Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc
San Martín de Porres
Patrono de la Paz y de la justicia social
“La humildad, el servicio y el amor que nos hacen grandes ante
Dios”
(Martes
3 de noviembre 2026. Trigésima primera semana tiempo ordinario Lecturas:
Filipenses 2,5-11; Salmo 21; San Lucas 14,15-24)
Queridos
hermanos y hermanas:
Hoy
celebramos a San Martín de Porres, un hombre sencillo, humilde y de corazón
profundamente generoso. Su vida nos enseña que la verdadera grandeza no está en
los títulos, el dinero, la posición social o el reconocimiento de los demás,
sino en la capacidad de amar, servir y hacer el bien.
San
Martín no buscó ser importante ante los hombres; buscó agradar a Dios sirviendo
a los pobres, a los enfermos, a los abandonados y hasta a los animales. Su vida
nos recuerda que la santidad se construye en las cosas pequeñas de cada día.
Las
lecturas de hoy nos presentan tres enseñanzas fundamentales para nuestra vida.
1.
Primera lectura: Filipenses 2,5-11. Tener los mismos sentimientos de Cristo.
San
Pablo nos invita a tener los sentimientos de Jesús, quien se hizo humilde,
servidor y obediente hasta entregar su propia vida.
Algunos
elementos concretos para nuestra vida:
1.
La humildad nos hace grandes. No tenemos que sentirnos superiores a nadie. San
Martín de Porres, a pesar de sus grandes virtudes, nunca buscó honores ni
privilegios.
2.
No vivir buscando reconocimiento. Hay personas que solamente hacen el bien
cuando los demás las están mirando. El verdadero cristiano sirve, aunque nadie
lo aplauda.
3.
Aprender a servir y no solamente a mandar. En la familia, en la
Iglesia y en la sociedad necesitamos más personas dispuestas a colaborar que
personas que quieran imponer su voluntad.
4.
No despreciar a nadie por su condición social. San Martín sufrió
discriminación por su origen y condición social, pero nunca respondió con odio.
Nos enseña a respetar a cada persona.
5.
La grandeza está en el amor. Jesús se hizo pequeño para salvarnos. San Martín
se hizo servidor para llevar amor a los demás.
Pregunta
para nuestra vida: ¿Estamos viviendo para que los demás nos sirvan
o estamos dispuestos a servir a los demás?
2.
Salmo 21. Dios no
abandona al que confía en Él.
El
salmo nos recuerda la confianza del creyente en Dios, incluso en medio del
sufrimiento y las dificultades.
Algunos
elementos concretos:
1.
Confiar en Dios en los momentos difíciles. No podemos perder la fe
cuando aparecen los problemas económicos, familiares o de salud.
2.
No permitir que el sufrimiento nos quite la bondad. Hay personas que, cuando
sufren, se vuelven amargadas y hacen sufrir a los demás. San Martín nos enseña
a conservar un corazón lleno de amor.
3.
Dios escucha el clamor de los necesitados. Por eso, no podemos
cerrar nuestros oídos ante quien necesita una palabra, un alimento o una ayuda.
4.
Compartir nuestra fe con los demás. No basta con decir que
creemos en Dios; tenemos que demostrarlo con nuestras obras.
Enseñanza: Quien confía
en Dios encuentra fuerzas para seguir adelante y para continuar haciendo el
bien, aunque la vida no sea fácil.
3.
Evangelio: San Lucas 14,15-24. Dios
nos invita a su banquete, pero tenemos que responder.
Jesús
presenta la parábola de un hombre que preparó un gran banquete e invitó a
muchas personas. Sin embargo, los invitados comenzaron a presentar excusas: uno
había comprado un terreno, otro había comprado cinco yuntas de bueyes y otro
acababa de casarse. Entonces el dueño de la casa mandó buscar a los pobres, a
los lisiados, a los ciegos y a los cojos.
Esta
parábola nos deja enseñanzas muy importantes:
1.
Dios nos está invitando constantemente. Nos invita a participar
en la Eucaristía, a escuchar su Palabra, a vivir en comunidad y a caminar por
el camino del bien.
2.
No poner excusas para acercarnos a Dios. Muchas veces tenemos
tiempo para los negocios, las diversiones y los compromisos personales, pero
siempre encontramos una excusa para no rezar, no ir a misa o no ayudar al
prójimo.
3.
No dejar que las cosas materiales ocupen el lugar de Dios. El terreno,
los animales y el matrimonio no eran cosas malas. El problema fue convertir las
ocupaciones personales en excusas para rechazar la invitación.
4.
Los pobres también tienen un lugar en la mesa de Dios. Jesús nos
enseña que nadie debe ser excluido por su pobreza, enfermedad, apariencia o
condición social.
5.
La Iglesia debe tener las puertas abiertas. Nuestras comunidades
parroquiales no pueden ser espacios donde solamente se sientan cómodas algunas
personas. Deben ser hogares donde los pobres, los enfermos, los abandonados y
los necesitados encuentren acogida.
6.
No basta con recibir la invitación; hay que responder.
No basta con estar bautizados, llevar una cruz o conocer oraciones. Tenemos que
vivir nuestra fe con obras concretas.
Pregunta
para nuestra vida: ¿Qué excusas estamos poniendo para no responder
a la invitación que Dios nos hace?
4.
San Martín de Porres: un ejemplo para nuestra vida
San
Martín de Porres nos demuestra que el Evangelio se puede vivir en lo cotidiano. Fue un
hombre de oración, de servicio y de misericordia. Su escoba se convirtió en un
símbolo de humildad: estaba dispuesto a realizar los trabajos más sencillos
para servir a los demás.
De
su vida podemos aprender cinco cosas:
- No creernos
superiores a nadie.
- Ayudar sin
esperar recompensa.
- Respetar a
los pobres y a los enfermos.
- No responder
con odio ante el desprecio.
- Encontrar a
Dios en las personas que necesitan de nosotros.
5.
Conclusión: ¿Qué nos llevamos para nuestra vida?
Hermanos
y hermanas, San Martín de Porres nos deja un mensaje muy sencillo, pero muy
profundo: no necesitamos ser grandes ante los ojos del mundo para ser grandes
ante los ojos de Dios.
Podemos
ser santos desde nuestra casa, desde nuestro trabajo, desde
nuestra comunidad y desde nuestras responsabilidades cotidianas.
Hoy
preguntémonos:
1. ¿Soy
humilde o quiero siempre tener la razón?
2. ¿Ayudo a
los demás o solamente pienso en mis necesidades?
3. ¿Tengo
tiempo para Dios o siempre estoy poniendo excusas?
4. ¿Trato con
dignidad a los pobres y a las personas que son diferentes a mí?
5. ¿Estoy
construyendo una comunidad donde todos se sientan acogidos?
Una
frase para llevarnos hoy: «La santidad no consiste en hacer cosas
extraordinarias, sino en hacer con un amor extraordinario las cosas sencillas
de cada día».
Que
San Martín de Porres nos enseñe a tener los sentimientos de Cristo, a confiar
siempre en Dios y a abrir nuestro corazón a los pobres, a los enfermos y a los
necesitados. Amén.



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