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    martes, 3 de noviembre de 2026

    San Martín de Porres Patrono de la Paz y de la justicia social


    Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc

     


    San Martín de Porres

    Patrono de la Paz y de la justicia social

    “La humildad, el servicio y el amor que nos hacen grandes ante Dios”

     

    (Martes 3 de noviembre 2026. Trigésima primera semana tiempo ordinario Lecturas: Filipenses 2,5-11; Salmo 21; San Lucas 14,15-24)

     

     

    Queridos hermanos y hermanas:

    Hoy celebramos a San Martín de Porres, un hombre sencillo, humilde y de corazón profundamente generoso. Su vida nos enseña que la verdadera grandeza no está en los títulos, el dinero, la posición social o el reconocimiento de los demás, sino en la capacidad de amar, servir y hacer el bien.

    San Martín no buscó ser importante ante los hombres; buscó agradar a Dios sirviendo a los pobres, a los enfermos, a los abandonados y hasta a los animales. Su vida nos recuerda que la santidad se construye en las cosas pequeñas de cada día.

    Las lecturas de hoy nos presentan tres enseñanzas fundamentales para nuestra vida.

     

    1. Primera lectura: Filipenses 2,5-11. Tener los mismos sentimientos de Cristo.

    San Pablo nos invita a tener los sentimientos de Jesús, quien se hizo humilde, servidor y obediente hasta entregar su propia vida.

    Algunos elementos concretos para nuestra vida:

    1. La humildad nos hace grandes. No tenemos que sentirnos superiores a nadie. San Martín de Porres, a pesar de sus grandes virtudes, nunca buscó honores ni privilegios.

    2. No vivir buscando reconocimiento. Hay personas que solamente hacen el bien cuando los demás las están mirando. El verdadero cristiano sirve, aunque nadie lo aplauda.

    3. Aprender a servir y no solamente a mandar. En la familia, en la Iglesia y en la sociedad necesitamos más personas dispuestas a colaborar que personas que quieran imponer su voluntad.

    4. No despreciar a nadie por su condición social. San Martín sufrió discriminación por su origen y condición social, pero nunca respondió con odio. Nos enseña a respetar a cada persona.

    5. La grandeza está en el amor. Jesús se hizo pequeño para salvarnos. San Martín se hizo servidor para llevar amor a los demás.

    Pregunta para nuestra vida: ¿Estamos viviendo para que los demás nos sirvan o estamos dispuestos a servir a los demás?

     

    2. Salmo 21.  Dios no abandona al que confía en Él.

    El salmo nos recuerda la confianza del creyente en Dios, incluso en medio del sufrimiento y las dificultades.

    Algunos elementos concretos:

    1. Confiar en Dios en los momentos difíciles. No podemos perder la fe cuando aparecen los problemas económicos, familiares o de salud.

    2. No permitir que el sufrimiento nos quite la bondad. Hay personas que, cuando sufren, se vuelven amargadas y hacen sufrir a los demás. San Martín nos enseña a conservar un corazón lleno de amor.

    3. Dios escucha el clamor de los necesitados. Por eso, no podemos cerrar nuestros oídos ante quien necesita una palabra, un alimento o una ayuda.

    4. Compartir nuestra fe con los demás. No basta con decir que creemos en Dios; tenemos que demostrarlo con nuestras obras.

    Enseñanza: Quien confía en Dios encuentra fuerzas para seguir adelante y para continuar haciendo el bien, aunque la vida no sea fácil.

     

    3. Evangelio: San Lucas 14,15-24.  Dios nos invita a su banquete, pero tenemos que responder.

    Jesús presenta la parábola de un hombre que preparó un gran banquete e invitó a muchas personas. Sin embargo, los invitados comenzaron a presentar excusas: uno había comprado un terreno, otro había comprado cinco yuntas de bueyes y otro acababa de casarse. Entonces el dueño de la casa mandó buscar a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos.

    Esta parábola nos deja enseñanzas muy importantes:

    1. Dios nos está invitando constantemente. Nos invita a participar en la Eucaristía, a escuchar su Palabra, a vivir en comunidad y a caminar por el camino del bien.

    2. No poner excusas para acercarnos a Dios. Muchas veces tenemos tiempo para los negocios, las diversiones y los compromisos personales, pero siempre encontramos una excusa para no rezar, no ir a misa o no ayudar al prójimo.

    3. No dejar que las cosas materiales ocupen el lugar de Dios. El terreno, los animales y el matrimonio no eran cosas malas. El problema fue convertir las ocupaciones personales en excusas para rechazar la invitación.

    4. Los pobres también tienen un lugar en la mesa de Dios. Jesús nos enseña que nadie debe ser excluido por su pobreza, enfermedad, apariencia o condición social.

    5. La Iglesia debe tener las puertas abiertas. Nuestras comunidades parroquiales no pueden ser espacios donde solamente se sientan cómodas algunas personas. Deben ser hogares donde los pobres, los enfermos, los abandonados y los necesitados encuentren acogida.

    6. No basta con recibir la invitación; hay que responder. No basta con estar bautizados, llevar una cruz o conocer oraciones. Tenemos que vivir nuestra fe con obras concretas.

    Pregunta para nuestra vida: ¿Qué excusas estamos poniendo para no responder a la invitación que Dios nos hace?

     

    4. San Martín de Porres: un ejemplo para nuestra vida

    San Martín de Porres nos demuestra que el Evangelio se puede vivir en lo cotidiano. Fue un hombre de oración, de servicio y de misericordia. Su escoba se convirtió en un símbolo de humildad: estaba dispuesto a realizar los trabajos más sencillos para servir a los demás.

    De su vida podemos aprender cinco cosas:

    - No creernos superiores a nadie.

    - Ayudar sin esperar recompensa.

    - Respetar a los pobres y a los enfermos.

    - No responder con odio ante el desprecio.

    - Encontrar a Dios en las personas que necesitan de nosotros.

     

    5. Conclusión: ¿Qué nos llevamos para nuestra vida?

    Hermanos y hermanas, San Martín de Porres nos deja un mensaje muy sencillo, pero muy profundo: no necesitamos ser grandes ante los ojos del mundo para ser grandes ante los ojos de Dios.

    Podemos ser santos desde nuestra casa, desde nuestro trabajo, desde nuestra comunidad y desde nuestras responsabilidades cotidianas.

    Hoy preguntémonos:

    1. ¿Soy humilde o quiero siempre tener la razón?

    2. ¿Ayudo a los demás o solamente pienso en mis necesidades?

    3. ¿Tengo tiempo para Dios o siempre estoy poniendo excusas?

    4. ¿Trato con dignidad a los pobres y a las personas que son diferentes a mí?

    5. ¿Estoy construyendo una comunidad donde todos se sientan acogidos?

    Una frase para llevarnos hoy: «La santidad no consiste en hacer cosas extraordinarias, sino en hacer con un amor extraordinario las cosas sencillas de cada día».

    Que San Martín de Porres nos enseñe a tener los sentimientos de Cristo, a confiar siempre en Dios y a abrir nuestro corazón a los pobres, a los enfermos y a los necesitados. Amén.







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