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    Cristianismo e Ideología

    A debate | Carlos I. Osteicoechea V  

    Cristianismo vs Ideología  

    El cristianismo comenzó como un movimiento carismático impulsado por la palabra y la acción de Jesús de Nazaret. La persona de Jesús movió el corazón de sus discípulos quienes se encargaron de propagar la Buena Noticia del advenimiento del Reino de Dios, encarnando la palabra y el gesto del pobre, crucificado y resucitado maestro.
    Jesús es sin duda la piedra angular sobre la que se ha construido y se ha de construir cualquier intento de doctrina, pensamiento, manifestación que pueda o quiera considerarse cristiana. Existen por tanto, dos elementos fundamentales para poder certificar que se está en presencia de un cristianismo genuino y con ello evitar cualquier intento de alienación o utilización de la figura de Jesús en función de algún tipo de interés ajeno al ideal cristiano.
    Estos dos elementos los manifiesta el mismo Jesús cuando habla del mandamiento más grande: Escucha Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, y con todas tus fuerzas. Y amarás a tu prójimo como a ti mismo. (Cf. Mc 12, 29-31).

    Basándonos en esta doble dimensión de un mismo mandamiento, debemos decir lo siguiente:
    1. El amor a Dios supone la relación personal con Dios, en función de experimentar el amor trascendente y liberador que hace que nos pongamos en camino para intentar vivir a plenitud la vida como don, descubriendo en ella todas las manifestaciones de la gracia.
    2. El amor a los hermanos es sin duda la más importante manifestación del amor a Dios, es la consecuencia del encuentro radical con la acción graciosa de Dios que nos revela lo esencial que es para la vida, el encuentro con los demás, el servicio a los demás, en función de la aceptación genuina a lo manifestado en el evangelio y en la propia relación filial.

    Filiación y Fraternidad
    De todo esto surgen dos categorías, la primera es la Filiación y la segunda es la Fraternidad. En el plano cristiano jamás se puede considerar una sin la otra, porque si alguno dice “amo a Dios” y aborrece a su hermano, es un mentiroso, porque quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve. Y hemos recibido de Él este mandamiento: quien ama a Dios ame también a su hermano (St. 4, 20-21)
    La filiación y la fraternidad sirven de elementos evaluadores de todo pensamiento, palabra o acción del hombre cuando se considera determinar si su actuación está inspirada por el Espíritu de Dios y por tanto, es cristiana. Allí podemos comenzar a desmontar las falacias utilizadas por muchos cuando intentan equiparar al cristianismo con algún tipo de ideología o peor aún, cuando afirmar que el cristianismo es también una ideología.

    Ideología
    La palabra “ideología” procede del griego Idea, que se puede definir como apariencia o forma y Logia, que significa estudio. En tal sentido, la ideología sería el estudio de la forma en la que se construyen las ideas, o también, el estudio sobre el origen de las ideas. Allí encontramos la primera diferencia; en el cristianismo idea, palabra, pensamiento van inseparablemente unidas a la acción, porque ¿de qué sirve, hermanos míos, que alguien diga: “tengo fe”, si no tiene obras? ¿Acaso podrá salvarle la fe? Si un hermano o una hermana están desnudos y carecen del sustento diario y alguno de ustedes les dice: “Vayan en paz, caliéntense y hártense” pero no les dan lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve? Pues así también es la fe; si no tiene obras está realmente muerta (St. 2, 14-17).
    La ideología establece toda una estructura basada en lo abstracto, una estructura llena de conceptos ideales que no tienen porqué concretarse en la realidad; el mundo en la ideología es un mundo conceptual, utópico, divorciado de la realidad; mientras que en el cristianismo desde su génesis, la palabra estuvo inseparablemente ligada a la acción. El cristianismo se concreta en el amor, en el “estar con” el otro, por amor al Otro, en ese sentido, el cristianismo no es utópico, es realizable, es concretable; se enfoca en los problemas reales del hombre, en su dolor, en sus pobrezas y miserias, así como también se goza en sus alegrías y esperanzas.
    La ideología hunde a la realidad en discursos románticos, llenando de argumentos aparentemente filantrópicos un “accionar” que nunca se concreta porque simplemente su intención está basada en una dialéctica que intenta a toda costa sostener todo este aparataje conceptual, sólo a un nivel; el nivel del lenguaje, el nivel de la idea. Por su parte, el cristianismo coloca su intención en la salvación del hombre que vive, sufre, goza, ama, que intenta encontrarse a sí mismo a través del encuentro con Dios y con sus hermanos. Esta salvación se da en el amor, un amor que restituye, levanta, plenifica.
    En la ideología la palabra es signo y significado; en el cristianismo, por su parte,  la palabra es signo y la acción en el amor es el significado; es decir, Jesús es la palabra pronunciada y al mismo tiempo es la acción realizada, en tal sentido podemos decir, que el evangelio y la cruz están en un mismo plano, son una misma realidad.
    Las ideologías son fundamentalistas porque llevan al hombre a implementar las estructuras conceptuales que estas desarrollan, sin tener en cuenta los contextos políticos, económicos, y/o culturales; intentando a la fuerza transformaciones divorciadas de la realidad experimentadas por los individuos; mientras que el cristianismo desde el inicio tuvo que hacer frente a una natural tensión entre la propuesta evangélica y la cultura a la que se intentó llegar, buscando una conjunción entre evangelio y cultura. Cuando los cristianos no comprendieron esta necesaria tensión o peor aún irrespetaron los elementos culturales de los pueblos a los que llevaban el evangelio, entonces, convirtieron a la fe cristiana en un fundamentalismo y por tanto, en una ideología.

    Cristianismo, un camino original
    Jesús pasó toda su vida pública hablando de amar a Dios a través del amor a los hermanos, curó enfermos, dio de comer al hambriento, nunca tuvo vergüenza de estar con ricos o con pobres, y entre otras cosas con su palabra y su acción des-ideologizó a su propia religión. Jesús amó a todos y especialmente a los pobres por eso se hizo uno de ellos. En la ideología históricamente la personas y los grupos que la utilizan, ya sea para llegar al poder, ya sea para a la fuerza implementar una manera de pensar, se han convertido en élites sociales separadas del resto de los individuos, jamás se han hecho pueblo y peor aún jamás han entregado la vida tal y como la entregó Jesús en un hecho por certificar que su palabra manifiesta total validez no sólo a niveles teológicos, sino también en la historia misma.
    En tal sentido, el cristianismo no debe ser nunca confundido con un comunismo, un liberalismo, una religión fundamentalista, ni siquiera una revolución; el cristianismo es en sí mismo el camino original, auténtico, genuino para seguir a Jesús de Nazaret quien con su palabra y su acción nos mostró que la realización plena de la humanidad se basa en la Filiación a Dios y en la Fraternidad hacia los demás seres humanos. Camino en el que la palabra y la acción se encuentran en una sola manifestación de amor, de aceptación de la gracia, de salvación, que no sólo se argumenta, sino que también se hace vida, se concreta en la historia. ADH 805

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