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    Hijas de la Caridad: 60 Años

    Vida Religiosa|Sor Isaura Martínez, H.C.  
    Hijas de la Caridad: 60 años de presencia y servicio en República Dominicana:
    Valoramos el pasado. Construimos el presente. Acogemos los retos del futuro.
      
    Las Hijas de la Caridad celebramos 60 años de presencia y servicio en República Dominicana: 1952 - 2012.
    Este acontecimiento nos motiva a dar gracias a Dios que nos condujo a estas tierras para servir a su Hijo, presente en este pueblo particularmente en los empobrecidos, sus preferidos, en los más vulnerables, en quienes se revela su rostro desfigurado por el dolor, la marginación, la enfermedad…
    Nos ayuda a traer al hoy a todas aquellas Hermanas que, guiadas por Sor Francisca García, supieron hacer frente a las dificultades y poner firmes cimientos en la naciente Obra, porque la caridad de Jesucristo crucificado las empujaba a la entrega generosa en total gratuidad.
    Sí, recordamos a todas las Hermanas misioneras que aún viven, que prestaron un servicio de entrega aquí y hoy están fuera. Ellas y las que ya han partido a la Casa del Padre (entre éstas tres dominicanas) apostaron por una mejor condición de vida para
    aquellos que les cuesta mucho sobrevivir; gastaron su energía y regaron con su sudor nuestra tierra para ir haciendo concretas las señales del Reino entre los pobres de nuestro pueblo. Al marcharse de este mundo han mezclado su cuerpo con el polvo de nuestro suelo al quedar sepultadas en tierra dominicana (37 Hermanas, 34 extranjeras), fecundándola, para que vaya brotando la tierra de justicia, de fraternidad, de solidaridad… con la que soñamos todos los que habitamos en esta hermosa Isla Quisqueyana.
    Nuestra gratitud hacia el Señor que nos llama a estar al lado de sus hijos más pequeños y frágiles, cuando su vida está siendo amenazada por la enfermedad, la desprotección familiar o social, el abandono… En ellos nos permite poner en función nuestras capacidades y habilidades de mujeres para la defensa, la protección y el crecimiento de la vida, y de la vida en abundancia.
    Él nos permite descubrirle y servirle en los niños, en los adolescentes, en los jóvenes y en los adultos privados del pan material y del pan de la enseñanza, situación que les cierra las puertas hacia un futuro mejor.
    Hemos tenido y tenemos la oportunidad de soñar con nuestros hermanos y hermanas que no cuentan, cuya existencia se ignora, un futuro mejor, una vida más digna. Damos gracias porque este sueño ha sido y está siendo el mismo de un grupo cada vez mayor, de hombres y mujeres de nuestro pueblo, la Familia Vicentina, que con entusiasmo apoyan las acciones a favor de los empobrecidos y se unen al trabajo cotidiano para abrir caminos de esperanza codo a codo, con la gracia del Señor que no nos falta.
    Invitamos a todos a unirse a nuestra acción de gracias a Dios por su bondad para con sus hijos, porque Él ha hecho y continúa haciendo grandes maravillas. ¡SANTO ES SU NOMBRE!