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    Tiempos de Resistencia


    Mirada al Mundo|P. Miguel Angel Ciaurriz.  Tiempos de resistencia  
    La grave crisis económica que padece el viejo continente está haciendo saltar todas las alarmas. La globalización financiera hace que el paraguas del calvario europeo se extienda más allá de los océanos y afecte las economías del otro lado del mundo, las de Estados Unidos, China y los llamados países emergentes.
    Escribo estas líneas desde España, que es donde en estos momentos de manera más incisiva se ha centrado la crisis de Europa. Ciertamente los efectos son devastadores. Veinticinco de cada cien trabajadores han perdido su empleo y ya se acercan a los dos millones los hogares donde ningún miembro de la familia genera ingresos para su supervivencia.
    La situación es principalmente dramática para miles de emigrantes y sus familias, muchísimos de ellos dominicanos, que se encuentran en un callejón sin salida al no poder retornar a sus países de origen, aunque muchos lo han conseguido. Lo cierto es que la presencia de extranjeros en los pueblos de la península ibérica es sensiblemente menor a la de hace tres o cuatro años.
    Las medidas económicas decididas por las autoridades de la Unión Europa para que se apliquen en los países con problemas, Grecia, Irlanda, Portugal, España e Italia, no están ayudando a mejorar las condiciones y la angustia crece en la población que ve cómo el estado del bienestar que han disfrutado de unos años a esta parte ha sido tan efímero que no permite a las nuevas generaciones albergar esperanzas.
    Cada vez son más las voces de alarma. Jean Ziegler, vicepresidente del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, refiriéndose a la situación actual ha escrito: “vivimos en un orden mundial criminal y caníbal, donde las pequeñas oligarquías de capital financiero deciden de forma legal quien va a morir de hambre y quien no”.
    No son pocos, principalmente en el sector de los indignados, de las ongs y de los colectivos religiosos, los que advierten que nuestra civilización está cercana al colapso. Sostiene Jared Diamond, biólogo, fisiólogoevolucionista y biogeógrafo norteamericano, autor de la obra “Colapso. ¿Por qué unas civilizaciones perduran y otras desaparecen?” que este colapso es posible porque la crisis actual puede poner punto final a una civilización.
    Los cinco factores que pueden provocar el colapso de las civilizaciones se dan en los momentos actuales. Estos factores son: un grave deterioro medioambiental por las actividades humanas, un cambio climático, las acciones de vecinos hostiles, el abandono de vecinos amigos y la incapacidad de la sociedad de reaccionar ante los problemas.
    No hay claridad en lo que hay que hacer para evitar esta fatalidad. Los gobiernos europeos vienen tomando medidas que, dicen, sólo a largo plazo tendrán efectos positivos. En lo inmediato las poblaciones ven recortados los servicios sociales, como salud y educación, disminuidos sus ingresos y reducido su poder adquisitivo al aumentarse los impuestos.
    Otros, convencidos de que estas medidas no darán resultado porque el sistema ha agotado sus posibilidades de revitalización, proponen enfrentar lo que llaman “dictadura del terrorismo financiero” con acciones de resistencia.

    Contemplativos llaman a la resistencia
    Del lado de los que llaman a resistencia están un grupo de contemplativos de todas las tradiciones espirituales.
    Teresa Forcades, una monja benedictina, teóloga y doctora en biología, que salió a la palestra pública al denunciar la gestión que la Organización Mundial de la Salud y las empresas farmacéuticas hicieron de la Pandemia de la Gripe A, conocida como gripe Aviar, para beneficiar a las multinacionales, ha propuesto una huelga general como primer paso para doblar el brazo de las autoridades y hacerles reconsiderar sus políticas económicas.
    "Cuando hay un gobierno que actúa en contra del interés general, o que la mayoría de la población percibe que está actuando en contra del interés general, el mecanismo previsto en las democracias para que la ciudadanía responda es una huelga general indefinida", ha dicho esta monja del monasterio de Sant Benet de Montserrat, en España.
    Esta religiosa ha sido una de las últimas contemplativas en declarar que el capitalismo no es ético. Su análisis del sistema capitalista denuncia en él tres mentiras: no es verdad que sea un sistema de libre mercado, pues el mercado está controlado por los grandes capitalistas que se ven beneficiados con muchos privilegios, frente a los pequeños capitalistas. No es ético poner como valor supremo alcanzar el máximo beneficio sobre cualquier otra cosa y, por último, la desigualdad causada por la llamada plusvalía.
    Lo que dice esta monja no es, después de todo, nada del otro mundo. Para Benedicto XVI, una de las raíces de esta falta de ética del actual sistema está en “el individualismo, que oscurece la dimensión relacional del hombre”. Y, por ello, la solución de los desafíos actuales sólo será posible “en la medida en que se refuerce la conciencia de que el destino de cada uno está ligado al de todos” (Discurso a las autoridades administrativas de Roma y el Lazio, 12-1-2012).
    Tornarnos más espirituales en estos tiempos de materialismo puro y duro no es emprender el camino de la huida sino sentar las bases para la solución.Escrine Thomas Merton en “Ascenso a la verdad”, que el mayor enemigo que tiene hoy el cristianismo es precisamente el modo de vida de la ciudad capitalista moderna, que impide la contemplación. No hay paz, tranquilidad y tiempo para conocer a Dios y amarlo, lo cual requiere oración y reflexión sobre uno mismo y sobre el Misterio. Para él “lo único que puede salvar al mundo de un completo colapso moral es una revolución espiritual”. Necesitamos tener una experiencia contemplativa, si bien, la ruta para alcanzar esa experiencia está cargada de obstáculos por el modo de vida que el sistema impone a la mayoría. Esta es una razón más, y no pequeña, para intentar cambiarlo. Vivimos en una verdadera barbarie, que podríamos identificar con eso que Pablo VI denominó una situación de “subdesarrollo” humano.
    También este papa habló de que era necesaria una revolución espiritual y social. Para alcanzarla, dicen los contemplativos, se hace necesaria la plegaria y la acción comprometida, un compromiso que nace de la experiencia de contemplación: “La oración de todos debe subir con fervor al Todopoderoso, a fin de que la humanidad, consciente de tan grandes calamidades, se aplique con inteligencia y firmeza a abolirlas. A esta oración debe corresponder la entrega completa de cada uno, en la medida de sus fuerzas y de sus posibilidades, a la lucha contra el subdesarrollo”, señala Pablo VI.
    La experiencia contemplativa nos lleva a comprometernos en el cambio personal y social con una lógica diferente a la del sistema, que busca la retribución. La lógica contemplativa une la justicia, que desde el amor se pone de parte del más débil.
    Es tiempo de que los cristianos miremos con nuevos ojos aquella primera comunidad eclesial. La respuesta cristiana al momento presente es crear comunidades que vivan ya ahora, desde una lógica distinta, la dinámica contemplativa, y cuyo modo de vida fomente, a su vez, la experiencia espiritual.
    Las comunidades cristianas contemplativas y comprometidas con la justicia pueden ser una alternativa al sistema aquí y ahora. Deben ser comunidades que no se encierran en sí mismas, que buscan el cambio para todos y que colaboran con todos y todas las otras comunidades que van en la misma dirección. Comunidades con un profundo espíritu ecuménico, interreligioso, y comprometidas con el cambio social.

    Abrirse al misterio y a la solidaridad
    Otras voces, como la de Jean Ziegler, del Consejo de los Derechos Humanos de Naciones Unidas, se han sumado a la de la hermana Forcades, para pedir el inicio de una Huelga General Indefinida, no violenta que haga sustituir los viejos líderes corruptos por nuevos líderes más éticos.
    Como señala la monja benedictina, “una Huelga es una medida democrática, si bien, puede suponer un alto coste, por lo cual sería necesario que la sociedad se organizara en grupos de solidaridad, mediante la constitución de asambleas y comités de huelga plurales, que coordinaran la acción y ayudaran a soportar el desgaste económico que supondría para la población. Si tuviera un alto seguimiento es difícil que pueda ser prolongada, pues ningún gobierno podría aguantar más de un mes o dos con una contestación social elevada. La ventaja es que la organización necesaria para llevar adelante la huelga puede ser ya el germen de un nuevo modelo de organización social más democrático y solidario.
    En definitiva, lo que los contemplativos de hoy nos dicen es que la única alternativa al sistema neoliberal sacralizado, en el que vivimos, es abrirnos al Misterio y a la solidaridad con las víctimas del sistema, practicar una mística de los ojos abiertos, que no se evade de las responsabilidades políticas y éticas, sino que las asume como elementos intrínsecos de la propia experiencia espiritual.
    Una mística que genera la esperanza de que es posible salir de este modelo de sociedad si, además de poner todas nuestras fuerzas en lograr “otro mundo mejor”, nos apoyamos en Alguien más allá de nosotros, en Dios o el Misterio, buscando, a la vez, la justicia, la reparación del dolor causado, y el amor, la reconciliación final de víctimas y perseguidores, la paz mesiánica, en la que el león y el cordero pacerán juntos y las lágrimas de todos serán consoladas.