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    miércoles, 9 de diciembre de 2020

    Creer da sentido a la vida

    Cultura y Vida | Alexis Cifuentes



    Creer da sentido a la vida

    Creer que hay un sentido en la realidad misma, da sentido a mi vida, a lo que hago y esto no solo en cuanto a encontrar la utilidad de mi esfuerzo o mis tareas, o mi satisfacción por ser productivo. Se trata de encontrar un sentido mismo de la vida, del lugar que yo ocupo en ella, mi conexión con la realidad vivido en la dimensión más realizable de fecundidad, de comunión, de que vale la pena existir y de la existencia de los otros y de la realidad donde nos movemos y existimos.

    El ser humano necesita respuestas, necesita saber, apoyarse en certezas, verdades, orientaciones que guían la vida, lo que hace, lo que construye con los demás. Se mueve por las preguntas que buscan respuestas; por eso es un ser en búsqueda, no tiene todo controlado o sabido. Apunta a objetivos siempre mirando hacia adelante, y no se conforma con haber llegado a un punto, sigue buscando más, aspirando a más…


    Tiene que confiar en Dios y poner su confianza en Él no está solamente en la cabeza, en la razón, sino también en el corazón, en la conciencia, en todo el bullir de su interioridad 

     

    La pregunta por el sentido de las cosas ha estado desde siempre vinculada al asombro y la atención hacia la realidad, que es el principio tanto de la filosofía como de la ciencia. La cuestión del sentido es una de las cuestiones fundamentales tanto para la razón como para la fe”, dice Ramiro Pellitero, profesor de teología.

    Así como creemos en Dios, también creemos en la ciencia, y saboreamos muchas veces todo esto desde la filosofía. Sin embargo, mucha gente, multitudes digamos, en cierto momento de su vida o de la historia afirman no creer en Dios, no tienen “evidencias” claras y afirman creer en la razón humana y, por supuesto, en las ciencias como un esfuerzo del saber humano.

    Y no hay contradicción entre creer en Dios y gustar la ciencia y la filosofía, basta nombrar la cantidad de creyentes que fueron científicos o filósofos, la cantidad de científicos que reafirman su fe en Dios desde su admiración y conocimiento del Cosmos. Y la cantidad de filósofos que aman la sabiduría, conscientes de que existe la Sabiduría que viene de lo alto, como dice la Biblia. ¿Cómo podría el ser humano profundizar su experiencia de Dios sin capacidad de razonar?

    Hay que diferenciar entonces que, en la fe cristiana, el creer no es simplemente asentir a una verdad, a un conocimiento; quien afirme que cree en Dios, más que aprobarlo intelectualmente, o asumirlo como una certeza del conocimiento de lo divino, tiene que confiar en Dios y poner su confianza en Él no está solamente en la cabeza, en la razón, sino también en el corazón, en la conciencia, en todo el bullir de su interioridad.

    Confiar en Dios significa entonces la confianza en mi relación con Alguien en quien he puesto mi esperanza, que me orienta en el camino de la vida, que se relaciona conmigo en el plano del amor, de la ternura, de la gratuidad. No es el Dios arquitecto del Universo o en el Dios Todopoderoso que mueve los hilos del universo creado. El Dios en quien confío me acompaña en la historia, me anima y da sentido a mi existencia desde un aquí que será plenitud en el más allá…


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