Nuestra Fe | Isabella Piro
El Papa: el cristianismo es
compromiso por un mundo más justo y fraterno
León XIV
recibe en audiencia a una delegación de representantes políticos y
personalidades civiles procedentes de Francia y pone en guardia contra «una
laicidad a veces mal entendida» y contra las «colonizaciones ideológicas». La
doctrina de la Iglesia es doctrina de salvación, no hay que temer promoverla.
El estímulo para afrontar las grandes cuestiones sociales con la fuerza de la
caridad, en nombre del bien común.
No es «una
simple devoción privada», sino «una forma de vivir en sociedad impregnada de
amor a Dios y al prójimo que, en Cristo, ya no es un enemigo sino un hermano»:
esto es el cristianismo y León XIV lo recuerda con claridad a unos cuarenta
miembros de la delegación de representantes políticos y personalidades civiles
de Val de Marne, en la diócesis francesa de Créteil, recibidos en audiencia
esta mañana, jueves 28 de agosto. Dirigiéndose en francés a los presentes,
acompañados por el obispo, monseñor Dominique Blanchet, el Papa recuerda que
«ante las derivas de todo tipo» de las sociedades occidentales, el cristiano
debe «volver la mirada hacia Cristo» para pedirle ayuda en el ejercicio de las
propias responsabilidades.
Una laicidad malinterpretada pone en peligro la
verdad
Responsabilidades
de las que el obispo de Roma dice ser «muy consciente»: la dificultad de
«actuar y decidir en coherencia con la propia fe» debido a «una laicidad a
veces malinterpretada»; la complejidad de llevar adelante «el compromiso
abiertamente cristiano» en algunas sociedades occidentales donde «Cristo y su
Iglesia son marginados, a menudo ignorados, a veces ridiculizados». Sin olvidar
«las presiones, las directrices de los partidos y las colonizaciones
ideológicas» —afirma León XIV, citando a su predecesor Francisco— a las que
están sometidos los políticos. Ante todo esto, subraya el Pontífice, es
necesario «el valor de decir, a veces, “¡No, no puedo!”», sobre todo cuando
«está en juego la verdad».
Dar testimonio
de Jesús en la vida pública
Por lo tanto,
el consejo que el Papa ofrece a la delegación francesa es uno: unirse cada vez
más a Jesús, vivir de Él y dar testimonio de Él, porque en la personalidad de
una persona pública no se puede llevar a cabo una separación: «No está por un
lado el político y por otro el cristiano», sino que «está el hombre político
que, bajo la mirada de Dios y de su propia conciencia, vive cristianamente sus
compromisos y sus responsabilidades».
No tener miedo de proponer y defender la doctrina de
la Iglesia
De ahí la
referencia a la doctrina de la Iglesia —en particular a la doctrina social—
cuyos fundamentos, subraya el Pontífice, están «sustancialmente en sintonía con
la ley natural» que incluso los no cristianos y los no creyentes «pueden
reconocer». Por eso, «no hay que temer proponerla y defenderla con convicción»,
ya que «es una doctrina de salvación que mira al bien de todo ser humano, a la
edificación de sociedades pacíficas, armoniosas, prósperas y reconciliadas».
Afrontar las cuestiones sociales con la fuerza de
la caridad
León XVI se
detiene también en las «grandes cuestiones sociales» de la región francesa,
citando en particular la violencia, la inseguridad, la precariedad, la droga,
el desempleo y la desaparición de la convivialidad. Todos ellos son retos
—añade— que el responsable cristiano está llamado a afrontar con «la caridad
social y política», que hace «amar el bien común y buscar efectivamente el bien
de las personas». También porque la promoción de valores que, aunque
evangélicos, estén «vaciados de Cristo», no permite «cambiar el mundo».
El compromiso por un mundo más justo y fraternal
Por último, el
Pontífice desea a la delegación, llegada a Roma en peregrinación, que regrese a
sus compromisos fortalecida en la esperanza y más firme en trabajar «por la
construcción de un mundo más justo, más humano, más fraternal», que no es otra
cosa que «un mundo más impregnado del Evangelio».
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