Cuaresma | VN
El Papa: En Cuaresma
desarmemos el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes
En su mensaje
para el tiempo de preparación a la Pascua de 2026, titulado “Escuchar y ayunar.
La Cuaresma como tiempo de conversión”, el Papa pide formas de “abstinencia
concreta” como “desarmar el lenguaje” y cultivar la amabilidad, pero también
escuchar la Palabra de Dios y el clamor de los últimos, y hacerlo juntos, en
nuestras comunidades, abiertas a acoger a quienes sufren.
En su mensaje
para la Cuaresma 2026, el Papa León XIV invita a pedir “la gracia de vivir una
Cuaresma que haga más atento nuestro oído a Dios y a los más necesitados.
Pidamos la fuerza de un ayuno que alcance también a la lengua, para que
disminuyan las palabras que hieren y crezca el espacio para la voz de los
demás”. El Pontífice insta además a comprometerse “para que nuestras
comunidades se conviertan en lugares donde el grito de los que sufren encuentre
acogida y la escucha genere caminos de liberación, haciéndonos más dispuestos y
diligentes para contribuir a edificar la civilización del amor”.
Un tiempo para volver a poner a Dios en el centro de
nuestra vida
El texto del
mensaje, titulado «Escuchar y ayunar. La Cuaresma como tiempo de conversión» se
hizo público hoy, 13 de febrero, pero fue firmado el 5 de febrero, memoria de
Santa Ágata virgen y mártir. En el tiempo de cuarenta días que precede a la
Pascua, y que comienza el miércoles 18 de febrero, el Papa recuerda que la
Iglesia “nos invita a poner de nuevo el misterio de Dios en el centro de
nuestra vida, para que nuestra fe recobre su impulso y el corazón no se
disperse entre las inquietudes y distracciones cotidianas”.
Escuchar la Palabra y el clamor de los que sufren
En este camino
de conversión es fundamental dejarse alcanzar por la Palabra de Dios, subraya
León XIV, y renovar la decisión de seguir a Jesús hasta Jerusalén, "donde
se cumple el misterio de su pasión, muerte y resurrección". Por eso
recuerda la importancia de dar espacio a esta Palabra a través de la escucha,
que es un rasgo distintivo del mismo Dios. El Señor, que habla a Moisés en la
zarza ardiente, le dice que ha oído el clamor de su pueblo oprimido en Egipto.
Es un Dios que nos atrae - comenta el Pontífice - que hoy también nos conmueve
con los pensamientos que hacen vibrar su corazón.
Por eso, la escucha de la Palabra en la liturgia nos educa para una escucha más verdadera de la realidad. Entre las muchas voces que atraviesan nuestra vida personal y social, las Sagradas Escrituras nos hacen capaces de reconocer la voz que clama desde el sufrimiento y la injusticia, para que no quede sin respuesta.
De esta
manera, continúa el Papa León, nos dejamos instruir por Dios para escuchar como
él, hasta reconocer, y aquí cita su Exhortación apostólica Dilexi te, que “la
condición de los pobres representa un grito que, en la historia de la
humanidad, interpela constantemente nuestra vida, nuestras sociedades, los
sistemas políticos y económicos, y especialmente a la Iglesia”.
El ayuno dispone a la acogida de la Palabra
El Papa
recuerda luego que, si la Cuaresma “es tiempo de escucha, el ayuno constituye
una práctica concreta que dispone a la acogida de la Palabra de Dios”. La
abstinencia de alimento – añade – es en efecto, un ejercicio ascético
antiquísimo e insustituible en el camino de la conversión.
Sirve, por tanto, para discernir y ordenar los “apetitos”, para mantener despierta el hambre y la sed de justicia, sustrayéndola de la resignación, educarla para que se convierta en oración y responsabilidad hacia el prójimo.
El ayuno y el hambre de justicia
A
continuación, León XIV cita a San Agustín, quien con sutileza espiritual
recuerda que solo los ángeles están repletos del "pan" de la
justicia; los hombres mientras tienen hambre, se ensanchan; mientras se
ensanchan, son dilatados; mientras son dilatados, se hacen capaces; y, hechos
capaces, en su momento serán repletos.
El ayuno, entendido en este sentido, nos permite no sólo disciplinar el deseo, purificarlo y hacerlo más libre, sino también expandirlo, de modo que se dirija a Dios y se oriente hacia el bien.
Desarmar el lenguaje, renunciar a las palabras
hirientes
Sin embargo,
el Pontífice recuerda que “para que el ayuno conserve su verdad evangélica y
evite la tentación de enorgullecer el corazón, debe vivirse siempre con fe y
humildad”, en “comunión con el Señor” y siempre debe incluir “otras formas de
privación destinadas a hacernos adquirir un estilo de vida más sobrio”. Por eso
invita a todos “a una forma de abstinencia muy concreta y a menudo poco
apreciada, es decir, la de abstenerse de utilizar palabras que afectan y
lastiman a nuestro prójimo”.
Empecemos a desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias. Esforcémonos, en cambio, por aprender a medir las palabras y a cultivar la amabilidad: en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades cristianas. Entonces, muchas palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz.
Juntos en comunidad, recorrer un camino compartido
Después de
“escuchar” y “ayunar”, la tercera palabra del mensaje del Papa León XIV es
“juntos”, porque “la Cuaresma pone de relieve la dimensión comunitaria de la
escucha de la Palabra y de la práctica del ayuno. También la Escritura subraya
este aspecto de muchas maneras. Por ejemplo, cuando narra en el libro de
Nehemías que el pueblo se reunió para escuchar la lectura pública del libro de
la Ley y, practicando el ayuno, se dispuso a la confesión de fe y a la
adoración, con el fin de renovar la alianza con Dios”.
Del mismo modo, nuestras parroquias, familias, grupos eclesiales y comunidades religiosas están llamados a realizar en Cuaresma un camino compartido, en el que la escucha de la Palabra de Dios, así como del clamor de los pobres y de la tierra, se convierta en forma de vida común, y el ayuno sostenga un arrepentimiento real.
“En nuestras
comunidades eclesiales como en la humanidad sedienta de justicia y
reconciliación”, concluye el Santo padre, “la conversión no sólo concierne a la
conciencia del individuo, sino también al estilo de las relaciones, a la
calidad del diálogo, a la capacidad de dejarse interpelar por la realidad y de
reconocer lo que realmente orienta el deseo”.


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