Humanismo Integral | Sebastián Sansón Ferrari
El Papa León XIV en mayo:
"Que nadie quede excluido de la mesa común"
Ante la
creciente crisis alimentaria mundial y el escandaloso desperdicio de recursos,
el Pontífice lanza su intención de oración para el mes de mayo. Una llamada
urgente a transformar la lógica del consumo egoísta en una cultura de
solidaridad, sobriedad y cuidado del prójimo.
En un mundo
marcado por la paradoja de la abundancia desperdiciada frente a la carencia
extrema, el Papa León XIV eleva su voz para poner el foco en uno de los
desafíos más lacerantes de nuestra época: el hambre y el desperdicio
alimentario. A través de la campaña "Reza con el Papa", impulsada por
la Red Mundial de Oración del Papa, el Pontífice convoca a los fieles y a las
personas de buena voluntad a unirse en el mes de mayo con una intención clara:
"Por una alimentación para todos".
El dolor ante el hambre
El Santo Padre
reconoce, con un profundo dolor, la brecha que separa a la mesa de muchos de la
realidad que viven millones de hermanos y hermanas. En su mensaje, el Papa
invita a los creyentes a despertar una nueva conciencia, instando a aprender a
agradecer cada alimento, a consumir con sencillez y a compartir con alegría,
reconociendo que los frutos de la tierra no son una propiedad privada, sino un
"don de Dios destinado a todos, no solo a unos pocos".
La propuesta
de León XIV es una transición necesaria: pasar de la "lógica del consumo
egoísta a una cultura de solidaridad". Esto implica, concretamente,
promover gestos como el apoyo a bancos de alimentos, campañas de
sensibilización y la adopción de estilos de vida más sobrios y responsables.
Una crisis global que no admite indiferencia
La urgencia de
esta oración encuentra su fundamento en datos alarmantes. Según el WFP
2026 Global Outlook, presentado por el Programa Mundial de Alimentos, se
estima que 318 millones de personas enfrentan este año niveles de crisis de
hambre o situaciones más graves. La inestabilidad, especialmente en Oriente
Medio, amenaza con empujar a otros 45 millones de personas hacia una situación
de hambre aguda en los próximos meses.
A esto se suma
el preocupante balance del informe El estado de la seguridad
alimentaria y la nutrición en el mundo 2025, elaborado por organismos de la
ONU, que situaba en 673 millones el número de personas que sufrieron hambre en
2024, con más de 2.600 millones de personas imposibilitadas de acceder a una
dieta saludable. La FAO y el PMA alertan que, durante 2026, la inseguridad
alimentaria seguirá agravándose en, al menos, 16 países y territorios
identificados como puntos críticos.
Esta realidad
cobra tintes dramáticos al contrastarla con el desperdicio. El Programa de las
Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) señala que el mundo desperdicia
más de 1.000 millones de toneladas de alimentos, un fenómeno que, además,
impacta gravemente en el clima al generar entre el 8% y el 10% de las emisiones
globales de gases de efecto invernadero.
Pasar de la oración a la acción
El Padre
Cristóbal Fones, director internacional de la Red Mundial de Oración del Papa,
subraya que la intención del Pontífice nace de su propia cercanía con el dolor
ajeno. "Esta intención nace del corazón del Papa. Le duele profundamente
que tantas personas en el mundo no puedan acceder a algo tan esencial y tan
humano como es la comida", afirma.
Fones enfatiza
que el llamado no es únicamente a la contemplación espiritual, sino a
"actuar con determinación", sin caer en la indiferencia. Bajo esta
óptica, el pan deja de ser un simple "objeto de consumo" para
convertirse, según la visión del Papa, en un signo de comunión y cuidado,
cerrando con una petición evangélica que resuena en todo el mundo: "Que
nadie quede excluido de la mesa común".
Reza con el Papa León XIV:
En el nombre
del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Señor de la
creación,
Tú nos diste
la tierra fecunda y, con ella, nuestro pan de cada día,
como signo de
tu amor y providencia.
Hoy
reconocemos con dolor
que millones
de hermanos y hermanas siguen padeciendo hambre,
mientras
tantos bienes se desperdician en nuestras mesas.
Despierta en
nosotros una nueva conciencia:
que aprendamos
a agradecer cada alimento,
a consumir con
sencillez,
a compartir
con alegría,
y a cuidar los
frutos de la tierra como un don tuyo,
destinado a
todos, no solo a unos pocos.
Padre bueno,
haznos capaces
de transformar la lógica del consumo egoísta
en una cultura
de solidaridad.
Que nuestras
comunidades promuevan gestos concretos:
campañas de
sensibilización, bancos de alimentos,
y un estilo de
vida sobrio y responsable.
Tú que nos
enviaste a tu amado Hijo Jesús,
pan partido
para la vida del mundo,
danos un
corazón nuevo, con hambre de justicia y sed de fraternidad.
Que nadie
quede excluido de la mesa común,
y que tu
Espíritu nos enseñe a mirar el pan
no como un
objeto de consumo,
sino como un
signo de comunión y cuidado.
Amén.


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