Vida Religiosa | Débora Donnini
En San Pedro, Misa con 800
sacerdotes; Del Río: llevar el Evangelio al mundo
En el Altar de
la Cátedra, en la Basílica de San Pedro, ayer a la tarde Monseñor Javier Del
Río, arzobispo de Arequipa, presidió la Santa Misa en la solemnidad de la
Natividad de San Juan Bautista. Concelebraron alrededor de 800 sacerdotes que
participan en el retiro organizado por el Camino Neocatecumenal en Porto San
Giorgio.
Un ambiente de
gratitud se respiraba en la Basílica de San Pedro entre los sacerdotes que,
durante los últimos cuatro días, han vivido una experiencia de misión en
Italia, yendo de dos en dos, sin dinero, para anunciar el Evangelio. A pesar
del calor y el cansancio, se percibían alegría y fortaleza en sus rostros. Se
trata de aproximadamente 800 sacerdotes, formados en su mayoría en los
seminarios Redemptoris Mater de Norte, Centro y Sudamérica que ayer por la
mañana participaron en la audiencia general con León XIV.
«Recibo con
afecto —dijo ayer León XIV en los saludos finales de su catequesis — a los
sacerdotes del Camino Neocatecumenal, provenientes de diversos países. Deseo
que la ofrenda cotidiana del sacrificio eucarístico sea para ustedes un apoyo
en su ministerio al servicio del Pueblo de Dios».
Misa en la Basílica de San Pedro.
Del Río: llamados a la nueva evangelización
«Un don
inmenso» y «una confirmación en la fe» haber estado ayer con el Papa, haber
recibido su saludo y «celebrar aquí la Eucaristía», destacó en la homilía el
arzobispo peruano que presidió la celebración eucarística, dirigiendo una
palabra de esperanza incluso ante las dificultades que los sacerdotes pueden
encontrar a lo largo de su vida, y un estímulo al anuncio del Evangelio.
«Es Dios quien
esta tarde dice a cada uno de nosotros una palabra irrevocable: tú eres mi
siervo», recordó, «sobre el cual manifestaré mi gloria», como se lee en la
Primera Lectura tomada del Libro del profeta Isaías. «Dios con su Palabra
—continuó— nos confirma en nuestra vocación misionera como sacerdotes
diocesanos misioneros», que corresponde a lo que Dios, mediante el Espíritu
Santo, inspiró a los Padres conciliares.
Ser hijos de la Iglesia
Remitiéndose a
las palabras de Jesús cuando dice que entre los nacidos de mujer no ha surgido
uno más grande que Juan el Bautista, pero que el más pequeño en el Reino de los
Cielos es más grande que él, monseñor Del Río exhortó a acoger esta Palabra.
«Nosotros
hemos nacido de la Palabra que quiso llegar hasta nosotros a través del kerigma
y hemos sido introducidos en una iniciación cristiana que nos conduce a la
madurez de la fe. El Señor nos hace partícipes de la victoria de nuestro Señor
Jesucristo sobre el pecado y la muerte. Esta es la buena noticia que estamos
llamados a llevar hasta los últimos confines de la tierra».
«Nosotros
somos hijos de la Iglesia —concluyó— y la Iglesia cuenta con nosotros para la
nueva evangelización».


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