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    martes, 30 de junio de 2026

    La Autoridad de Jesús


    Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc

     


    La Autoridad de Jesús

    (Miércoles 1ro. de julio 2026. En la semana decima tercera del tiempo Ordinario, lecturas: Amós 5,14-15.21-24. Salmo 49,8-13. San Mateo 8,24-34)

     

    Queridos hermanos y hermanas:

    La Palabra de Dios de este día nos invita a contemplar la autoridad de Jesús, una autoridad que no se impone por la fuerza, sino que brota de su condición de Hijo de Dios y de su amor salvador. Las tres lecturas nos muestran que Dios no busca apariencias religiosas, sino un corazón que le obedezca y una vida transformada por su presencia.

     

    1. "Busquen el bien y no el mal" (Amós 5,14-15.21-24). El profeta Amós habla a un pueblo que cumplía con los ritos religiosos, pero había olvidado la justicia y el amor al prójimo. Por eso Dios les dice: "Busquen el bien y no el mal, para que vivan."

    Y añade unas palabras muy fuertes:

    -                     "Aborrezco sus fiestas... Que fluya el derecho como agua y la justicia como un torrente inagotable."

    Aquí encontramos una primera enseñanza:

    -                     La verdadera autoridad de Dios se manifiesta llamándonos a la conversión.

    -                     No basta asistir al templo o rezar muchas oraciones; nuestra fe debe reflejarse en la manera de tratar a los demás.

    -                     Donde hay injusticia, mentira, corrupción o indiferencia hacia el necesitado, el culto pierde autenticidad.

    Hoy el Señor nos pregunta: ¿Mi vida refleja la justicia y el amor que proclamo con mis labios?

     

    2. "Al que sigue el buen camino le haré ver la salvación" (Salmo 49).

    El salmo continúa el mismo mensaje.  Dios aclara que no necesita nuestros sacrificios porque todo le pertenece. Lo que espera es un corazón agradecido y obediente.

    Este salmo nos recuerda que:

    -                     Dios desea una relación sincera con nosotros.

    -                     El mejor sacrificio es una vida vivida según su voluntad.

    -                     La verdadera adoración consiste en glorificar a Dios con nuestras obras y con nuestra conducta diaria.

    No impresionamos a Dios con palabras bonitas; lo agradamos cuando vivimos como hijos suyos.

     

    3. La autoridad de Jesús vence al mal (Mateo 8,28-34). En el Evangelio contemplamos una manifestación extraordinaria de la autoridad de Jesús.

    Dos hombres poseídos por demonios vivían entre los sepulcros. Nadie podía dominarlos. Eran esclavos del mal, del miedo y de la destrucción. Sin embargo, apenas Jesús llega, los demonios lo reconocen inmediatamente: "¿Qué quieres de nosotros, Hijo de Dios?"

    Es impresionante: mientras muchos hombres todavía dudaban quién era Jesús, los espíritus malignos reconocían su poder.

    Jesús no necesita gritar ni luchar. Basta una sola palabra:

    -                     "Vayan."

    -                     Y los demonios obedecen.

    Aquí aparece la verdadera autoridad de Cristo:

    -                     Tiene autoridad sobre el mal.

    -                     Tiene autoridad sobre el pecado.

    -                     Tiene autoridad sobre todo aquello que esclaviza al ser humano.

    -                     Tiene autoridad para devolver la dignidad y la libertad.

    Cuando dejamos que Cristo entre en nuestra vida, también comienza a expulsar nuestros propios demonios: el orgullo, el rencor, la envidia, la desesperanza, las adicciones y todo aquello que nos aleja de Dios.

     

    4. Una reacción que invita a reflexionar. Al final del Evangelio ocurre algo inesperado.

    Los habitantes del lugar, al ver el milagro y la pérdida de los cerdos, en vez de alegrarse por la liberación de aquellos hombres, le piden a Jesús que se marche.

    Prefieren conservar sus intereses materiales antes que aceptar la presencia transformadora de Dios.

    También nosotros podemos actuar así. A veces queremos que Jesús nos bendiga, pero sin cambiar nuestras costumbres.

    -                      Queremos sus milagros, pero no sus exigencias.

    -                      Queremos su ayuda, pero no permitirle que transforme nuestro corazón.

     

    Conclusión

    Queridos hermanos y hermanas, la autoridad de Jesús sigue actuando hoy.

    Es la autoridad que:

    -                     nos llama a practicar la justicia, como enseñó Amós;

    -                     nos invita a ofrecer un culto sincero, como proclama el salmo;

    -                     y nos libera del mal para vivir como verdaderos hijos de Dios, como vemos en el Evangelio.

    Pidámosle al Señor que ejerza su autoridad sobre nuestra vida, que expulse todo aquello que nos aparta de Él y nos conceda un corazón dispuesto a buscar siempre el bien, practicar la justicia y vivir en la libertad de los hijos de Dios. Amén.






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