Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc
La Autoridad de Jesús
(Miércoles 1ro. de julio 2026. En la
semana decima tercera del tiempo Ordinario, lecturas: Amós 5,14-15.21-24. Salmo
49,8-13. San Mateo 8,24-34)
Queridos hermanos y hermanas:
La Palabra de Dios de este día nos
invita a contemplar la autoridad de Jesús, una autoridad que no se impone por
la fuerza, sino que brota de su condición de Hijo de Dios y de su amor
salvador. Las tres lecturas nos muestran que Dios no busca apariencias
religiosas, sino un corazón que le obedezca y una vida transformada por su
presencia.
1. "Busquen el bien y no el
mal" (Amós 5,14-15.21-24). El
profeta Amós habla a un pueblo que cumplía con los ritos religiosos, pero había
olvidado la justicia y el amor al prójimo. Por eso Dios les dice: "Busquen
el bien y no el mal, para que vivan."
Y añade unas palabras muy fuertes:
-
"Aborrezco
sus fiestas... Que fluya el derecho como agua y la justicia como un torrente
inagotable."
Aquí encontramos una primera enseñanza:
-
La
verdadera autoridad de Dios se manifiesta llamándonos a la conversión.
-
No basta
asistir al templo o rezar muchas oraciones; nuestra fe debe reflejarse en la
manera de tratar a los demás.
-
Donde hay
injusticia, mentira, corrupción o indiferencia hacia el necesitado, el culto
pierde autenticidad.
Hoy el Señor nos pregunta: ¿Mi vida refleja la justicia y el amor que proclamo con mis
labios?
2. "Al que sigue el buen camino le
haré ver la salvación" (Salmo 49).
El salmo continúa el mismo mensaje. Dios aclara que no
necesita nuestros sacrificios porque todo le pertenece. Lo que espera es un
corazón agradecido y obediente.
Este salmo nos recuerda que:
-
Dios desea
una relación sincera con nosotros.
-
El mejor
sacrificio es una vida vivida según su voluntad.
-
La
verdadera adoración consiste en glorificar a Dios con nuestras obras y con
nuestra conducta diaria.
No impresionamos a Dios con palabras
bonitas; lo agradamos cuando vivimos como hijos suyos.
3. La autoridad de Jesús vence al mal
(Mateo 8,28-34). En el
Evangelio contemplamos una manifestación extraordinaria de la autoridad de
Jesús.
Dos hombres poseídos por demonios
vivían entre los sepulcros. Nadie
podía dominarlos. Eran esclavos del mal, del miedo y de la destrucción. Sin
embargo, apenas Jesús llega, los demonios lo reconocen inmediatamente:
"¿Qué quieres de nosotros, Hijo de Dios?"
Es impresionante: mientras muchos hombres todavía dudaban quién era Jesús,
los espíritus malignos reconocían su poder.
Jesús no necesita gritar ni luchar.
Basta una sola palabra:
-
"Vayan."
-
Y los
demonios obedecen.
Aquí aparece la verdadera autoridad de Cristo:
-
Tiene
autoridad sobre el mal.
-
Tiene
autoridad sobre el pecado.
-
Tiene
autoridad sobre todo aquello que esclaviza al ser humano.
-
Tiene
autoridad para devolver la dignidad y la libertad.
Cuando dejamos que Cristo entre en
nuestra vida, también comienza a expulsar nuestros propios demonios: el
orgullo, el rencor, la envidia, la desesperanza, las adicciones y todo
aquello que nos aleja de Dios.
4. Una reacción que invita a
reflexionar. Al final del Evangelio
ocurre algo inesperado.
Los habitantes del lugar, al ver el
milagro y la pérdida de los cerdos, en vez de alegrarse por la liberación de
aquellos hombres, le piden a Jesús que se marche.
Prefieren conservar sus intereses
materiales antes que aceptar la presencia transformadora de Dios.
También nosotros podemos actuar así. A
veces queremos que Jesús nos bendiga, pero sin cambiar nuestras costumbres.
-
Queremos sus milagros, pero no sus exigencias.
-
Queremos su ayuda, pero no permitirle que
transforme nuestro corazón.
Conclusión
Queridos hermanos y hermanas, la
autoridad de Jesús sigue actuando hoy.
Es la autoridad que:
-
nos llama a
practicar la justicia, como enseñó Amós;
-
nos invita
a ofrecer un culto sincero, como proclama el salmo;
-
y nos libera
del mal para vivir como verdaderos hijos de Dios, como vemos en el
Evangelio.
Pidámosle al Señor que ejerza su
autoridad sobre nuestra vida, que expulse todo aquello que nos aparta de Él y
nos conceda un corazón dispuesto a buscar siempre el bien, practicar la
justicia y vivir en la libertad de los hijos de Dios. Amén.


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