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    miércoles, 10 de junio de 2026

    Plenitud de vida: hacer vida la voluntad de Dios


    Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc

     


    Plenitud de vida: hacer vida la voluntad de Dios

    (Miércoles 10 de junio 2026. Décima semana del tiempo ordinario, lecturas: 1 Reyes 18,20-39; Salmo 15; Mateo 5,17-19)

     

    Queridos hermanos y hermanas:

    La Palabra de Dios de este miércoles de la décima semana del Tiempo Ordinario nos invita a descubrir dónde se encuentra la verdadera plenitud de la vida. Jesús nos enseña que la plenitud no consiste en hacer nuestra propia voluntad, sino en hacer vida la voluntad de Dios. Las lecturas nos muestran el camino para lograrlo.

     

    1. Elías nos invita a decidirnos por Dios. En la primera lectura encontramos al profeta Elías enfrentándose a los profetas de Baal en el monte Carmelo. El pueblo vivía dividido entre el Señor y los ídolos. Por eso Elías les pregunta: "¿Hasta cuándo van a caminar con muletas, siguiendo dos caminos?"

    Este mensaje sigue siendo actual. También nosotros podemos vivir divididos:

    -                     Queremos seguir a Dios, pero a veces seguimos los criterios del mundo.

    -                     Decimos confiar en el Señor, pero ponemos nuestra seguridad únicamente en el dinero, el poder o el prestigio.

    -                     Buscamos la verdad, pero nos dejamos seducir por lo que resulta más cómodo.

    Elías nos enseña que la voluntad de Dios exige una decisión clara y valiente. No se puede vivir con el corazón partido. Cuando el fuego de Dios consume el sacrificio, el pueblo reconoce: "¡El Señor es el verdadero Dios!"

    Para nuestra vida hoy:

    - Revisemos cuáles son los ídolos modernos que ocupan el lugar de Dios.

    - Renunciemos a aquello que nos aleja de la fe.

    - Tengamos la valentía de optar por Dios aun cuando sea difícil.

     

    2. El salmo nos muestra el camino de la verdadera felicidad. El salmista proclama: "Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti."

    Después de la experiencia del Carmelo, el salmo nos enseña que quien pone su confianza en Dios encuentra seguridad y alegría.

    Algunas expresiones son especialmente hermosas:

    -                     "El Señor es el lote de mi heredad."

    -                     "Tengo siempre presente al Señor."

    -                     "Me enseñarás el sendero de la vida."

    La plenitud de vida no nace de acumular bienes, sino de vivir cerca de Dios. Quien hace de Dios su refugio descubre una paz que el mundo no puede dar.

    Para nuestra vida hoy:

    - Aprendamos a confiar más en Dios que en nuestras propias fuerzas.

    - Hagamos de la oración un refugio diario.

    - Recordemos que la verdadera alegría nace de una conciencia limpia y de una relación sincera con el Señor.

     

    3. Jesús vino a dar plenitud a la Ley. En el Evangelio Jesús declara: "No he venido a abolir la Ley ni los Profetas; he venido a darles plenitud."

    Jesús no elimina la voluntad de Dios; la lleva a su cumplimiento perfecto. La ley ya no es simplemente un conjunto de normas externas, sino una manera de vivir el amor de Dios.

    Por eso Jesús enseña que incluso el mandamiento más pequeño tiene valor cuando nace del amor y de la obediencia al Padre.

    La verdadera plenitud consiste en:

    -                     Escuchar la Palabra.

    -                     Creerla.

    -                     Practicarla cada día.

    No basta conocer los mandamientos; es necesario convertirlos en vida concreta:

    -                     Perdonando.

    -                     Siendo honestos.

    -                     Cumpliendo nuestros deberes.

    -                     Ayudando al necesitado.

    -                     Viviendo la caridad en la familia y en la comunidad.

    Para nuestra vida hoy:

    -                     La fe no puede quedarse en palabras.

    -                     La voluntad de Dios debe traducirse en acciones concretas.

    -                  El mejor discípulo no es el que más sabe, sino el que más vive el Evangelio.

           

    Conclusión.

    Queridos hermanos y hermanas, las lecturas de hoy nos muestran un camino muy claro hacia la plenitud de vida:

    - Como Elías, debemos elegir decididamente al Señor y rechazar los ídolos.

    - Como el salmista, debemos confiar plenamente en Dios y caminar por sus senderos.

    - Como enseña Jesús, debemos hacer de la voluntad de Dios una realidad cotidiana en nuestra vida.

     

    Pidamos al Señor en esta Eucaristía la gracia de no vivir una fe dividida, sino de responder con generosidad a su llamada, para que nuestras palabras, nuestras decisiones y nuestras obras manifiesten que el Señor es nuestro único Dios y que su voluntad es el camino seguro hacia la verdadera plenitud de vida. Amén.







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