Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc
Ser sal y ser luz
(Martes
9 de junio 2026. Decima semana tiempo ordinario, lecturas: 1Reyes 17,7-16.
Salmo 4,2-8. San Mateo 5,13-16)
Queridos
hermanos y hermanas:
La
Palabra de Dios que hoy escuchamos en este martes de la décima semana del
Tiempo Ordinario nos invita a reflexionar sobre un tema fundamental para
nuestra vida cristiana: “Ser sal de la tierra y luz del mundo”. Las lecturas
nos muestran que quien confÃa en Dios y vive según su voluntad se convierte en
bendición para los demás.
1.
La viuda de Sarepta: la fe que comparte lo poco que tiene (1 Reyes 17,7-16)
La
primera lectura nos presenta a una viuda pobre que atraviesa una situación de
extrema necesidad. Apenas tiene un puñado de harina y un poco de aceite para
preparar la última comida para ella y su hijo. Sin embargo, cuando el profeta
ElÃas le pide que confÃe en la palabra del Señor, ella abre su corazón y
comparte lo poco que posee.
De
esta lectura podemos aprender:
-
La verdadera fe se demuestra en los momentos de
dificultad.
-
Dios puede realizar grandes obras cuando ponemos
en sus manos lo poco que tenemos.
-
La generosidad abre la puerta a las bendiciones de
Dios.
-
Quien comparte con amor nunca empobrece; Dios
multiplica sus dones.
-
Muchas veces somos llamados a ser sal y luz
precisamente mediante pequeños actos de caridad y solidaridad.
En
un mundo marcado por el egoÃsmo y la indiferencia, la viuda nos enseña que la
confianza en Dios nos ayuda a superar el miedo y a vivir para los demás.
2.
El salmo: Dios llena de alegrÃa nuestro corazón (Salmo 4).
El
salmista proclama: “Haz brillar sobre nosotros la luz de tu rostro, Señor.”
Este
salmo nos recuerda que:
-
La verdadera felicidad no depende de las riquezas
materiales.
-
Dios es nuestra seguridad en medio de las
dificultades.
-
Quien vive cerca del Señor encuentra paz y
serenidad.
-
La luz de Dios ilumina nuestras decisiones y
nuestro camino.
Para
ser luz del mundo primero debemos dejarnos iluminar por Cristo. Nadie puede
transmitir una luz que no posee. La oración, los sacramentos y la escucha de la
Palabra alimentan esa luz interior.
3.
Ustedes son la sal de la tierra y la luz del mundo (Mateo 5,13-16).
En
el Evangelio, Jesús dirige a sus discÃpulos unas palabras que siguen siendo
actuales: “Ustedes son la sal de la tierra y la luz del mundo.”
La
sal tiene varias funciones:
-
Da sabor a los alimentos.
-
Conserva lo que puede dañarse.
-
Purifica.
Ser
sal hoy significa:
-
Dar sabor evangélico a nuestra familia y a nuestra
sociedad.
-
Vivir con honestidad en medio de la corrupción.
-
Defender los valores cristianos.
-
Llevar esperanza donde hay desánimo.
También
Jesús nos llama a ser luz.
Ser
luz significa:
-
Reflejar la presencia de Cristo con nuestras
obras.
-
Iluminar con el ejemplo más que con las palabras.
-
Ayudar a otros a encontrar el camino de Dios.
-
Ser testigos de la fe en todos los ambientes.
Jesús
añade: “Que brille asà su luz ante los hombres, para que vean sus buenas obras
y glorifiquen a su Padre que está en el cielo.” La luz cristiana no busca el
aplauso personal, sino que los demás descubran el amor de Dios.
Conclusión
Queridos
hermanos y hermanas, la viuda de Sarepta nos enseña a confiar y compartir; el
salmo nos invita a buscar la luz del rostro de Dios; y el Evangelio nos llama a
convertirnos en sal que da sabor y en luz que ilumina.
Preguntémonos
hoy:
-
¿Estoy dando sabor evangélico a mi hogar?
-
¿Mi vida ilumina o confunde a los demás?
-
¿Comparto con generosidad lo que Dios me ha dado?
-
¿Reflejo a Cristo en mis palabras y acciones?
Que
el Señor nos conceda la gracia de ser, en medio de nuestro mundo, sal que
transforma y luz que guÃa, para que muchos puedan encontrar en nosotros un
reflejo de su amor y de su misericordia. Amén.


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