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    martes, 9 de junio de 2026

    Ser sal y ser luz


    Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc

     


    Ser sal y ser luz

    (Martes 9 de junio 2026. Decima semana tiempo ordinario, lecturas: 1Reyes 17,7-16. Salmo 4,2-8. San Mateo 5,13-16)

     

    Queridos hermanos y hermanas:

    La Palabra de Dios que hoy escuchamos en este martes de la décima semana del Tiempo Ordinario nos invita a reflexionar sobre un tema fundamental para nuestra vida cristiana: “Ser sal de la tierra y luz del mundo”. Las lecturas nos muestran que quien confía en Dios y vive según su voluntad se convierte en bendición para los demás.

     

    1. La viuda de Sarepta: la fe que comparte lo poco que tiene (1 Reyes 17,7-16)

    La primera lectura nos presenta a una viuda pobre que atraviesa una situación de extrema necesidad. Apenas tiene un puñado de harina y un poco de aceite para preparar la última comida para ella y su hijo. Sin embargo, cuando el profeta Elías le pide que confíe en la palabra del Señor, ella abre su corazón y comparte lo poco que posee.

    De esta lectura podemos aprender:

    -                     La verdadera fe se demuestra en los momentos de dificultad.

    -                     Dios puede realizar grandes obras cuando ponemos en sus manos lo poco que tenemos.

    -                     La generosidad abre la puerta a las bendiciones de Dios.

    -                     Quien comparte con amor nunca empobrece; Dios multiplica sus dones.

    -                     Muchas veces somos llamados a ser sal y luz precisamente mediante pequeños actos de caridad y solidaridad.

    En un mundo marcado por el egoísmo y la indiferencia, la viuda nos enseña que la confianza en Dios nos ayuda a superar el miedo y a vivir para los demás.

     

    2. El salmo: Dios llena de alegría nuestro corazón (Salmo 4).

    El salmista proclama: “Haz brillar sobre nosotros la luz de tu rostro, Señor.”

    Este salmo nos recuerda que:

    -                     La verdadera felicidad no depende de las riquezas materiales.

    -                     Dios es nuestra seguridad en medio de las dificultades.

    -                     Quien vive cerca del Señor encuentra paz y serenidad.

    -                     La luz de Dios ilumina nuestras decisiones y nuestro camino.

    Para ser luz del mundo primero debemos dejarnos iluminar por Cristo. Nadie puede transmitir una luz que no posee. La oración, los sacramentos y la escucha de la Palabra alimentan esa luz interior.

     

    3. Ustedes son la sal de la tierra y la luz del mundo (Mateo 5,13-16).

    En el Evangelio, Jesús dirige a sus discípulos unas palabras que siguen siendo actuales: “Ustedes son la sal de la tierra y la luz del mundo.”

    La sal tiene varias funciones:

    -                     Da sabor a los alimentos.

    -                     Conserva lo que puede dañarse.

    -                     Purifica.

    Ser sal hoy significa:

    -                     Dar sabor evangélico a nuestra familia y a nuestra sociedad.

    -                     Vivir con honestidad en medio de la corrupción.

    -                     Defender los valores cristianos.

    -                     Llevar esperanza donde hay desánimo.

    También Jesús nos llama a ser luz.

    Ser luz significa:

    -                     Reflejar la presencia de Cristo con nuestras obras.

    -                     Iluminar con el ejemplo más que con las palabras.

    -                     Ayudar a otros a encontrar el camino de Dios.

    -                     Ser testigos de la fe en todos los ambientes.

    Jesús añade: “Que brille así su luz ante los hombres, para que vean sus buenas obras y glorifiquen a su Padre que está en el cielo.” La luz cristiana no busca el aplauso personal, sino que los demás descubran el amor de Dios.

     

    Conclusión

    Queridos hermanos y hermanas, la viuda de Sarepta nos enseña a confiar y compartir; el salmo nos invita a buscar la luz del rostro de Dios; y el Evangelio nos llama a convertirnos en sal que da sabor y en luz que ilumina.

    Preguntémonos hoy:

    -                     ¿Estoy dando sabor evangélico a mi hogar?

    -                     ¿Mi vida ilumina o confunde a los demás?

    -                     ¿Comparto con generosidad lo que Dios me ha dado?

    -                     ¿Reflejo a Cristo en mis palabras y acciones?

    Que el Señor nos conceda la gracia de ser, en medio de nuestro mundo, sal que transforma y luz que guía, para que muchos puedan encontrar en nosotros un reflejo de su amor y de su misericordia. Amén.






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