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    viernes, 19 de junio de 2026

    Tesoro en el cielo



    Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc

     


    Tesoro en el cielo

    (Viernes 19 junio 2026. Undécima semana tiempo Ordinaria, lecturas: 2Reyes 11,1-4.9-18.20. Salmo 131,11-18. San Mateo 6,19-23)

     

    Queridos hermanos y hermanas:

    La Palabra de Dios que hemos escuchado en este viernes de la undécima semana del Tiempo Ordinario nos invita a reflexionar sobre un tema fundamental para nuestra vida cristiana: “Tesoro en el cielo”. Jesús nos recuerda que donde está nuestro tesoro, allí está también nuestro corazón. Por eso, las lecturas de hoy nos ayudan a preguntarnos: ¿Qué es lo que realmente valoramos? ¿Dónde estamos poniendo nuestro corazón?

     

    1. La primera lectura (2 Reyes 11,1-4.9-18.20): Dios conserva su promesa en medio de las dificultades.

    La historia que hemos escuchado se desarrolla en un momento oscuro para el pueblo. Atalía, movida por la ambición de poder, intenta eliminar a todos los descendientes reales. Sin embargo, Dios no abandona su promesa. El pequeño Joás es salvado y protegido hasta el momento oportuno para ser proclamado rey.

    ¿Qué nos enseña esta lectura?

    -                     Dios sigue actuando incluso cuando parece que el mal tiene la última palabra.

    -                     La fidelidad de Dios vale más que cualquier poder humano.

    -                     Quienes protegieron a Joás pusieron su confianza en el plan de Dios y no en sus propios intereses.

    -                     El verdadero tesoro no era el poder de Atalía, sino la alianza que Dios había establecido con su pueblo.

    También nosotros vivimos situaciones difíciles, injusticias o momentos de incertidumbre. Esta lectura nos invita a confiar en que Dios sigue guiando la historia y nunca abandona a quienes permanecen fieles a Él.

     

    2. El Salmo 131: El Señor es fiel a sus promesas. El salmista recuerda la promesa hecha por Dios a David: «Le pondré sobre tu trono un descendiente tuyo».

    Al meditar este salmo descubrimos que:

    -                     Dios siempre cumple sus promesas.

    -                     Nuestra seguridad no debe apoyarse únicamente en bienes materiales o éxitos pasajeros.

    -                     El Señor es nuestro refugio y nuestra esperanza.

    -                     El mayor tesoro del creyente es saber que Dios permanece fiel para siempre.

    Muchas veces las riquezas de este mundo desaparecen, pero la fidelidad de Dios permanece. Quien construye su vida sobre esa certeza posee una riqueza que nadie puede quitarle.

     

    3. El Evangelio (Mateo 6,19-23): Acumular tesoros en el cielo. Jesús va al corazón del problema: «No acumulen tesoros en la tierra... acumulen tesoros en el cielo».

    El Señor no condena los bienes materiales en sí mismos, sino el apego desordenado a ellos. Todo aquello que ocupa el lugar de Dios en nuestro corazón se convierte en un falso tesoro.

    Jesús nos deja varias enseñanzas:

    -                     Los bienes materiales son pasajeros; la caridad y las buenas obras tienen valor eterno.

    -                     Nuestro corazón sigue aquello que consideramos más importante.

    -                     Un ojo limpio representa una mirada sencilla, generosa y orientada hacia Dios.

    -                     Un ojo enfermo simboliza la codicia, el egoísmo y la obsesión por poseer.

    Por eso debemos preguntarnos:

    -                     ¿Cuál es mi verdadero tesoro?

    -                     ¿Qué ocupa mis pensamientos y mis esfuerzos?

    - ¿Busco primero el Reino de Dios o solamente mis intereses personales?

     

    4. Aplicación para nuestra vida. Hoy el Señor nos invita a revisar dónde está nuestro corazón.

    Acumulamos tesoros en el cielo cuando:

    -                     Vivimos en amistad con Dios.

    -                     Practicamos la caridad con los necesitados.

    -                     Perdonamos de corazón.

    -                     Servimos con humildad.

    -                     Participamos fielmente en la vida de la Iglesia.

    -                     Dedicamos tiempo a la oración y a la escucha de la Palabra.

    Nada de esto se pierde. Todo queda guardado en el corazón de Dios.

     

    Conclusión

    Queridos hermanos y hermanas, las lecturas de hoy nos recuerdan que el poder, las riquezas y los éxitos humanos son pasajeros, pero la fidelidad de Dios y las obras realizadas por amor tienen valor eterno. Pidámosle al Señor que purifique nuestra mirada y nuestro corazón para que nuestro verdadero tesoro sea Él mismo. Así podremos vivir con libertad interior, caminar en la esperanza y construir desde ahora ese tesoro que nadie podrá destruir: el tesoro del cielo.

    Que la Santísima Virgen María nos enseñe a guardar a Dios como el mayor tesoro de nuestra vida. Amén.








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