Entrevista | omnesmag
Fernando
Mairata, experto en ciberseguridad
“Un control
parental no es para controlar a nuestros hijos, es para ayudarles a estar
seguros”, experto en ciberseguridad
En un mundo hiperconectado, donde los niños
utilizan pantallas desde edades cada vez más tempranas y gran parte de nuestra
vida transcurre a través de dispositivos digitales, la seguridad en internet ha
dejado de ser un asunto exclusivamente técnico para convertirse en una
responsabilidad familiar. Sin embargo, muchos padres reconocen que no siempre
saben cómo acompañar a sus hijos en este entorno ni cómo prepararlos para
afrontar riesgos como la exposición excesiva a las redes sociales, la pérdida
de privacidad, los fraudes o el ciberacoso.
Sobre estos desafíos conversó el portal Omnes con Fernando
Mairata, CEO de DLTCode, empresa
española especializada en ciberseguridad; presidente de PETEC (Asociación de
Peritos de Nuevas Tecnologías) y de la Comisión de Ciberseguridad de CINTAC. Además,
colabora con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y desarrolla labores
de formación y concienciación en centros educativos y empresas.
La conversación surge a propósito de la
publicación de su libro Ciberseguridad en familia, una obra que
busca ayudar a padres, educadores y cuidadores a comprender los riesgos del
entorno digital sin caer en alarmismos, pero sin ignorar la urgencia de una
realidad que afecta cada vez más a las familias.
¿Por qué
decidió escribir este libro?
– Un buen día, un amigo Guardia Civil me propuso
escribir este libro para hablar de la ciberseguridad desde la familia y me
gustó el reto. Nos reunimos con la editorial Palabra, y solo hubo una
condición: donar todos los derechos del libro a la Asociación Pro-Huérfanos de
la Guardia Civil.
A partir de ahí me puse a escribir ya se ha hecho
realidad este libro. La verdad es que estamos muy contentos con el avance de
las ventas y la gran acogida que está teniendo.
El libro no es
tremendista, pero sí que se nota que hay cierta urgencia en tratar esta
cuestión. ¿A qué se debe esa urgencia?
– La urgencia se debe a que todavía no hemos
visto las consecuencias de las primeras generaciones a las que hemos dejado
solas con las nuevas tecnologías y con las redes sociales. Pensamos que
los jóvenes están acostumbrados, que conocen todo sobre la tecnología y
las redes sociales, pero no han tenido ese acompañamiento necesario por
parte de los padres y de los profesionales, para saber cómo utilizarlas de
forma responsable.
Todavía no estamos viviendo las consecuencias de
haberles dado un arma tan potente y no haberles explicado cómo utilizarla bien.
Por eso por eso hay urgencia, porque al final tenemos muchas generaciones que
se están formando con las pantallas, que están utilizando las nuevas
tecnologías, las redes sociales, y que en ningún momento se les ha explicado
los problemas que puede haber, igual que las ventajas del buen uso.
La tecnología avanza muy rápido, porque de hecho
el primer smartphone es de 2007, como quien dice, de antes de ayer. Ya viene
la IA y
después viene la computación cuántica, entonces cuanto antes empecemos a tratar
estos temas en familia y que no sean un tabú, mucho mejor.
Todavía estamos a tiempo de evitar los grandes
problemas que hay mucha gente que pronostica.
Además de esta
falta de comunicación en la familia, ¿qué otros errores comunes existen a la
hora de enfrentarse a esta seguridad digital?
– Lo primero es la brecha que hay entre
los abuelos y los nietos. ¿A nuestros hijos quién los está cuidando
actualmente? Normalmente los abuelos. Cuando uno de nuestros hijos pequeños se
queda con los abuelos y se pone con el ordenador o con la pantalla que está
conectada a internet, se pone a hacer cosas que los abuelos no tienen control y
para ellos también es una inseguridad y un malestar el decir “pueden estar
haciendo cosas que yo no me entero y con las que tampoco puedo ayudarles”.
Pero luego estamos los padres, que tampoco
estamos dando ejemplo de un buen uso de las nuevas tecnologías. Estamos mucho
tiempo delante de las pantallas, publicamos demasiadas cosas en redes sociales,
y al final estamos dejando un poco de lado la familia y lo que es el trato
humano entre nosotros.
Tú vas a un restaurante y antes veías a la gente
que se miraba a los ojos; ahora todo el mundo está mirando para abajo y
contestando a los WhatsApp, o jugando. Estamos perdiendo la humanidad y
perdiendo ese contacto personal que es tan importante.
¿Qué medidas
podemos adoptar entonces?
– Ante todo, los padres tenemos que ser ejemplo
para nuestros hijos. Porque si yo le digo a mi hijo que tiene que cruzar en
verde y me ve cruzar en rojo todos los días, está claro cómo van a cruzar: en
rojo. Por lo tanto, luego no me puedo enfadar con ellos porque hayan cruzado en
rojo.
Lo segundo, fomentar mucho el diálogo en familia
y ver que todos somos parte de la solución, que nuestros hijos pueden ayudar a
sus abuelos a tener más confianza en esas nuevas tecnologías y a conocer un
buen uso de estas. Nosotros, como hijos y como padres, podemos ayudar a
nuestros hijos y podemos ayudar a nuestros padres, pero también tenemos mucho
que aprender de nuestros hijos.
Y sobre todo es fomentar la confianza
en familia, el que se pueda hablar de cualquier tema sin que sea tabú para
que —y Dios no lo quiera— el día que tengamos un problema, sepamos reaccionar y
sepamos cómo pedir ayuda para que nos puedan ayudar o nuestros padres, o
nuestros abuelos, o nuestro entorno, y que podamos afrontar el problema sin
mayores consecuencias.
Hay una
delgada línea entre la supervisión y la invasión de la privacidad de lo que
están haciendo nuestros hijos en internet. ¿Cómo podemos alcanzar un
equilibrio?
– El equilibrio es muy fácil, es a base de
diálogo. Si tú das confianza a tus hijos, si tú explicas a tus hijos lo que
haces, ellos te van a explicar lo que hacen y te lo van a enseñar. Si yo navego
junto a mi hijo cuando estoy navegando yo, no va a tener ningún problema en que
esté a su lado cuando él navega.
Tenemos que navegar juntos y tenemos que trabajar
juntos y hablar de ciberseguridad. Porque no es una cosa que de repente ha
aparecido en este mundo, es que tenemos que implementarlo en nuestro ADN,
implementarlo en nuestras vidas.
Si pensamos primero en las cosas y luego en
aplicarles ciberseguridad, ya vamos mal; si pensamos en las cosas de una manera
ya segura, pues estaremos triunfando. Y ojo, que eso no significa no caer, que
todos vamos a acabar cayendo. Pero lo importante es saber tener esa reacción
para cuando caigamos o para cuando el de al lado caiga, poder ayudarle.
Yéndonos un
poco al lado negativo, ¿qué tipo de amenazas se encuentran actualmente niños,
pero sobre todo adolescentes, en el entorno digital?
– El uso de las imágenes que suben a las redes
sociales, que tú cuando sacas una imagen la estás sacando de contexto, con lo
cual esa imagen se puede volver contra ti y puede producir acoso.
Nos encontramos también con las inteligencias
artificiales, que se están utilizando para el lado del mal, porque se utiliza
para desnudar a compañeras del centro educativo y empezar a distribuir las
imágenes, ya hemos visto muchísimas noticias de estas cosas. Hay que tener
mucho cuidado y sobre todo hay que saber reaccionar.
Es importante saber que podemos denunciar, algo
esencial. Lo que no se denuncia no existe, por lo tanto, si no denunciamos
estamos ayudando a los criminales, no estamos ayudando a los profesionales de
Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.
Ha mencionado
los centros educativos. ¿Qué papel cree que debería jugar la educación para la
ciberseguridad?
– Es un papel primordial, pero tenemos que partir
de la base de que la educación viene de casa y en los centros educativos nos
forman. Y dentro de esa formación, sí es verdad que desde pequeñitos ya están
metiendo las pantallas, pero no se habla de ciberseguridad o de seguridad hasta
los 9 o 10 años, con lo cual ya vamos tarde.
Si un alumno entra al colegio con 3
años, ya tenemos 6 años que ha estado utilizando las nuevas tecnologías,
seguramente antes porque los padres, para que los niños no molesten, les
dejamos los dispositivos para que vean dibujos, se entretengan y demás.
Pero son muchos años con pantallas y además son
años en los que es muy importante su formación, porque es cuando son esponjas,
y ahí estamos perdiendo el tiempo al no hablarles de seguridad y al no
explicarles el buen uso de las nuevas tecnologías.
Con respecto a
los padres, ¿a qué señales de alerta deberían prestar atención los padres para
darse cuenta de que hay algo sucediendo en el entorno digital en el que se
mueven sus hijos?
– Exactamente lo mismo que hacían nuestros padres
cuando no existía el entorno digital, con la diferencia de que cuando nosotros
éramos pequeños no existía este entorno. El acoso, por ejemplo, en los
colegios, cuando salías a las 5 de la tarde se terminaba hasta el día
siguiente. Hoy en día no, hoy el acoso es 24/7, 365 días del año.
Cuando vemos que nuestros hijos no se despegan de
las pantallas, de repente les notamos extraños, nerviosos, esas son pautas para
decir “aquí pasa algo”. Y si vemos que están muy reservados, que no quieren
hablar con nosotros, también hay un problema.
Insisto en que es clave educar a nuestros hijos
en casa para que tengan esa confianza y que cuando vean que tienen un
problema sean capaces de avisarnos y no pensar que les vamos a echar
la bronca. Lógicamente, si han hecho algo mal, les regañarás, pero a lo mejor
no es el momento cuando te lo cuentan, sino un poco después.
Tenemos que ser pacientes, tenemos que ayudarles
a salir de los problemas y después ya veremos responsabilidades, castigos o lo
que queramos, pero lo primero es actuar. Porque además en el mundo digital
todas las evidencias desaparecen a una velocidad asombrosa, por lo tanto, hay
que ser muy rápidos para poder salvaguardarlas y poder presentar esa denuncia.
Con respecto a
las redes sociales, ¿cómo podemos gestionar tanto su uso como lo que se
comparte?
– Trabajando con ellos. ¿Hay controles
parentales? Sí. ¿Nos pueden ayudar? Sí. Pero también tenemos que enseñar a
nuestros jóvenes qué es lo que hace un control parental y qué es toda la
porquería que les está quitando. Porque un control parental no es para
controlar lo que hacen mis hijos, es para ayudarles a estar seguros, para que
vean que cuando tú tienes el control parental activado toda la porquería de
anuncios y demás no te va a aparecer porque está bloqueada, toda la porquería
que hay de contenidos no adecuados para tu edad tampoco te van a aparecer
porque está bloqueado. Eso no es espiar, eso es acompañar.
Y si les demostramos a nuestros hijos el
funcionamiento y todo lo que les estamos evitando, va a ayudar a que entiendan
que estamos ahí para ayudarles, no para espiarles. Porque los mensajes no hay
que leerlos, hay que tener esa confianza para que ellos nos digan cuándo tienen
un problema.
¿Hay
herramientas o recursos que pueda recomendar a los padres para que les ayuden a
mejorar esta seguridad digital?
– Hay muchísimas herramientas. Yo lo que les
recomiendo es hablar mucho. Hay cosas que propongo en el libro como ver una
película de Disney con palomitas, disfrutar de la película y luego aprovechar
para hablar qué enseñanzas de ciberseguridad nos da la película de Disney, que
son muchas. El que tenga el libro puede tener algunos ejemplos, pero si
trabajamos con los chavales veremos que hay infinidad.
Por otro lado, está el minuto digital, que
también lo menciono en el libro. Consiste en que todos los días nos vamos a
sentar y durante un minuto vamos a hablar de lo que hemos hecho a través de las
redes, de las nuevas tecnologías.
Otro ejercicio es buscar en internet meteduras de
pata de famosos, porque han subido fotos o han subido vídeos a sus redes
sociales con prisas por aquello de “tiene que ser todo inmediato”, no han
comprobado lo que había alrededor y han metido la pata.
En resumen: hay que buscar cosas sencillas para
jugar con ellos y para aprender juntos.


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