Reflexiones | P. Ciprián Hilario, msc
Vivir de cara a Dios
(Miércoles
17 de junio 2026, de la XI Semana del Tiempo Ordinario, lecturas: 2 Reyes
2,1.6-14; Salmo 30,20-24; Mateo 6,1-6.16-18)
Queridos
hermanos y hermanas:
La
Palabra de Dios de este dÃa nos invita a reflexionar sobre un tema muy
importante para nuestra vida cristiana: “Vivir de cara a Dios”. En una
sociedad donde muchas veces buscamos la aprobación de los demás, el Señor nos
enseña que el verdadero discÃpulo vive mirando a Dios, buscando agradarle a Él
y confiando en su presencia.
1.
Eliseo vive de cara a Dios y recibe la misión del profeta. En la primera
lectura vemos el momento en que el profeta ElÃas es llevado al cielo. Antes de
partir, pregunta a Eliseo qué desea recibir. Eliseo pide una doble porción de
su espÃritu, no por ambición, sino porque desea continuar fielmente la misión
recibida.
Cuando
ElÃas desaparece, Eliseo recoge el manto y atraviesa el Jordán confiando en el
poder de Dios. No se queda llorando el pasado; asume con valentÃa la
responsabilidad del presente.
¿Qué
nos enseña esto para hoy?
-
Vivir de cara a Dios significa estar disponibles
para la misión que Él nos confÃa.
-
No podemos depender siempre de las personas;
debemos apoyarnos en Dios.
-
Cada generación está llamada a continuar la obra
evangelizadora de quienes nos precedieron.
-
Cuando confiamos en Dios, Él nos concede la fuerza
necesaria para afrontar nuestros desafÃos.
También
nosotros hemos recibido un "manto": nuestra fe, nuestro
bautismo, nuestra vocación y nuestro compromiso cristiano. El Señor
nos pregunta hoy si estamos dispuestos a asumir nuestra responsabilidad en la
familia, en la comunidad y en la Iglesia.
2.
El Señor protege a quienes confÃan en Él. El Salmo responsorial
proclama: "Sean fuertes y valientes de corazón los que esperan en el
Señor."
El
salmista experimenta que Dios es refugio, fortaleza y protección. Quien vive de
cara a Dios descubre que nunca está solo.
En
medio de tantas incertidumbres, violencia, problemas económicos y
preocupaciones familiares, la Palabra nos recuerda que la esperanza cristiana
no se fundamenta en las circunstancias, sino en la fidelidad de Dios.
Por
eso:
-
No debemos dejarnos vencer por el desánimo.
-
Hemos de cultivar una confianza profunda en el
Señor.
-
La oración constante fortalece nuestro corazón.
-
Dios nunca abandona a quienes ponen su vida en
sus manos.
3.
Jesús nos invita a una fe auténtica. En el Evangelio, Jesús
habla de tres prácticas fundamentales de la vida espiritual judÃa y cristiana:
la limosna, la oración y el ayuno.
Lo
más llamativo es que Jesús no critica estas prácticas; al contrario, supone que
sus discÃpulos las realizarán. Lo que cuestiona es la intención con que se
hacen.
Repite
varias veces: "Tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará."
AquÃ
encontramos el centro del mensaje:
-
La limosna no debe buscar aplausos.
-
La oración no debe convertirse en espectáculo.
-
El ayuno no debe hacerse para aparentar santidad.
Jesús
nos invita a vivir una relación sincera con Dios, sin máscaras ni hipocresÃas.
Hoy
existe la tentación de vivir pendientes de la imagen, de la aprobación y del
reconocimiento público. Sin embargo, el cristiano auténtico sabe que lo más
importante no es cómo nos ven los demás, sino cómo nos ve Dios.
4.
Vivir de cara a Dios en la vida cotidiana La Palabra nos invita hoy
a preguntarnos:
-
¿Busco agradar a Dios o impresionar a las
personas?
-
¿Mi oración nace del amor o de la costumbre?
-
¿Ayudo a los necesitados por compasión o para ser
reconocido?
-
¿Mi fe se manifiesta también cuando nadie me
observa?
Vivir
de cara a Dios significa actuar correctamente incluso cuando nadie nos ve;
mantener la honestidad cuando podrÃamos aprovechar una ventaja; servir sin
esperar recompensa; amar sin buscar reconocimiento.
La
santidad comienza en lo escondido, en esos pequeños actos de fidelidad que sólo
Dios conoce.
Conclusión
Queridos
hermanos y hermanas, la primera lectura nos presenta a Eliseo que recibe el
espÃritu de ElÃas y continúa la misión confiando en Dios. El salmo nos invita a
ser fuertes y esperar en el Señor. Y el Evangelio nos recuerda que el Padre ve
el corazón y conoce lo que hacemos en secreto.
Pidamos
hoy la gracia de vivir siempre de cara a Dios, buscando su voluntad más que los
aplausos del mundo. Que nuestras obras de caridad, nuestra oración y nuestros
sacrificios nazcan de un corazón sincero que desea amar y servir al Señor.


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