Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc
Santo Tomás, Apóstol (ver y creer)
(Viernes
3 de julio 2026. Décima tercera semana tiempo ordinario, lecturas: Efesios
2,19-22. Salmo 116,1-2. San Juan 20,24-29)
Queridos
hermanos y hermanas:
Hoy
la Iglesia celebra con alegría la fiesta de Santo Tomás, Apóstol, un
discípulo que pasó de la duda a la fe, de querer ver para creer, a convertirse
en un gran testigo del Señor Resucitado. El tema que ilumina nuestra reflexión
es: "Ver y creer".
1.
"Ustedes son ciudadanos del pueblo de Dios" (Efesios 2,19-22). En la primera
lectura, el apóstol San Pablo nos recuerda que ya no somos extraños ni
forasteros, sino miembros de la familia de Dios. Y añade algo muy importante:
la Iglesia está edificada sobre el fundamento de los apóstoles y los profetas,
teniendo a Cristo como piedra angular.
Santo
Tomás forma parte de ese fundamento. Aunque experimentó la duda, no se quedó en
ella. Permitió que el encuentro con Cristo transformara su corazón. Dios no
busca personas perfectas, sino personas sinceras que estén dispuestas a dejarse
encontrar por Él.
Para
nuestra vida:
- Todos
tenemos momentos de incertidumbre y de preguntas.
- La duda no debe alejarnos de Dios, sino
impulsarnos a buscarlo con mayor profundidad.
- La Iglesia sigue siendo el lugar donde
Cristo nos fortalece y nos ayuda a crecer en la fe.
- Cada uno de
nosotros está llamado a ser una "piedra viva" que contribuya a
construir una comunidad unida y santa.
2.
"Vayan por todo el mundo y anuncien el Evangelio" (Salmo 116). El salmo es
una invitación universal a la alabanza: "Alaben al Señor todas las
naciones."
La
experiencia de Tomás no terminó con su profesión de fe. La tradición de la
Iglesia nos dice que llevó el Evangelio hasta tierras lejanas, especialmente a
la India, donde entregó su vida por Cristo.
Quien
ha encontrado verdaderamente al Señor no puede quedarse callado.
Para
nuestra vida:
- Nuestra fe
no puede permanecer encerrada dentro del templo.
- Estamos llamados a anunciar a Cristo con
nuestras palabras, pero sobre todo con nuestras obras.
- La mejor
predicación sigue siendo el testimonio de una vida coherente.
3.
"Señor mío y Dios mío" (Juan 20,24-29). Llegamos al Evangelio,
donde encontramos uno de los relatos más hermosos sobre la fe.
Tomás
no estaba presente cuando Jesús se apareció por primera vez a los discípulos.
Al escuchar el testimonio de ellos respondió: "Si no veo... no
creeré."
Ocho
días después, Jesús vuelve y se dirige directamente a Tomás. No lo humilla ni
lo reprende con dureza. Le ofrece aquello que necesitaba para creer.
Entonces
Tomás pronuncia una de las profesiones de fe más completas del Nuevo
Testamento: "¡Señor mío y Dios mío!"
Con
estas palabras reconoce que Jesús no es solamente un maestro, sino el verdadero
Hijo de Dios.
Finalmente,
Jesús dice: "Bienaventurados los que creen sin haber visto."
Estas
palabras están dirigidas especialmente a nosotros. Ninguno de nosotros ha visto
físicamente a Jesús, pero lo encontramos cada día:
-
en la Eucaristía;
- en la Palabra de Dios;
- en los sacramentos;
- en los pobres y
necesitados;
- en la comunidad
cristiana.
La
verdadera fe no consiste únicamente en ver con los ojos del cuerpo, sino en
aprender a mirar con los ojos del corazón.
Algunas
enseñanzas para nuestra vida
- No tengamos
miedo de presentar nuestras dudas al Señor.
- Permanecer en la comunidad fortalece la
fe; Tomás encontró a Cristo cuando volvió a reunirse con los demás discípulos.
- Jesús conoce nuestras luchas y sale a
nuestro encuentro con paciencia y misericordia.
- La experiencia de Cristo debe conducirnos
a una fe madura y comprometida.
- Cada Eucaristía es una oportunidad para
repetir desde el corazón: "¡Señor mío y Dios mío!"
Conclusión
Queridos
hermanos y hermanas, Santo Tomás nos enseña que la duda no es el final del
camino, sino que puede convertirse en el inicio de una fe más profunda cuando
buscamos sinceramente a Cristo. Pidámosle al Señor que aumente nuestra fe, para
que, aun sin verlo con los ojos, podamos reconocerlo con el corazón y
anunciarlo con nuestra vida.
Que,
siguiendo el ejemplo de Santo Tomás, podamos proclamar todos los días con
profunda convicción: "¡Señor mío y Dios mío!" Amén.


No hay comentarios:
Publicar un comentario
Promueve el diálogo y la comunicación usando un lenguaje sencillo, preciso y respetuoso...