Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc
¿Cuál es el mandamiento principal de la ley?
(Viernes
21 de agosto del 2026. Vigésima semana tiempo ordinario, lecturas: Ezequiel
37,1-14. Salmo 106,2-9. San Mateo 22,34-40).
Queridos
hermanos y hermanas:
Hoy
la Palabra de Dios nos invita a contemplar el corazón de nuestra fe: un Dios
que devuelve la vida, que renueva el corazón y que nos enseña que toda la Ley
se resume en el amor. En la memoria de San Pío X, Papa, recordamos a un pastor
sencillo y santo que dedicó su vida a acercar a los fieles a Cristo,
promoviendo la participación en la Eucaristía y enseñando que el amor a Dios se
demuestra viviendo el Evangelio.
A
la luz de las lecturas, reflexionemos en algunos elementos que pueden iluminar
nuestra vida.
1.
Primera lectura: Ezequiel 37,1-14. Dios puede devolver la vida a lo que
parece muerto. El profeta contempla un valle lleno de huesos secos.
Humanamente no hay esperanza. Sin embargo, Dios pregunta: "¿Podrán revivir
estos huesos?"
Este
pasaje nos enseña varias cosas:
-
Hay situaciones en nuestra vida que parecen sin
solución: familias divididas, enfermedades, pecados, desánimo, falta de fe o
comunidades apagadas.
-
Dios nunca pierde la esperanza en nosotros, aunque
nosotros la hayamos perdido.
-
La Palabra de Dios y el Espíritu Santo tienen
poder para devolver la vida donde parece reinar la muerte.
Muchas
veces estamos vivos físicamente, pero espiritualmente somos como huesos secos
cuando vivimos sin oración, sin esperanza y sin amor.
El
Señor nos dice hoy: "Infundiré mi Espíritu en ustedes y
vivirán." No hay pecado que Dios no pueda perdonar, ni corazón que Él no
pueda transformar.
2.
El Salmo 106: Demos gracias porque el Señor es bueno. El salmista
invita a recordar las maravillas del Señor.
Nos
recuerda que:
-
Dios libera a los que estaban perdidos.
-
Alimenta al hambriento.
-
Sacia al sediento.
-
Nunca abandona a quienes ponen en Él su confianza.
Cada
uno de nosotros puede hacer memoria de tantas veces que Dios nos ha levantado
después de una caída. La gratitud también es una forma de amar.
3.
El Evangelio: Mateo 22,34-40. ¿Cuál es el mandamiento principal? Un
doctor de la Ley pregunta a Jesús cuál es el mandamiento más importante.
Jesús
responde con claridad: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón,
con toda tu alma y con toda tu mente... y amarás a tu prójimo como a ti
mismo."
Jesús
no habla de dos mandamientos separados, sino inseparables.
No
podemos decir:
-
Amo a Dios, pero desprecio a mi hermano.
-
Rezo mucho, pero guardo odio.
-
Voy a Misa, pero no perdono.
-
Comulgo, pero hago daño con mis palabras.
El
amor a Dios siempre se refleja en el amor al prójimo.
Toda
la Ley y los Profetas encuentran su plenitud en este doble mandamiento.
4.
San Pío X: un ejemplo de amor a Dios y al prójimo. Hoy recordamos a San Pío
X, quien enseñó que la santidad está al alcance de todos.
Su
vida nos deja grandes enseñanzas:
-
Amar profundamente la Eucaristía.
-
Acercar a los niños a la Primera Comunión.
-
Enseñar la fe con sencillez.
-
Vivir con humildad y espíritu de servicio.
-
Buscar que Cristo reine en cada corazón.
Su
lema era: "Restaurarlo todo en Cristo."
Ese
sigue siendo el camino para renovar nuestras familias, nuestra sociedad y
nuestra Iglesia.
5.
¿Qué nos dicen estas lecturas para nuestra vida?
- Dejemos que
el Espíritu Santo resucite las áreas muertas de nuestra vida.
-Escuchemos la
Palabra de Dios, porque ella tiene poder para transformarnos.
-Vivamos
agradecidos por las maravillas que Dios realiza cada día.
-Pongamos el
amor a Dios en el primer lugar de nuestra vida.
-Demostremos
ese amor sirviendo, perdonando y respetando al prójimo.
-Alimentémonos
con frecuencia de la Eucaristía, como enseñó San Pío X.
-Recordemos
que la verdadera religión no consiste solo en cumplir normas, sino en amar con
un corazón sincero.
Conclusión
Queridos
hermanos y hermanas, Dios sigue preguntándonos hoy si creemos que los huesos
secos pueden volver a vivir. La respuesta es sí, porque el Espíritu del Señor
sigue actuando. Pero esa vida nueva solo es posible cuando dejamos que el amor
a Dios transforme nuestro corazón y se convierta en amor concreto hacia
nuestros hermanos.
Pidamos
la intercesión de San Pío X, para que aprendamos a amar a Dios con todo nuestro
ser, a vivir alimentados por la Eucaristía y a reconocer que el mayor
mandamiento no es otro que el amor, porque quien ama verdaderamente cumple toda
la Ley. Amén.


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