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    viernes, 21 de agosto de 2026

    ¿Cuál es el mandamiento principal de la ley?


    Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc



     

    ¿Cuál es el mandamiento principal de la ley?

    (Viernes 21 de agosto del 2026. Vigésima semana tiempo ordinario, lecturas: Ezequiel 37,1-14. Salmo 106,2-9. San Mateo 22,34-40).

     

    Queridos hermanos y hermanas:

    Hoy la Palabra de Dios nos invita a contemplar el corazón de nuestra fe: un Dios que devuelve la vida, que renueva el corazón y que nos enseña que toda la Ley se resume en el amor. En la memoria de San Pío X, Papa, recordamos a un pastor sencillo y santo que dedicó su vida a acercar a los fieles a Cristo, promoviendo la participación en la Eucaristía y enseñando que el amor a Dios se demuestra viviendo el Evangelio.

     

    A la luz de las lecturas, reflexionemos en algunos elementos que pueden iluminar nuestra vida.

     

    1. Primera lectura: Ezequiel 37,1-14. Dios puede devolver la vida a lo que parece muerto. El profeta contempla un valle lleno de huesos secos. Humanamente no hay esperanza. Sin embargo, Dios pregunta: "¿Podrán revivir estos huesos?"

    Este pasaje nos enseña varias cosas:

    -                     Hay situaciones en nuestra vida que parecen sin solución: familias divididas, enfermedades, pecados, desánimo, falta de fe o comunidades apagadas.

    -                     Dios nunca pierde la esperanza en nosotros, aunque nosotros la hayamos perdido.

    -                     La Palabra de Dios y el Espíritu Santo tienen poder para devolver la vida donde parece reinar la muerte.

    Muchas veces estamos vivos físicamente, pero espiritualmente somos como huesos secos cuando vivimos sin oración, sin esperanza y sin amor.

    El Señor nos dice hoy: "Infundiré mi Espíritu en ustedes y vivirán." No hay pecado que Dios no pueda perdonar, ni corazón que Él no pueda transformar.

     

    2. El Salmo 106: Demos gracias porque el Señor es bueno. El salmista invita a recordar las maravillas del Señor.

    Nos recuerda que:

    -                     Dios libera a los que estaban perdidos.

    -                     Alimenta al hambriento.

    -                     Sacia al sediento.

    -                     Nunca abandona a quienes ponen en Él su confianza.

    Cada uno de nosotros puede hacer memoria de tantas veces que Dios nos ha levantado después de una caída. La gratitud también es una forma de amar.

     

    3. El Evangelio: Mateo 22,34-40. ¿Cuál es el mandamiento principal? Un doctor de la Ley pregunta a Jesús cuál es el mandamiento más importante.

    Jesús responde con claridad: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente... y amarás a tu prójimo como a ti mismo."

    Jesús no habla de dos mandamientos separados, sino inseparables.

    No podemos decir:

    -                     Amo a Dios, pero desprecio a mi hermano.

    -                     Rezo mucho, pero guardo odio.

    -                     Voy a Misa, pero no perdono.

    -                     Comulgo, pero hago daño con mis palabras.

    El amor a Dios siempre se refleja en el amor al prójimo.

    Toda la Ley y los Profetas encuentran su plenitud en este doble mandamiento.

     

    4. San Pío X: un ejemplo de amor a Dios y al prójimo. Hoy recordamos a San Pío X, quien enseñó que la santidad está al alcance de todos.

    Su vida nos deja grandes enseñanzas:

    -                     Amar profundamente la Eucaristía.

    -                     Acercar a los niños a la Primera Comunión.

    -                     Enseñar la fe con sencillez.

    -                     Vivir con humildad y espíritu de servicio.

    -                     Buscar que Cristo reine en cada corazón.

    Su lema era: "Restaurarlo todo en Cristo."

    Ese sigue siendo el camino para renovar nuestras familias, nuestra sociedad y nuestra Iglesia.

     

    5. ¿Qué nos dicen estas lecturas para nuestra vida?

    - Dejemos que el Espíritu Santo resucite las áreas muertas de nuestra vida.

    -Escuchemos la Palabra de Dios, porque ella tiene poder para transformarnos.

    -Vivamos agradecidos por las maravillas que Dios realiza cada día.

    -Pongamos el amor a Dios en el primer lugar de nuestra vida.

    -Demostremos ese amor sirviendo, perdonando y respetando al prójimo.

    -Alimentémonos con frecuencia de la Eucaristía, como enseñó San Pío X.

    -Recordemos que la verdadera religión no consiste solo en cumplir normas, sino en amar con un corazón sincero.

     

    Conclusión

    Queridos hermanos y hermanas, Dios sigue preguntándonos hoy si creemos que los huesos secos pueden volver a vivir. La respuesta es sí, porque el Espíritu del Señor sigue actuando. Pero esa vida nueva solo es posible cuando dejamos que el amor a Dios transforme nuestro corazón y se convierta en amor concreto hacia nuestros hermanos.

    Pidamos la intercesión de San Pío X, para que aprendamos a amar a Dios con todo nuestro ser, a vivir alimentados por la Eucaristía y a reconocer que el mayor mandamiento no es otro que el amor, porque quien ama verdaderamente cumple toda la Ley. Amén.







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