La Escuela Económica | Esteban Delgado (@estebandelgadoq)
Hablar de finanzas personales antes de convivir en pareja
Cuando
se inicia una relación de pareja (noviazgo), es una especie de perÃodo de
“enamoramiento”, donde todo parece color de rosas. Las coincidencias y la
“quÃmica” entre ambos se dan como por arte de magia.
Eso
es lo que motiva a muchas parejas a tomar la decisión de “mudarse juntos” o,
incluso, casarse formalmente. Es el momento en que tanto él como ella evitan
mirar los defectos de cada uno y solo se enfocan en las virtudes o en lo que
aparenta ser positivo. Los temas conflictos y delicados, definitivamente, no se
tratan. Y eso es un error.
Uno
de los temas que más evitan las parejas cuando piensan en formalizar la
relación es el de las finanzas personales. Por lo general, solo llegan a
enterarse, de manera parcial, del salario de cada uno, en caso de ser
empleados. Incluso, en ocasiones, uno de los dos no tiene empleo o lo perdió
recientemente, lo cual puede empeorar las cosas.
Pero,
asumiendo que ambos trabajan y que han acordado vivir juntos; antes de eso se
hace preciso hablar de la condición económica de cada uno. Por ejemplo, se han
preguntado y respondido ambos “con sinceridad”, sobre las deudas de cada cual.
¿Tienes
algún préstamo formal o informal? ¿A cuánto ascienden tus deudas? ¿Tienes
tarjetas de crédito y cuál es el nivel de atraso de cada una, incluido el
“extracrédito”? ¿Eres garante o codeudor de algún amigo o familiar en una
deuda? A eso se agrega el tema de los hijos. Si uno de los dos, o ambos, tiene
hijos de relaciones anteriores, hay que saber cuál es el aporte económico que
dedica cada cuál a esos niños, porque todo eso sale de los presupuestos de
ambos, mismos que posiblemente se conviertan en un presupuesto común.
Todas
esas preguntas, y sus respuestas sinceras, deben ser planteadas antes de optar
por “mudarse juntos” o casarse, pues, de la forma en que se administre esa
información para administrar bien las finanzas del hogar, dependerá que la
relación funcione o no.
Sin
embargo, e inexplicablemente, ese tema es el que más evaden las parejas cuando
están en la época del enamoramiento y se inclinan a ver todo bonito,
especialmente las mujeres, que en esos casos son más románticas e ilusas que
los hombres.
Y
hablo de las mujeres porque, en esta época en que ellas han estado superándose
más que ellos en materia académica, laboral y, por su puesto, económica, se dan
muchos casos en que, cuando están en una buena etapa de independencia y hasta
libertad económica, entablan una relación con un hombre, tal vez muy por debajo
de su nivel, sobre quien sienten deseo de apoyar en todo para que se superen,
ya sea gestionándole un empleo mejor o, en caso de estar desempleado, hasta
financiándole un vehÃculo para que haga “uber” y pueda sostenerse con eso.
Pero,
en esos casos, casi siempre, cualquier compromiso económico que asuma la pareja
para “ayudar” al varón en aprietos, pesa sobre ella, quien termina sirviendo de
codeudora o asumiendo la deuda sola para ayudarlo, hasta que llega el momento
en que él incurre en infidelidades, engaños y hasta maltratos emocionales, pues
la parte bonita de la relación, de forma extraña, comienza a desaparecer.
Eso
es lo que se conoce como “violencia de género financiera”, cuando el hombre
hace que la mujer, en una relación de pareja, asuma compromisos financieros
para beneficiarlo a él, con la “aparente buena intención” de mejorar la
condición económica de ambos.
Hay
muchas mujeres, bien intencionadas, que, teniendo una condición económica
estable y sostenible, entablan una relación con un hombre que, en principio,
aparenta ser solvente, invitándola a restaurantes, pagando la cuenta con
tarjeta de crédito, y luego, cuando la relación se va poniendo seria, también
se va dando cuenta de que el hombre está ahogado en deudas y que la estabilidad
que aparentaba era solo eso, apariencia.
El
tema es que, a esas alturas, muchas veces la dama ya está emocionalmente
ilusionada, enamorada, y termina convencida de que su deber es apoyarlo y
ayudarlo a salir de sus compromisos financieros, sin percatarse de que se trata
de un hombre “lioso”, desorganizado en sus finanzas, que no dará muestras de
mejorar, sino, más bien, de aprovecharse de ella en forma coyuntural.
De
esos casos hay muchos, casi todos en perjuicio de la mujer. Todo eso, por no
hablar claro sobre las finanzas antes de formalizar una relación en pareja.
“Amor no quita conocimiento”, decÃa mi papá.


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