Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc
Martirio de San Juan Bautista
(Sábado
29 de agosto 2026, Vigésima primera semana tiempo Ordinario, lecturas: JeremÃas
1,17-19. Salmo 70,1-17. San Marcos 6,17-29)
Queridos
hermanos y hermanas:
Hoy
la Iglesia celebra con profunda veneración el martirio de San Juan Bautista, el
gran profeta que preparó el camino del Señor y que entregó su vida por defender
la verdad. La Palabra de Dios nos invita a contemplar el valor de quien
permanece fiel a Dios, aun cuando esa fidelidad tenga un alto precio.
1.
Primera lectura: JeremÃas 1,17-19. Dios fortalece a quien anuncia la
verdad.
El
Señor le dice a JeremÃas: "Levántate, diles todo lo que yo te mande. No
les tengas miedo." Dios no promete una vida sin dificultades, sino su
presencia constante en medio de ellas.
Este
mensaje también ilumina la vida de San Juan Bautista. Él no buscó agradar a los
poderosos, sino cumplir la misión recibida de Dios. Denunció el pecado del rey
Herodes porque sabÃa que la verdad no puede negociarse.
Para
nuestra vida:
-
Dios llama a cada bautizado a ser testigo de la
verdad.
-
El cristiano no debe callar por miedo cuando está
en juego el Evangelio.
-
La fuerza no viene de nosotros, sino del Señor que
promete: "Yo estoy contigo para librarte."
En una
sociedad donde muchas veces se confunde la verdad con la conveniencia, estamos
llamados a permanecer firmes.
2.
Salmo 70. Nuestra esperanza está puesta en Dios.
El
salmista proclama: "Señor, tú has sido mi esperanza desde mi
juventud."
San
Juan Bautista vivió precisamente con esa confianza. Su seguridad no estaba
en el poder humano, sino en Dios. Por eso pudo afrontar la prisión y finalmente
la muerte con serenidad.
También
nosotros necesitamos:
-
Hacer de Dios nuestro refugio en las dificultades.
-
Mantener la confianza cuando somos incomprendidos.
-
Dar gracias por las veces que Dios nos ha
sostenido a lo largo de nuestra vida.
Enseñar
a las nuevas generaciones que la verdadera seguridad está en el Señor.
3.
Evangelio: Marcos 6,17-29. El martirio de San Juan Bautista
El
Evangelio nos presenta uno de los episodios más dolorosos de la vida de Juan.
Herodes
reconocÃa que Juan era un hombre justo y santo; incluso lo escuchaba con
gusto. Sin embargo, no tuvo el valor de cambiar su vida ni de romper con el
pecado. Prefirió quedar bien ante los invitados que obedecer la voz de su
conciencia.
HerodÃas,
movida por el rencor, aprovechó la ocasión para pedir la cabeza del
profeta.
AquÃ
encontramos varias enseñanzas:
-
Decir la verdad puede traer persecución, pero
nunca deja de ser el camino correcto.
-
El odio y el resentimiento terminan destruyendo a
quienes los alimentan.
-
La falta de firmeza moral lleva a cometer grandes
injusticias.
-
La conciencia nunca debe venderse por prestigio,
poder o conveniencia.
-
La fidelidad a Dios vale más que la propia vida.
San
Juan Bautista muere, pero no es derrotado. Su sangre se convierte en
el sello de una vida totalmente entregada a Dios. Es el último de los grandes
profetas y el primero de los mártires del Nuevo Testamento.
Para
nuestra vida
Hoy
el Señor nos invita a preguntarnos:
-
¿Tengo el valor de defender la verdad, aunque sea
incómodo?
-
¿Permito que el miedo me haga callar cuando debo
dar testimonio de Cristo?
-
¿Escucho la voz de mi conciencia o la dejo dominar
por la presión de los demás?
-
¿Soy coherente entre lo que creo, lo que digo y lo
que vivo?
Pidamos
la intercesión de San Juan Bautista para que nunca negociemos nuestra fe, para
que tengamos el coraje de anunciar el Evangelio con humildad y firmeza, y para
que, como él, podamos preparar el camino del Señor con una vida santa, Ãntegra
y valiente. Amén.


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