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    viernes, 28 de agosto de 2026

    Quítate de mí vista, Satanás


    Nuestra Fe | P. Ciprián Hilario, msc

     


    Quítate de mí vista, Satanás

    (Domingo 30 de agosto 2026. Vigésima segunda semana tiempo ordinario, lecturas: Jeremías 20,7-9. Salmo 62,2-9. Romanos 12,1-2. San Mateo 16,21-27)

     

    Queridos hermanos y hermanas:

    La Palabra de Dios de este domingo nos invita a comprender que seguir a Cristo no significa buscar el camino más fácil, sino aceptar con amor la voluntad de Dios. El tema del Evangelio, "¡Quítate de mí vista, Satanás!", no es un rechazo a Pedro como persona, sino una corrección a una manera de pensar que se opone al plan de Dios. Veamos algunos elementos que nos ayudan para nuestra vida, siguiendo el orden de las lecturas.

     

    1. Jeremías 20,7-9: La fidelidad a Dios tiene un precio. El profeta Jeremías experimenta el rechazo, las burlas y la persecución por anunciar la verdad. Incluso llega a pensar en abandonar su misión, pero reconoce que la Palabra de Dios es como un fuego ardiente en su corazón que no puede apagar.

    ¿Qué nos enseña esto?

    -                     Ser cristiano auténtico no siempre será fácil.

    -                     Habrá momentos en que seremos criticados por vivir según el Evangelio.

    -                     Cuando sentimos deseos de abandonar la fe o nuestro compromiso, recordemos que Dios sigue sosteniéndonos.

    -                     El amor de Dios es más fuerte que el cansancio y las dificultades.

    Muchos hoy quieren un cristianismo sin sacrificio, pero Jeremías nos recuerda que quien ama verdaderamente a Dios permanece fiel aun en medio del sufrimiento.

     

    2. Salmo 62: "Mi alma está sedienta de ti, Señor". Después del sufrimiento aparece una hermosa oración de confianza.

    El salmista no busca primero soluciones materiales; busca a Dios.

    Esto nos invita a preguntarnos:

    -                     ¿Tengo verdadera sed de Dios o solamente lo busco cuando tengo problemas?

    -                     ¿Dedico tiempo a la oración?

    -                     ¿Encuentro en la Eucaristía la fuerza para continuar?

    Quien llena su corazón de Dios encuentra paz incluso en medio de las pruebas.

     

    3. Romanos 12,1-2: Transformar la mente para hacer la voluntad de Dios.

    San Pablo hace una invitación muy actual: "No se acomoden a este mundo, sino transfórmense renovando la mente."

    Hoy el mundo nos dice:

    -                     busca solamente el éxito;

    -                     evita cualquier sacrificio;

    -                     piensa solo en ti mismo.

    Cristo nos enseña exactamente lo contrario:

    -                     servir antes que ser servido;

    -                     amar antes que dominar;

    -                     perdonar antes que vengarse;

    -                     vivir para Dios antes que vivir para uno mismo.

    Un cristiano no debe dejar que el mundo modele su manera de pensar; debe dejar que sea el Evangelio quien transforme su corazón.

     

    4. Mateo 16,21-27: "¡Quítate de mí vista, Satanás!"

    Jesús anuncia por primera vez su pasión. Pedro, con buena intención, quiere evitarle el sufrimiento.

    Pero Jesús responde con firmeza: "¡Quítate de mí vista, Satanás!"

    ¿Por qué una respuesta tan fuerte?

    Porque Pedro estaba pensando como los hombres y no como Dios.

    Muchas veces nosotros también actuamos como Pedro cuando:

    -                     rechazamos la cruz;

    -                     queremos un cristianismo cómodo;

    -                     buscamos solamente las bendiciones sin compromiso;

    -                     queremos seguir a Cristo, pero sin renunciar al pecado.

    Jesús nos recuerda: "El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, cargue con su cruz y me siga."

    La cruz no es buscar el sufrimiento por el sufrimiento.

    La cruz es:

    -                     cumplir el deber, aunque cueste;

    -                     perdonar cuando resulta difícil;

    -                     ser honrado, aunque otros hagan trampas;

    -                     cuidar a un enfermo con paciencia;

    -                     permanecer fiel al matrimonio;

    -                     educar cristianamente a los hijos;

    -                     defender la verdad, aunque nos critiquen.

    Finalmente, Jesús nos deja una pregunta decisiva: "¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida?"

    Podemos tener dinero, prestigio o poder, pero si perdemos a Dios, habremos perdido lo más importante.

     

    Conclusión

    Queridos hermanos y hermanas, la Palabra de este domingo nos invita a revisar nuestro seguimiento de Cristo.

    -                     Como Jeremías, no tengamos miedo de permanecer fieles.

    -                     Como el salmista, busquemos a Dios con un corazón sediento.

    -                     Como san Pablo, renovemos nuestra manera de pensar según el Evangelio.

    -                     Y como Jesús nos enseña hoy, no rechacemos la cruz, porque detrás de ella siempre está la gloria de la Resurrección.

    Pidámosle al Señor la gracia de no pensar solamente según los criterios del mundo, sino según el corazón de Dios, para que podamos seguir a Cristo con fidelidad, esperanza y amor. Amén.













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