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    miércoles, 12 de agosto de 2026

    Reunidos en mi nombre


    Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc

     


    Reunidos en mi nombre

    (Miércoles 12 de agosto 2026. Decima novena semana tiempo ordinario, lecturas: Ezequiel 9,1-7;10,18-22. Salmo 112,1-6. San Mateo 18,15-20)

     

    Queridos hermanos y hermanas:

    La Palabra de Dios que hoy hemos escuchado nos invita a reflexionar sobre la presencia de Dios en medio de su pueblo y sobre la importancia de vivir la reconciliación y la comunión. El Señor no abandona a quienes buscan caminar en la verdad; por el contrario, permanece en medio de aquellos que se reúnen en su nombre y procuran hacer su voluntad.

     

    1. Primera lectura: Ezequiel 9,1-7; 10,18-22. El profeta Ezequiel contempla una visión impactante: la gloria del Señor abandona el Templo debido a la infidelidad del pueblo. Antes del castigo, Dios manda poner una señal en la frente de quienes sufren y lloran por los pecados que se cometen en Jerusalén.

    ¿Qué nos enseña esta lectura?

    -                     Dios es justo, pero también misericordioso. Él distingue a quienes permanecen fieles en medio de una sociedad que se aleja de Él.

    -                     El pecado personal y comunitario tiene consecuencias. Cuando el hombre rechaza a Dios, su corazón se convierte en un templo vacío.

    -                     La gloria de Dios no permanece donde hay orgullo, injusticia y falta de conversión.

    -                     El Señor siempre protege a quienes viven con un corazón sincero y buscan hacer el bien.

    Para nuestra vida:

    Cada uno debe preguntarse: ¿Estoy permitiendo que Dios habite en mi corazón o mis actitudes lo están alejando? Somos templos del Espíritu Santo y debemos cuidar esa presencia con una vida coherente.

     

    2. Salmo 112. El salmista proclama: "La gloria del Señor se eleva sobre los cielos."

    Este salmo nos recuerda que:

    -                     Dios está por encima de toda grandeza humana.

    -                     Aunque es el Altísimo, se inclina para levantar al pobre y al humilde.

    -                     La verdadera grandeza consiste en confiar en Dios y vivir con humildad.

    Para nuestra vida:

    En un mundo donde muchos buscan poder, prestigio o riquezas, el Señor nos invita a buscar la humildad, porque Él mira con amor a los sencillos de corazón.

     

    3. Evangelio: Mateo 18,15-20. Jesús nos ofrece un camino para resolver los conflictos dentro de la comunidad cristiana.

    Primero nos enseña la corrección fraterna:

    -                     Si un hermano peca, debemos hablar con él personalmente.

    -                     No para humillarlo ni condenarlo, sino para recuperarlo.

    -                     El objetivo nunca es destruir a la persona, sino salvarla.

    ¡Cuántos problemas se evitarían si habláramos directamente con quien nos ha ofendido, en lugar de acudir primero a la murmuración, al chisme o a las redes sociales!

    Luego Jesús habla de la fuerza de la oración en común:

    "Si dos de ustedes se ponen de acuerdo para pedir algo, mi Padre se lo concederá."

    La oración hecha en unidad tiene una fuerza extraordinaria porque nace de corazones reconciliados.

    Finalmente escuchamos una de las promesas más hermosas del Evangelio: "Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos."

    Jesús no dice que hace falta una multitud. Basta una pequeña comunidad reunida con fe.

    Él está presente:

    -                     en la familia que reza unida;

    -                     en los esposos que dialogan y perdonan;

    -                     en los grupos parroquiales que trabajan por el Reino;

    -                     en el consejo pastoral;

    -                     en los ministros que sirven con humildad;

    -                     en los amigos que oran juntos;

    -        en toda comunidad que busca sinceramente la voluntad de Dios.

     

    4. Aplicaciones para nuestra vida. Hoy el Señor nos invita a revisar varios aspectos de nuestra vida:

    -                     ¿Soy constructor de unidad o motivo de división?

    -                     ¿Corrijo con amor o crítico para humillar?

    -                     ¿Sé perdonar y pedir perdón?

    -                     ¿Participo activamente en la vida de mi comunidad?

    -                     ¿Creo verdaderamente que Jesús está presente cuando nos reunimos en su nombre?

    La Iglesia no es simplemente un edificio; es la comunidad de los creyentes donde Cristo sigue caminando con nosotros.

     

    Conclusión

    Queridos hermanos y hermanas, la primera lectura nos recuerda que no debemos alejarnos de Dios por el pecado; el salmo nos invita a reconocer su grandeza y a vivir en la humildad; y el Evangelio nos enseña que la reconciliación, la oración común y la comunión fraterna hacen presente a Cristo entre nosotros.

    Pidámosle hoy al Señor la gracia de conservar limpio nuestro corazón para que nunca se aparte de nosotros su presencia. Que nuestras familias, nuestra parroquia y cada una de nuestras comunidades sean lugares donde reine el perdón, la unidad y el amor, para que se cumpla siempre la promesa de Jesús:

    "Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos." Amén.






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