Nuestra Fe | P. Ciprián Hilario, msc
Centinelas
de Fraternidad
Queridos
hermanos y hermanas:
Estamos
llamados a ser centinelas de fraternidad. Un centinela es aquella persona
que permanece atenta, que vigila, que cuida y que advierte cuando existe algún
peligro. No vigila para condenar ni para señalar con el dedo, sino para
proteger la vida y el bienestar de los demás.
En nuestra sociedad necesitamos hombres y mujeres que sean centinelas de la fraternidad: personas capaces de mirar más allá de sus propios intereses, de preocuparse por el hermano, de tender la mano al que está caÃdo y de buscar la reconciliación cuando aparecen los conflictos.
La Palabra de Dios de hoy nos invita precisamente a asumir esta responsabilidad. Ser cristiano no significa vivir aislado; significa reconocer que la vida del otro también me importa.
1. El
centinela está atento a su hermano
El primer
texto que ilumina nuestra reflexión lo encontramos en el profeta Ezequiel: “A
ti, hijo de hombre, te he puesto como centinela de la casa de Israel.”
(Ezequiel 33,7)
Dios
coloca al profeta como centinela porque quiere que su pueblo no camine hacia el
peligro sin recibir una advertencia.
Esto
también tiene una aplicación para nosotros. En la
familia, en la comunidad, en la parroquia y en la sociedad, Dios nos pide que
estemos atentos unos a otros.
Ser
centinela de fraternidad significa preguntarnos: ¿Cómo
está mi hermano? ¿Cómo está mi vecino? ¿Cómo está mi familia? ¿Hay alguien que
necesita que yo me acerque?
A veces
sabemos que una persona está viviendo una situación difÃcil y preferimos mirar
hacia otro lado. Sabemos que alguien está alejándose de Dios, pero no nos
importa. Vemos una familia dividida y decimos: “Ese es su problema”.
La
Palabra de Dios nos recuerda que no podemos ser indiferentes ante el
sufrimiento del hermano.
Pero hay
que tener mucho cuidado: ser centinela no significa
convertirse en juez de los demás. El verdadero centinela no humilla, no difama,
no destruye la reputación del otro. El verdadero centinela corrige con amor,
habla con respeto y busca salvar, no condenar.
2. La
corrección fraterna es un acto de amor
El
Evangelio de san Mateo nos presenta el camino de la corrección fraterna. Jesús
dice: “Si tu hermano peca, ve y repréndelo a solas entre los dos.” (Mateo
18,15)
AquÃ
encontramos el segundo texto bÃblico que puede ayudarnos a vivir como
centinelas de fraternidad.
Jesús no
dice: “Habla de tu hermano con los demás”. No dice:
“PublÃcalo para que todos sepan”. No dice: “Destrúyelo con tus
palabras”. Dice: “Ve y repréndelo a solas”. ¡Qué enseñanza tan grande
para nuestras relaciones humanas!
Cuando
existe un problema entre nosotros, muchas veces hacemos exactamente lo
contrario: hablamos con todo el mundo menos con la persona involucrada.
Contamos nuestra versión, buscamos aliados, aumentamos el conflicto y
terminamos convirtiendo un pequeño problema en una gran división.
Jesús nos
enseña otro camino: hablar directamente, con humildad, caridad y deseo de
reconciliación.
La
corrección fraterna solamente tiene sentido cuando nace del amor.
Si corrijo a una persona porque quiero demostrar que soy mejor que ella, no
estoy actuando como centinela. Si corrijo para humillarla, tampoco. Si corrijo
para vengarme, estoy destruyendo la fraternidad. El centinela cristiano dice la
verdad, pero la dice con amor.
3.
Cuidar la fraternidad es cuidar la comunidad
Una
familia puede tener dificultades. Una parroquia puede tener problemas. Una
comunidad puede experimentar diferencias. Esto es parte de la condición humana.
Lo importante es saber cómo enfrentamos nuestras diferencias.
La
fraternidad no significa que todos pensemos igual. Significa que, aunque
pensemos diferente, seguimos reconociendo al otro como hermano.
San Pablo
nos recuerda que: “El que ama a su prójimo ha cumplido la ley.” (Romanos
13,8). El amor es el corazón de toda la vida cristiana.
Por eso,
antes de preguntarnos si tenemos razón, deberÃamos preguntarnos: ¿Estoy
actuando con amor? ¿Mis palabras construyen o destruyen? ¿Estoy ayudando a
solucionar el problema o lo estoy haciendo más grande?
Hay
palabras que levantan y palabras que destruyen. Hay gestos que acercan y gestos
que separan. Hay actitudes que sanan y otras que abren heridas.
Ser
centinelas de fraternidad significa elegir siempre aquello que construye la
comunión.
4. No
seamos centinelas del chisme, sino del amor
Uno de
los grandes peligros de nuestras comunidades es el chisme. El chisme rompe
familias, destruye amistades, divide comunidades y muchas veces hace sufrir
profundamente a personas inocentes. El chisme no corrige; destruye.
El
centinela cristiano no se dedica a descubrir defectos para comentarlos. Se
dedica a descubrir necesidades para ayudar.
Cuando
tengamos una dificultad con alguien, vayamos primero a esa persona. Hablemos.
Escuchemos. Tratemos de comprender. Y si no podemos resolverlo solos, busquemos
ayuda con personas prudentes y responsables.
La
fraternidad necesita hombres y mujeres que sepan guardar silencio cuando el
silencio protege al hermano, pero que sepan también hablar cuando hablar puede
ayudar a salvar una relación.
5. La
oración también construye fraternidad
Jesús
termina el Evangelio recordándonos la fuerza de la comunidad reunida en su
nombre: “Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allà estoy yo en
medio de ellos.” Esto significa que Cristo debe estar en el centro de
nuestras relaciones.
Cuando
Cristo está en el centro, podemos perdonar. Cuando Cristo está en el centro,
podemos pedir perdón. Cuando Cristo está en el centro, podemos reconocer
nuestros errores y comenzar de nuevo.
Por eso,
un buen centinela de fraternidad no solamente habla con el hermano: también
habla con Dios sobre el hermano.
Antes de
corregir, debemos orar. Antes de juzgar, debemos mirar nuestro propio corazón.
Antes de señalar el pecado del otro, debemos preguntarnos qué necesita ser
cambiado en nosotros.
6. Ser
centinelas en la familia y en la parroquia
Hoy
necesitamos centinelas de fraternidad especialmente en nuestras familias.
Padres
que estén atentos a sus hijos. Hijos que se preocupen por sus padres. Esposos
que sepan escucharse. Hermanos que sepan perdonarse. Abuelos que transmitan la
fe y los valores a las nuevas generaciones.
También
necesitamos centinelas en nuestras parroquias: personas que no busquen
protagonismo, sino servicio; que no alimenten divisiones, sino unidad; que no
busquen culpables, sino soluciones.
La
parroquia debe ser una casa donde el que llega pueda sentirse recibido,
escuchado y amado.
7. Una
fraternidad que se hace vida
Queridos
hermanos y hermanas, ser centinelas de fraternidad es una misión que
comienza con pequeñas cosas.
-
Comienza cuando dejamos de hablar
mal del otro.
-
Comienza cuando somos capaces de
pedir perdón.
-
Comienza cuando visitamos al
enfermo.
-
Comienza cuando ayudamos al
necesitado.
-
Comienza cuando escuchamos al que
está triste.
-
Comienza cuando corregimos sin
humillar.
-
Comienza cuando perdonamos de
corazón.
Comienza
cuando dejamos de preguntarnos solamente “¿qué puedo recibir?” y empezamos a
preguntarnos “¿qué puedo hacer por mi hermano?”
El mundo
necesita cristianos que vigilen, pero que vigilen con amor; que anuncien la
verdad, pero con misericordia; que corrijan, pero sin destruir; que defiendan
la fraternidad y trabajen por la reconciliación.
Conclusión
Pidamos
al Señor que nos convierta en verdaderos centinelas de fraternidad.
-
Que nuestros ojos estén atentos
para descubrir al que sufre.
-
Que nuestros oÃdos estén abiertos
para escuchar al que necesita ser comprendido.
-
Que nuestros labios sepan hablar
palabras que construyan.
-
Que nuestras manos estén siempre
dispuestas a servir.
-
Y que nuestro corazón esté lleno
del amor de Cristo.
Que nunca
seamos indiferentes ante el dolor de nuestros hermanos. Que sepamos corregir
con amor, perdonar con generosidad y construir puentes donde otros levantan
muros.
Señor
Jesús, haznos centinelas de fraternidad: atentos, misericordiosos, prudentes y
comprometidos con la unidad. Que donde haya división, llevemos reconciliación;
donde haya tristeza, llevemos esperanza; donde haya odio, llevemos amor; y
donde haya indiferencia, llevemos la presencia de un hermano que sabe cuidar y
acompañar. Amén.


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