La Iglesia Hoy | Salvatore Cernuzio
El Papa: «La Iglesia debe
dar esperanza ante un mundo inquietante»
El Papa León
XIV recibe a los obispos de reciente nombramiento que participan en el curso de
formación en el Vaticano. En su discurso, asegura que «ningún obispo camina
solo» y exhorta a estar cerca del pueblo, amando a las personas y, en
particular, a los sacerdotes. El Pontífice se refiere después a este tiempo de
cambios y avances tecnológicos, y señala la Magnífica humanitas como referencia
para afrontar el gran desafío de preservar lo humano en la era de la
inteligencia artificial (IA).
«Ningún obispo
camina solo». Y ningún obispo debe dejar solo a su pueblo, sino conocer sus
alegrías, dolores y sueños, manteniendo «un corazón abierto a todos» —también a
los cristianos de otras confesiones y a los creyentes de otras religiones— y
anunciando el Evangelio en esta época, en algunos momentos «inquietante», de
rápidos cambios y desarrollo de la inteligencia artificial.
El Papa ha
hablado ante 147 obispos procedentes de los cinco continentes. Son los prelados
nombrados durante el último año que participan en el curso anual de formación
en el Vaticano, un espacio destinado a favorecer el diálogo, ofrecer
orientaciones y fomentar el conocimiento mutuo entre quienes proceden de los
contextos eclesiales, culturales y sociales más diversos. En esta edición han
participado 98 obispos inscritos en el programa propuesto por el Dicasterio
para los Obispos y 49 en el del Dicasterio para la Evangelización.
"Obispos,
servidores de la comunión en la Iglesia y en el mundo de hoy" ha sido el tema de este mini
máster dirigido a los nuevos obispos, que comenzó el 2 de septiembre y concluyó
esta mañana, jueves 10, con la audiencia del Papa León XIV en el Aula del
Sínodo.
El Pontífice
inició el encuentro pidiendo «una oración por el eterno descanso» del padre del
cardenal Louis Antonio Tagle, pro-prefecto del Dicasterio para la
Evangelización, fallecido hace algunos días.
«Ningún obispo camina solo»
León XIV
comienza su discurso manifestándose «sinceramente contento» por la «singular
experiencia de fraternidad» vivida por los prelados durante estos días: juntos
han «escuchado, rezado y celebrado la Eucaristía». Todo ello ayuda a recordar
«algo muy sencillo y valioso: ningún obispo camina solo», afirma el
Papa.
"Estáis
en mi oración, y con vosotros vuestras Iglesias: los sacerdotes, los diáconos,
los consagrados y las consagradas, los seminaristas, las familias, los jóvenes,
los ancianos, los pobres, cuantos sufren y cuantos todavía esperan encontrar la
alegría del Evangelio. Todos deben encontrar un lugar en el corazón del Obispo,
porque todos tienen ya un lugar en el corazón de Cristo".
El desafío de proteger lo humano en la era de la IA
A partir de
esta premisa, el Papa ofrece algunas indicaciones concretas a los nuevos
obispos para su ministerio, especialmente en esta «época de cambios rápidos»,
en la que «los avances de las tecnologías de la comunicación y de la
inteligencia artificial han abierto posibilidades que, hasta hace pocos años,
ni siquiera habríamos imaginado». Oportunidades y nuevos escenarios que «ciertamente
no pueden liberar a la humanidad del pecado y de sus consecuencias: así lo
demuestran trágicamente las crisis que está atravesando», subraya León XIV.
En este
complejo escenario y, en ciertos aspectos, «inquietante», la Iglesia «celebró
el año pasado el Jubileo de la esperanza». «¿Quizá porque vive fuera del
mundo?», interpela el Pontífice. «Al contrario, porque es enviada por Cristo
muerto y resucitado a anunciar a todos el Evangelio de la salvación. Y
nosotros, los obispos, somos los primeros destinatarios de este mandato».
A ellos les
propone la encíclica Magnifica humanitas como referencia para
ofrecer «una visión y un método para afrontar el gran desafío de proteger lo
humano en la era de la inteligencia artificial».
"Os animo
a promover en vuestras diócesis espacios de reflexión y diálogo, para formar y
apoyar a cuantos quieran comprometerse al servicio de la civilización del
amor".
El ministerio nace de la cercanía a Jesús
El primer
mandato que el Papa ofrece a los prelados es «permanecer con Jesús». Es lo más
importante, afirma el Pontífice, porque «somos obispos», pero ante todo
«discípulos». Y para hablar de Cristo, «necesitamos estar con Él»; «para guiar
a su pueblo, debemos dejarnos guiar cada día por Él».
"Por eso,
tened siempre en el corazón vuestro tiempo con el Señor: la Eucaristía, la
Palabra de Dios, la oración y esos momentos en los que podéis estar en su
presencia con el corazón sencillo del discípulo que se deja amar por su
Señor".
El ministerio
«nace de ahí» y, de este modo, «el servicio se vuelve más sereno, más libre y
más fecundo».
Amar al propio pueblo
Un segundo
aspecto que el Papa León destaca es la necesidad de tener un corazón
«totalmente entregado a los hermanos». Entregado a los sacerdotes y diáconos
que ordenarán, a los jóvenes, siempre «llenos de entusiasmo», a los religiosos
y religiosas, misioneros, catequistas y familias, testigos de una «generosidad
silenciosa». «El obispo —afirma— es un hombre que aprende cada día a amar más a
su pueblo: a conocer las alegrías y los dolores de su gente, a compartir sus
sueños, a alegrarse al ver crecer las comunidades».
"Amad a
la gente que el Señor os ha confiado. Aprended sus nombres, escuchad sus
historias, entrad, cuando podáis, en sus casas, rezad con ellos".
Es importante,
por tanto, especialmente en las Iglesias jóvenes, la «presencia»: «Dice
muchísimo, incluso antes que sus palabras». «Una visita, una bendición, el
tiempo dedicado a un sacerdote, escuchar a una familia, dialogar con un joven:
son pequeños gestos, pero pueden permanecer en el corazón de una persona
durante toda la vida», asegura el Papa León.
Que los sacerdotes encuentren en el obispo un padre y
un hermano
En esta misma
línea, exhorta a la «solicitud pastoral», que «no significa simplemente tener
muchas responsabilidades», sino mostrar una verdadera «paternidad episcopal»,
«tener un corazón grande, lo suficientemente grande como para hacer espacio a
todos». León cita, en este sentido, al Papa Francisco, quien recordaba que «la
cercanía es uno de los rasgos de Dios con su pueblo». «¡Palabras preciosas para
nosotros!», afirma el Papa Prevost: «¡Que la gente pueda sentir, a través de
nuestra presencia, algo de la ternura y la paternidad de Dios! Y esto vale de
manera especial para los sacerdotes».
Sobre este
punto, el Pontífice recomienda «amar» a los propios sacerdotes, para que puedan
encontrar en el obispo «un padre y un hermano».
"Escuchadlos,
animadlos, rezad por ellos, alegraos por el bien que hacen y acompañadlos con
confianza en su ministerio. Prestad una atención especial a los sacerdotes
ancianos y enfermos. Hacedles sentir que son valiosos, que la Iglesia les está
agradecida y que el obispo no los olvida. A veces basta una llamada telefónica,
una visita, una palabra afectuosa de vuestra parte".
Un corazón misionero abierto a todos
A partir de
aquí, dirige una palabra a los pastores de las Iglesias más «jóvenes»:
«Conocéis la belleza y también el esfuerzo de la misión, de una Iglesia que
quizá posee poco, pero que es rica en una gran fe. Por eso os invito a
conservar un corazón misionero», exhorta el Papa.
«El obispo
misionero tiene un corazón abierto a todos: no solo a quienes frecuentan
nuestras parroquias, sino también a los cristianos de otras confesiones, a los
creyentes de otras religiones, a las personas que no profesan una fe, a todos
los hombres y mujeres de buena voluntad. Escucha y respeta a todos, se acerca a
todos y sabe reconocer el bien presente en el corazón de cada persona».
"Caminemos
con nuestro pueblo: recemos con ellos, escuchemos con ellos la Palabra,
celebremos con ellos la Eucaristía. Busquemos con ellos cada día el rostro del
Señor".


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