Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc
Signos de Misericordia
(Jueves
10 de septiembre 2026. Vigésima tercera semana tiempo ordinario, lecturas:
1Corintios 8,1-7.11-13. Salmo 138. San Lucas 6,27-38)
Queridos
hermanos y hermanas:
La
Palabra de Dios que hoy escuchamos nos invita a descubrir que la misericordia
no es solamente un sentimiento bonito, sino una manera concreta de vivir y
relacionarnos con los demás. Ser misericordiosos significa aprender a mirar al
otro con los ojos de Dios, comprender sus debilidades, perdonar sus faltas y
buscar siempre su bien.
Las
lecturas de hoy nos presentan un camino muy concreto: conocer a Dios, reconocer
que Él conoce nuestro corazón y aprender a amar incluso cuando nos cuesta.
1.
1 Corintios 8,1-7.11-13: «El conocimiento engrÃe; el amor edifica» San Pablo
nos presenta una enseñanza muy importante: podemos tener muchos conocimientos,
pero si ese conocimiento no está acompañado por el amor, puede convertirse en
motivo de orgullo y división.
Dice
el apóstol: «El conocimiento engrÃe, mientras que el amor edifica».
AquÃ
encontramos el primer signo de misericordia: poner el amor por encima
de nuestro propio criterio.
No
siempre tenemos que demostrar que tenemos la razón. No siempre tenemos que
imponer nuestra manera de pensar. A veces, por defender algo que creemos
correcto, podemos herir a una persona.
San
Pablo nos enseña a tener consideración por la conciencia y la debilidad del
hermano. La libertad cristiana no consiste en hacer simplemente lo que
queremos, sino en preguntarnos: ¿mi manera de actuar ayuda o perjudica al otro?
Para
nuestra vida:
-
No utilizar nuestros conocimientos para humillar a
los demás.
-
No imponer siempre nuestra opinión.
-
Tener paciencia con quien piensa o actúa de manera
diferente.
-
Preguntarnos si nuestras palabras ayudan a
construir o destruyen.
Renunciar
incluso a algo legÃtimo cuando hacerlo evita que otra persona se escandalice o
se aleje de Dios.
La
misericordia comienza cuando dejamos de pensar solamente en nosotros y
comenzamos a pensar también en el hermano.
2.
Salmo 138: «Señor, tú me sondeas y me conoces» El salmista nos
recuerda que Dios conoce profundamente nuestro corazón: conoce nuestros
pensamientos, nuestras palabras, nuestras preocupaciones y hasta aquello que
nosotros mismos tratamos de esconder. Dios nos conoce y, a pesar de conocernos,
nos ama.
Este
es un gran signo de misericordia. Dios no nos ama porque seamos perfectos. Nos
ama con nuestras limitaciones, nuestras caÃdas y nuestras debilidades.
Si
Dios tiene misericordia de nosotros, también nosotros estamos llamados a tener
misericordia de los demás.
A
veces conocemos un defecto de una persona y rápidamente la juzgamos. Pero
debemos recordar: Dios conoce toda la historia de esa persona; nosotros
solamente conocemos una parte.
Para
nuestra vida:
-
Antes de juzgar, tratemos de comprender.
-
Antes de condenar, recordemos nuestras propias
debilidades.
-
Antes de hablar de alguien, preguntémonos si nos
gustarÃa que hablaran asà de nosotros.
-
Pongamos nuestras heridas y preocupaciones delante
de Dios.
-
Dejemos que Dios transforme nuestro corazón.
El
que experimenta la misericordia de Dios aprende también a ser misericordioso.
3.
San Lucas 6,27-38: «Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que
los odian» Llegamos al corazón del mensaje de hoy. Jesús nos propone un
camino que humanamente parece muy difÃcil: «Amen a sus enemigos, hagan el bien
a los que los odian, bendigan a los que los maldicen, oren por los que los
injurian».
Jesús
no nos está diciendo que aprobemos el mal ni que permitamos que otros nos hagan
daño. Nos está enseñando a no responder al mal con más mal.
El
cristiano no puede vivir dominado por el odio, el rencor o el deseo de
venganza.
Por
eso Jesús añade: «Al que te pegue en una mejilla, preséntale la
otra; al que te quite la capa, déjale también la túnica».
Y
nos da una regla sencilla y profunda: «Traten a los demás como
quieren que ellos los traten».
AquÃ
encontramos varios signos concretos de misericordia:
Primer
signo:
Perdonar. Perdonar no significa decir que lo que nos hicieron estuvo
bien. Significa no permitir que el resentimiento gobierne nuestro corazón.
Segundo
signo:
Orar por quien nos ha hecho daño. Cuando oramos por una persona que nos
ha herido, comenzamos a liberarnos del odio y ponemos esa situación en las
manos de Dios.
Tercer
signo:
Hacer el bien sin esperar recompensa. Es fácil hacer el bien a quien nos
quiere. Jesús nos invita a hacer el bien también a quien no nos corresponde.
Cuarto
signo:
No devolver mal por mal. Una ofensa no se soluciona con otra
ofensa. Un insulto no se cura con otro insulto. El mal solamente comienza a
detenerse cuando alguien decide no continuarlo.
Quinto
signo:
Ser generosos. Jesús dice: «Den, y se les dará». La misericordia tiene
manos abiertas. El egoÃsmo siempre pregunta: «¿Qué voy a recibir?». El amor
pregunta: «¿Qué puedo ofrecer?».
Sexto
signo:
No juzgar precipitadamente. Jesús dice: «No juzguen y no serán juzgados;
no condenen y no serán condenados».
¡Cuántas
veces juzgamos a una persona por un error, por un comentario, por una actitud o
por una etapa difÃcil de su vida! Pero Dios nos pide que aprendamos a mirar con
misericordia.
4.
«Sean misericordiosos como su Padre es misericordioso»
Esta
es la frase que puede acompañarnos durante todo el dÃa: «Sean misericordiosos
como su Padre es misericordioso».
No
dice Jesús: «Sean misericordiosos solamente con los buenos». Tampoco dice:
«Sean misericordiosos cuando no les cueste». Dice simplemente: «Sean
misericordiosos». La medida de nuestra misericordia es el mismo corazón del
Padre.
En
nuestra familia necesitamos misericordia. En el matrimonio
necesitamos misericordia. Entre padres e hijos necesitamos misericordia. En la
comunidad cristiana necesitamos misericordia. En nuestros trabajos y relaciones
necesitamos misericordia.
A
veces una palabra amable puede sanar una herida. Una disculpa puede restaurar
una relación. Un perdón puede devolver la paz a una familia. Una visita puede
aliviar la soledad de una persona. Una ayuda concreta puede devolver esperanza
a alguien que está pasando necesidad.
Por
eso, hermanos y hermanas, la misericordia no se queda en palabras: se convierte
en gestos.
5.
¿Qué podemos llevar hoy a nuestra vida?
-
Que el conocimiento sin amor puede dividir, pero
el amor siempre construye.
-
Que Dios conoce nuestras debilidades y, aun asÃ,
nos ama.
-
Que no debemos juzgar a los demás solamente por lo
que vemos.
-
Que debemos aprender a perdonar, incluso cuando
cuesta.
-
Que debemos orar por quienes nos han hecho daño.
-
Que no debemos responder al mal con más mal.
-
Que debemos hacer el bien sin buscar siempre una
recompensa.
-
Que nuestras palabras deben servir para sanar y no
para herir.
-
Que la misericordia comienza en la familia y se
extiende a toda la comunidad.
-
Que nuestra vida debe reflejar el rostro
misericordioso de Dios.
Queridos
hermanos y hermanas:
Hoy
Jesús nos invita a revisar nuestro corazón. Quizás llevamos alguna herida,
algún resentimiento o alguna persona a quien nos cuesta perdonar. Presentemos
todo eso delante del Señor.
Pidámosle
la gracia de tener un corazón grande, capaz de comprender, perdonar y amar.
Que
cuando las personas se encuentren con nosotros puedan descubrir algo de la
misericordia de Dios.
Que
nuestras manos sean manos que ayudan, nuestros labios palabras que consuelan,
nuestros ojos mirados que comprenden y nuestro corazón un lugar donde el otro
pueda encontrar misericordia.
Que
MarÃa SantÃsima, Madre de misericordia, nos enseñe a vivir como verdaderos
discÃpulos de su Hijo. Amén.


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